Mirar fijamente el dispositivo móvil antes de dormir, sentir inquietud cuando se acaba la batería o consultar constantemente las notificaciones son habituales en la adolescencia. Estos comportamientos están normalizados en la vida cotidiana. Sin embargo, pueden causar molestias cuando el uso del móvil está fuera de control.
La vida de muchos adolescentes transcurre entre pantallas. Los adolescentes colombianos también se encuentran en este contexto. Diversos estudios realizados en el país han analizado su relación con el teléfono móvil, las redes sociales y otras pantallas, así como su impacto en el bienestar emocional.
Los resultados muestran un patrón claro. Coinciden con la tendencia internacional. La hiperconectividad forma parte de la vida cotidiana, pero no siempre va acompañada de las herramientas para gestionarla de forma saludable.
Recientemente investigamos la situación de niños y adolescentes en Colombia frente a la hiperconectividad y la vida digital. En este país el teléfono móvil está presente desde pequeños, pero en la adolescencia el acceso es mayor: el 81% tiene teléfono propio (similar, por ejemplo, al 92,8% en España).
Sin embargo, existen diferencias en las condiciones sociales, económicas, políticas y educativas en las que se integra su uso. El análisis de la situación de Colombia es particularmente interesante porque está aún menos representada en las investigaciones internacionales sobre el bienestar digital de los adolescentes.
Nomofobia: cuando el móvil genera ansiedad
La nomofobia es el miedo extremo a no tener acceso a un teléfono móvil. Es el miedo el que crea ansiedad y cambia la vida cotidiana.
Algunos adolescentes se sienten incómodos cuando se les acaba la batería o la cobertura del móvil. Otros evitan situaciones en las que no pueden mirar sus dispositivos, como reuniones familiares, clases o actividades sociales.
En Colombia, este problema silencioso afecta a nueve de cada diez estudiantes y es más común entre las mujeres.
Más de la mitad de los adolescentes tienen niveles moderados de nomofobia, y uno de cada cinco alcanza niveles graves.
En estos casos, el teléfono móvil ya no es sólo una herramienta. Se convierte en un recurso central para regular el estado emocional. Esto refuerza la necesidad de promover un uso más responsable y abordar sus implicaciones psicológicas.
FoMO: miedo a perderse algo
El uso intensivo de las redes sociales está relacionado con otro fenómeno común en la adolescencia: el miedo a perderse algo (FoMO), o el miedo a perderse lo que otros están experimentando. Esto genera una preocupación constante.
Este miedo nos hace revisar repetidamente las redes. El objetivo es no perderse mensajes, eventos o noticias.
En los jóvenes colombianos, FoMO se asocia con mayor tiempo de conexión diaria y dificultades para limitar el uso de teléfonos móviles.
Los adolescentes con niveles elevados de FoMO muestran más malestar al no acceder a las redes. También tienen una mayor dependencia de la interacción digital.
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‘Infoxia’ y ‘scrolling’ infinito
Las plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención durante largos períodos de tiempo. El desplazamiento infinito permite consumir contenidos sin un final claro, lo que dificulta a los adolescentes regular el tiempo de uso.
En Colombia, la hiperconectividad se intensificó después de la pandemia. El acceso constante a la información y el uso continuo de las redes sociales se han convertido en una fuente común de “infoxia”. Afecta a casi tres de cada cuatro adolescentes.
En muchos casos, el tiempo de conexión supera las nueve horas diarias. Este uso prolongado provoca saciedad, fatiga mental y dificultad para concentrarse. También dificulta distinguir la información verdadera de la información falsa. Esto afecta el bienestar psicológico.
Redes sociales, autoimagen y autoestima
Las redes sociales no sólo conectan a los adolescentes con sus pares. También fomentan la comparación social. La exposición a fotografías retocadas y vidas idealizadas crea presión e inseguridad.
En Colombia, la evidencia no permite confirmar que un mayor uso de las redes sociales baje automáticamente la autoestima. Algunos estudios no encuentran ningún vínculo directo con la autoimagen negativa.
Por otro lado, otros trabajos sugieren que los patrones de uso asociados a la comparación corporal y la búsqueda de validación aumentan la vulnerabilidad en algunos jóvenes.
Cuando la agresión también ocurre en línea
La hiperconectividad facilita las ciberagresiones como los insultos, la humillación o la exclusión digital. A diferencia del acoso tradicional, este contenido se difunde rápidamente. Perduran en el tiempo y llegan a un público más amplio.
En Colombia, casi dos de cada diez adolescentes reconocen haber sufrido o cometido algún tipo de agresión online.
Este fenómeno preocupa especialmente al profesorado, que destaca la alta presencia de casos en los centros educativos y las dificultades para su resolución efectiva.
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Desafíos emergentes
La evidencia colombiana muestra que muchos adolescentes enfrentan riesgos asociados al uso intensivo de la tecnología. Estos riesgos afectan al bienestar emocional, al descanso y a la concentración. Aunque el teléfono móvil forma parte de tu vida diaria, su uso no siempre implica estrategias saludables.
Junto a estos problemas, están surgiendo nuevas formas de consumo digital, como el speedwatching (ver vídeos o series a mayor velocidad para consumir más contenidos en menos tiempo) o una segunda pantalla (usar un teléfono móvil simultáneamente con otro dispositivo principal). Si bien estudios realizados en otros contextos indican efectos en la comprensión y procesamiento de la información, en Colombia aún no existe una investigación sistemática sobre su impacto en la adolescencia.
Identificar su frecuencia y efectos es un desafío aún no resuelto. En un entorno que invita a no parar nunca, saber terminar una relación se consolida como una habilidad clave para el bienestar emocional.
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