Desde que el astronauta Eugene Cernan dejó la última huella humana en la luna el 14 de diciembre de 1972, ha estado tranquilo, alarmado sólo por la llegada oportuna de vehículos aéreos no tripulados. Hoy, sin embargo, estamos a pocos días del lanzamiento de Artemis II, actualmente programado (después de varios retrasos) para el 1 de abril. Esta nueva misión de la NASA enviará a un grupo de cuatro astronautas a la órbita de nuestro satélite natural por primera vez en más de medio siglo.
Más allá de la nostalgia que pueda provocar el regreso de los seres humanos a la Luna, y pese a su carácter experimental, Artemis II no es una misión más. Con él se inauguró una era sin precedentes: una era de convivencia entre humanos y robots en los entornos más hostiles de nuestro sistema solar.
El cohete Artemis II SLS (Space Launch System) de la NASA y la nave espacial Orion, en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, el domingo 1 de febrero de 2026. NASA/Ben Smegelski En busca de un nuevo récord
Dirigido por el comandante Reid Wisement, el piloto Victor Glover y los especialistas de misión Kirstin Koch y Jeremy Hansen, Artemis II realizará una trayectoria de regreso libre desde la Luna a bordo de la cápsula espacial Orion. Aunque no habrá alunizaje, la tripulación viajará más allá de la cara oculta de la Luna, en un viaje de ida y vuelta de 10 días.

La cápsula Orion de la misión Artemis II. NASA/Flickr, CC BI-NC-ND
Durante este tiempo, se llevarán a cabo comprobaciones clave de los sistemas de soporte vital, la navegación autónoma y la gestión de recursos, poniendo a prueba a Orion en un entorno típico del espacio profundo. Se espera que Artemis II rompa un nuevo récord: la misión que llevó a los humanos más lejos en la historia, superando los 400.171 kilómetros del Apolo 13.
Aunque igualmente motivado por la amenaza de agentes externos, el programa Artemis, a diferencia de las misiones Apolo, nació con un llamado a la permanencia. Si se materializa, la hoja de ruta presentada por este y otros programas centrales de la NASA, como los servicios comerciales de carga lunar, será parte de uno de los experimentos más ambiciosos jamás emprendidos para probar si somos capaces de habitar de manera sostenible más allá de la órbita terrestre baja.
Y también la lira: el retraso en el lanzamiento de Artemis es el último de los muchos retrasos de la NASA por motivos de seguridad

Resumen de la misión Artemis II. NASA Primeros pasos hacia una base lunar
Desde que el escritor polaco de ciencia ficción Jerzy Zuławski publicó su Trilogía Lunar a principios del siglo XX, siguiendo las sugerencias de los científicos y escritores Arthur K. Clark (autor de 2001: Odisea en el espacio) y Wernher von Braun, fantaseamos con la idea de establecer una presencia casi permanente en la Tierra en el planeta. El verdadero salto cualitativo de Artemis II es que dará los primeros pasos para conseguirlo: establecerá los primeros protocolos para la presencia humana continua, empezando por las operaciones en órbita.
Aquellos de nosotros que llevamos algún tiempo observando los diversos planes de exploración espacial, minería de asteroides o fabricación a gran escala en órbita sabemos que muchas de las hojas de ruta son más aspiracionales que realistas. Aún así mantenemos la ilusión casi infantil de que Artemis no es un programa más destinado (únicamente) a plantar bandera.
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Robots: la clave de esta nueva era del espacio
Para tener esa base sostenible y permanente a casi 400.000 kilómetros de la Tierra, los humanos tendremos que depender de robots e inteligencia artificial para manejar todas aquellas tareas que serían ineficaces o extremadamente peligrosas para los humanos.
Con Artemis II y, lo que es más importante, las misiones posteriores, pasamos a un modelo de cooperación estrecha, en el que humanos y máquinas comparten responsabilidades clave. En muchos casos, los robots tendrán que actuar como extensiones del cuerpo y la mente del astronauta.
Se trata de robots capaces de excavar, transportar y transformar el regolito lunar, así como de construir y mantener infraestructuras vitales. Veremos flotas de vehículos autónomos explorar los cráteres permanentemente sombreados de los polos lunares en busca de compuestos volátiles y otros recursos, operando de forma independiente durante semanas seguidas.
Los robots ya no serán sólo investigadores científicos, sino que se convertirán en operadores y colaboradores. La luna se convierte así en un centro de pruebas para una logística autónoma a gran escala.

El astronauta Joe Hayes despliega el panel solar del rover lunar Eagle de Lunar Outpost, diseñado para el programa Artemis, durante las pruebas en el Centro Espacial Johnson de la NASA. NASA/Robert Markovitz, CC BI-SA Laboratorio espacial para aplicaciones terrestres
Pero quizás el impacto más profundo de esta alianza no se producirá en la Luna, sino en la Tierra. La automatización y la robótica ya forman parte de muchas tareas cotidianas, pero el programa Artemis llevará esta convivencia a un nivel de exigencia y dependencia sin precedentes. Si podemos lograr que humanos y robots trabajen juntos para arreglar un sistema de generación de energía en la oscuridad lunar o desplegar flotas de robots en una misión de rescate, habremos perfeccionado tecnologías que tienen aplicaciones directas e inmediatas en la Tierra y que son cada vez más necesarias.
Este aprendizaje acelerará la integración de los robots en entornos terrestres complejos: desde operaciones de rescate tras catástrofes naturales o conflictos armados hasta la gestión de infraestructuras críticas en entornos marinos, polares o desérticos. Además, las demandas del espacio (eficiencia extrema, larga autonomía, autodiagnóstico y capacidad de autocuración) impulsarán una robótica terrestre más sostenible y resiliente.
La Luna se ha descubierto así como un gran laboratorio natural para probar la cooperación entre humanos y robots que será esencial no sólo para la exploración espacial, sino también para el futuro de la Tierra, que depende cada vez más de sistemas autónomos capaces de operar en entornos complejos, remotos y hostiles. El futuro no se trata de humanos contra máquinas, ni de máquinas sin humanos, sino de una alianza que empezará a formarse con el lanzamiento de Artemis II, a miles de kilómetros de casa.
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