Los científicos saben más que nunca sobre el cambio climático. Entonces, ¿por qué el mundo no avanza más rápido para deshacerse de él?
Ésa fue la pregunta central de una mesa redonda que organicé recientemente en la Universidad de Concordia, y las respuestas fueron más prácticas y urgentes de lo que muchos de los asistentes esperaban.
El 10 de marzo se llevó a cabo una sesión titulada “Comunicación de la investigación climática a las políticas y al público” en la que participaron el profesor de Concordia Damon Matthews, el concejal de la ciudad de Montreal Peter McQueen y Dominique Paquin, supervisor de análisis y simulación climática de la organización de investigación climática Ouranos.
Su diagnóstico común: el problema no es la falta de datos. Lo que resuena es la imposibilidad de traducir esos datos en un mensaje.
Como señaló Paquin:
“Tenemos enormes cantidades de información sobre estrategias de resiliencia climática. El desafío es que esta información rara vez llega a las salas donde realmente se toman las decisiones”.
Durante la sesión, los participantes se dividieron en grupos mixtos y se les entregó un informe climático. Su tarea: comunicarlo a tres audiencias muy diferentes: los formuladores de políticas, el público en general y aquellos que trabajan en entornos operativos o aplicados. Los resultados fueron reveladores.
Deja claro el resumen
Comunicando la investigación climática a la mesa redonda pública y de políticas en la Universidad de Concordia el 10 de marzo. (Snigdhodeb Dutta)
McQueen dijo:
“Comunicar eficazmente sobre el clima no se trata de simplificar la ciencia, sino de comprender con quién estás hablando y qué es lo que realmente les importa”.
En ninguna parte esto fue más evidente que en el ejemplo de la pista de hielo que provocó una respuesta audible en la sala. Decirle a alguien que la temperatura promedio global ha aumentado 1,2°C es diferente a decirle que el cambio climático ya está acortando la temporada de patinaje al aire libre en las ciudades canadienses.
Las investigaciones muestran que el aumento de las temperaturas invernales está reduciendo la viabilidad de las pistas al aire libre, y las proyecciones futuras para ciudades como Montreal, Toronto y Calgary apuntan a menos días fríos incluso en escenarios optimistas de bajas emisiones de carbono.
Al representar el cambio climático a través de ejemplos como este, lo abstracto se vuelve concreto, lo remoto se vuelve local y los datos se convierten en una pérdida que la gente puede imaginar.
Los panelistas argumentaron que hacer preguntas para audiencias diversas debería convertirse en una práctica estándar, no en una ocurrencia tardía. Para los responsables de la formulación de políticas, los grupos se centraron en discutir la viabilidad y la alineación de las regulaciones. Para el público, la resonancia emocional y lo que estaba en juego tuvieron prioridad.
Para la audiencia operativa (aquellos que trabajan en funciones aplicadas o técnicas, como planificadores urbanos, ingenieros y personal municipal), el enfoque se ha desplazado a la implementación y los costos.
Una propuesta que generó debate fue incorporar el contexto climático en la información digital cotidiana. Muchos de nosotros hoy tenemos teléfonos inteligentes que muestran el pronóstico del tiempo diario. En lugar de simplemente mostrar la temperatura y las condiciones actuales, los dispositivos también podrían mostrar cómo se comparan esas lecturas con las líneas de base preindustriales.
Pequeños cambios en el entorno de la información podrían cambiar la forma en que millones de personas experimentan el cambio climático con el tiempo.
Involucrar a las comunidades es fundamental
Sesión, ‘Comunicación de la investigación climática con las políticas y el público’ en la Universidad de Concordia.
Otra cuestión clave que surgió fueron las barreras estructurales que obstaculizan la comunicación eficaz. Incluso cuando los mensajes climáticos llegan, se topan con filtros algorítmicos, fragmentación de los medios y resistencia política.
Los participantes señalaron la fijación de precios del carbono y mecanismos de aplicación más estrictos como ejemplos de políticas que funcionan cuando el público las comprende y apoya. En otras palabras, comunicación y política no son desafíos separados. Cada uno depende del otro.
La sesión también rechazó el predominio de las narrativas climáticas globales verticales. Los participantes coincidieron en que el verdadero compromiso y acción climática ocurre a nivel comunitario a través de voces locales, iniciativas locales y movimientos juveniles que dan a las personas una sensación de compromiso, no de impotencia. Las plataformas de medios que amplifican estos esfuerzos, en lugar de sofocarlos, se consideran parte de la solución.
Involucrar a estudiantes y jóvenes, compartir éxitos a través de los medios locales y nacionales y crear iniciativas relevantes e interactivas puede ayudar a generar una mayor conciencia y motivar la participación en las comunidades.
La comunicación es parte del trabajo de investigación.
Los investigadores del clima no deberían tratar la comunicación como el último paso de la investigación y comenzar a verla como central para el trabajo mismo. No sólo deberían centrarse en compartir datos, sino también participar y entablar conversaciones reales con el público en general.
La ciencia está aquí. El desafío es hacerlo resonar. Desde los formuladores de políticas y los líderes comunitarios hasta los estudiantes y los ciudadanos, la acción climática depende de contar historias que influyan, aclaren roles e inspiren la acción.
Sólo cuando los datos abstractos se vuelven tangibles, ya sea a través de una pista de hielo que desaparece, un pantano seco o un arroyo que se desvanece, la urgencia del cambio climático realmente llega a casa. Y es este tipo de narración, basada tanto en evidencia como en experiencias vividas, la que en última instancia puede impulsar la acción que exige este momento.
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