Agua de lastre: polizones peligrosos que viajan en barcos

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Cada día, miles de barcos cruzan los océanos cargados de mercancías, transportando contenedores, petróleo o cereales de una parte del mundo a otra. Aunque llevan un poco más que eso. En el agua de lastre de los barcos viven millones de microorganismos, necesarios para mantener la estabilidad durante la navegación.

Cada año, los barcos desplazan alrededor de 10 mil millones de toneladas de agua de lastre durante sus viajes. Tengamos en cuenta que más del 80% de las mercancías transportadas en el planeta se transportan por vía marítima. Este movimiento equivale a desplazar alrededor de 7.000 especies diferentes cada hora y provocar una invasión biológica cada nueve semanas, según estimaciones de la Organización Marítima Internacional (OMI).

Recogida de muestras de plancton en el puerto de Algeciras. Iona Bilbao. Pasajeros no deseados

Recientemente, en una investigación conjunta entre la Universidad del País Vasco, Cádiz y la Politécnica de Valencia, abordamos este problema. Para conseguirlo, llevamos a cabo una serie de obras en tres principales puertos de España: Algeciras, Valencia y Bilbao. El estudio, que se enmarca en el proyecto ECOTRANSEAS, revela algunos puntos débiles de la normativa actual.

A partir de septiembre de 2024, la OMI exige que los barcos instalen sistemas de tratamiento para reducir la cantidad de organismos vivos que descargan en los puertos. Sin embargo, la norma conocida como ‘D-2’ cubre sólo dos categorías de tamaño: organismos de más de 50 micras y aquellos entre 10 y 50 micras. Todo lo que aparece a continuación, como el picoplancton y el nanoplancton, se ignora, excepto tres bacterias que indican contaminación fecal.

Los pequeños evitan los filtros

Sin embargo, hemos notado que la mayor parte del fitoplancton presente en el agua de estos puertos es menor que lo previsto en estas normas. Los datos son definitivos: en Algeciras, aquellos organismos menores de 10 micras representan de media el 86% de la biomasa total del fitoplancton; en Bilbao, el 78%; y en Valencia el 96%.

La paradoja es que, a pesar de su dominio absoluto y potencial influencia, este grupo no está regulado por normas internacionales que controlen el vertido de agua de lastre. La razón podría ser la dificultad de estudiar organismos de un tamaño tan pequeño, pero esto no debería ser un obstáculo para su inclusión en el reglamento.

La ciencia al servicio de la bioseguridad marina

Nuestra investigación revela que entre organismos de menos de 10 micras hay especies capaces de producir toxinas, formar proliferaciones nocivas o sobrevivir en las condiciones extremas del interior de los tanques de los barcos. Una vez liberados en nuevos ecosistemas, pueden propagarse rápidamente y tener impactos devastadores en la biodiversidad, la pesca y la salud humana. Para realizar este estudio, combinamos tres metodologías: microscopía óptica, análisis de pigmentos HPLC y secuenciación genética mediante metabarcódigo de ADNe. Esta estrategia de múltiples métodos permitió revelar tanto la abundancia como la diversidad de las especies presentes, incluidas muchas que no habrían sido detectadas con las técnicas convencionales.

Así, también descubrimos la presencia constante de 55 especies de microalgas nocivas en los tres puertos, que pueden provocar desde la mortalidad masiva de peces hasta la intoxicación por mariscos: afectan directamente a la salud pública y al sector pesquero. De ellos, 36 son productores de toxinas y 19 tienen capacidad de generar grandes proliferaciones que alteran los ecosistemas. Algunas, como las pertenecientes a los géneros Alexandrium o Pseudo-nitzschia, son viejas conocidas de los observadores de la marea roja en distintas partes del mundo.

Urgen controles más rigurosos

El estudio propone una revisión de la normativa, con la inclusión de una categoría regulatoria especial para organismos menores de 10 micras.

Por otro lado, exigimos unos límites para los tipos de algas nocivas, independientemente de su tamaño, del mismo modo que ya se ha hecho con bacterias como Escherichia coli o Vibrio cholerae. Dar más importancia a las especies que ya están causando problemas en las regiones donde se encuentran es un aspecto que hay que tener en cuenta.

Además, otra debilidad del sistema existente son las pruebas de certificación de los equipos de tratamiento de agua de lastre, que se realizan en condiciones de laboratorio alejadas de la realidad. En la mayoría de los puertos, las concentraciones de fitoplancton son mucho más bajas que las utilizadas en los ensayos, lo que crea una falsa sensación de seguridad sobre la eficacia del sistema.

En el contexto del cambio climático y el aumento del comercio marítimo, el riesgo de propagación de especies invasoras y algas nocivas a través del agua de lastre no hará más que aumentar. Por ello, es necesario adaptar la regulación internacional a la realidad científica actual y desarrollar herramientas de detección rápida que permitan actuar a tiempo.

Adaptación de un artículo publicado en la revista Campus de la Universidad del País Vasco (EHU).


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