Ciencia 2025: seis siete o la situación digital

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Si no lo entiendes, es normal. Es un título codificado que sólo los adolescentes de la casa podrían descifrar, si no fuera porque aquí os traigo un spoiler. “6 7” (seis siete) fue elegida como la palabra de 2025 por Dictionari.com, en feroz competencia con “rage bait” -la ganadora según el Cambridge English Dictionary- y “parasocial” -la elegida por el Oxford Dictionary-. Nos interesan mucho los tres, pero vamos por partes.

6 7 es aquello que no es nada y, al mismo tiempo, tiene el poder suficiente para servir de respuesta a todo. Sirve como un perfecto sustituto del “no sé”, “tal vez”, “y yo”, “quién sabe”, “me da igual”, “lo que quieras”, “pase lo que pase” o “qué hay de nuevo”, por ejemplo. Pertenece, como escriben los autores de este interesante artículo, a la “jerga de los cerebros”, es decir, “términos deliberadamente absurdos y sin sentido que están diseñados para ser remezclados sin cesar e incluso utilizados como elemento de burla o molestia hacia los adultos o los profesores”. Por cierto, “brainrot” significa “cerebro podrido” en inglés, así se mueve nuestro cerebro cuando sucumbimos a los adictivos algoritmos de Internet: dejamos de pensar, de ser, de saber… y nos convertimos en un trozo de carne con un dedo que se desplaza.

¿Y eso qué tiene que ver con el resumen para 2025? 6 7 es la cara que ponemos cuando descubrimos que todos esos superpoderes que promete la inteligencia artificial son, para nosotros, los ciudadanos de a pie, un jardín lleno de excrementos de vaca. Porque, más allá de su papel estelar en la automatización de la industria y la investigación, en su uso doméstico es algo que beneficia principalmente a las plataformas digitales que utilizamos -o que nos utilizan-.

Es hora de analizar los efectos secundarios.

Si 2024 se destacó como el año en el que todos, incluso el jurado del Nobel, quedaron deslumbrados por la maravillosa promesa que el aprendizaje automático podría contener para el avance de la humanidad, su hermano pequeño, 2025, es la venganza de la razón crítica.

Aprendimos que, analizando tan solo una fotografía nuestra, existen programas de inteligencia artificial que pueden crear un retrato robótico detallado de quiénes somos, incluso cuánto ganamos. No es que los algoritmos nos lean la mente, sino que están diseñados para satisfacer los intereses económicos de las plataformas que hay detrás de ellos.

Hay quienes definen la tecnología mediática moderna como “técnicas que nos sumergen en una realidad que está constantemente retocada, filtrada y cada vez más alejada de la experiencia directa. Günter Anders llamó “fantasmas” a esta fabricación de lo real que reemplaza a los vivos. Un riesgo que encaja en otra palabra del año, “parasocial”, entendido como aquel que finge contacto entre personas, pero que no es más que puro aislamiento: exactamente lo que hacen las redes sociales, cuando nos comunicamos con cientos de personas usando corazones pequeños… pero lo hacemos desde la inmensa soledad de nuestra pantalla rectangular. Y eso sin olvidar esos chatbots que se convierten en compañeros y confidentes, haciéndonos olvidar que son sólo programas de ordenador.

Otra cosa que debemos recordar es que, al ser pura estadística, la IA puede cometer errores y no es fácil saber quién pagaría por esos errores, grandes o pequeños. Todo indica que es hora de ajustar las regulaciones para prevenir los riesgos de la inteligencia artificial, verdaderos y en la práctica.

Unos y ceros sin emociones

Por otro lado, cuando hablamos con ChatGPT como si fuera una persona y, peor aún, reacciona de la misma manera que una persona, podemos caer en un bucle pantanoso. Y dotar de cualidades humanas a la tecnología no ayuda a entenderla, eso está claro. “La imaginación en torno a una tecnología determina cómo la entiende el público y, por tanto, orienta su uso, diseño e impacto social. Para empezar, la inteligencia artificial que tenemos hoy no siente ni sufre: “no es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadística”.

Los usuarios humanos tenemos emociones: descubrir cómo las plataformas digitales las explotan para engancharnos está detrás de otra de las palabras estrella de este año. “Cebo de ira” alude a eso, a cómo hacemos clic, compartimos o comentamos una publicación o noticia sólo porque activó nuestro botón de ira.

Pepito Grillo esencial

Los investigadores que escriben nuestros artículos nos ayudan a aclarar la confusión. Aprendimos, por ejemplo, que Alphafold, el programa de IA para predecir la estructura de proteínas que ganó el Premio Nobel de Química para sus creadores, no es de código abierto. No se trata de ciencia abierta, como nos dan a entender, sino de un producto que la empresa privada DeepMind (Google-Alphabet) permite utilizar a los científicos sin revelarles su interior ni modificarlo.

Otras voces denuncian que el lado oscuro de la tecnología está creando una nueva generación de trabajadores, neoesclavos digitales.

Científicos dedicados

No se trata de tristeza, sino sólo de conciencia de la multiplicidad de la realidad. El progreso tecnológico está bien, sí, estoy de acuerdo. Pero también debemos exponer su lado no tan amigable –o francamente oscuro–, esa otra cara de la moneda. Es necesario avanzar de forma limpia y ética… y que los tomadores de decisiones no tengan que sonrojarse a la hora de rendir cuentas a los ciudadanos.

Porque toda innovación debe ir acompañada de una evaluación de sus riesgos y de sus consecuencias no deseadas o no deseadas. “La ciencia no puede separarse de la sociedad, porque siempre está impregnada de valores, visiones del mundo y consecuencias prácticas”, subraya nuestro segundo autor. Hoy, más que nunca, necesitamos científicos dedicados para realizar estudios independientes y ayudar a los gobiernos a tomar medidas mejor informadas en beneficio de la gente.

La transición digital contamina

También dimos voz a interesantes estudios sobre los efectos secundarios de los avances informáticos: el impacto de la inteligencia artificial en el medio ambiente. Por ejemplo, las consultas ChatGPT consumen 1.000 MWh cada día en el mundo, hasta el punto de que Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon han firmado contratos para comprar energía de centrales nucleares, proporcionando un flujo de vatios para sus centros de datos. En este contexto, varios proyectos de investigación se basan en la fotónica y la nanotecnología para que la inteligencia artificial sostenible no siga siendo una utopía.

Al mismo tiempo, aprendimos que sólo una de cada diez baterías de litio (las que utilizamos en nuestros teléfonos inteligentes y portátiles) se reciclan, y que los científicos están luchando por encontrar una manera en que el binomio “transición verde” e “impacto de minerales críticos en el medio ambiente” (como el litio o el silicio) no creen disonancia cognitiva.

Otro aspecto poco comprendido del progreso son las toxinas que llegan al ser humano de muy diversas fuentes, incluidos juguetes con plomo, retardantes de llama y ftalatos, ropa con formaldehído y disruptores endocrinos, o esos microplásticos persistentes que podrían invadir el perfecto y hermoso ecosistema que late en la gota del océano. Pero es interesante no quejarse, sino buscar soluciones: ya existen tecnologías que permiten la descomposición del plástico con ayuda de bacterias o la creación de biomateriales verdaderamente biodegradables. Sólo necesitamos invertir en ellos e implementarlos.

La vida en qubits

En el resumen de este año no puede faltar la mención al entrelazamiento entre luz y materia, con esos maravillosos artículos que nos ayudan a entender quién mató al pobre gato de Schrödinger o cómo la física cuántica entra de lleno en nuestras vidas. Este tema fue protagonista del Premio Nobel de Física 2025, otorgado a experimentos pioneros que allanaron el camino a las computadoras cuánticas.

Forman parte de esos apasionantes misterios que nuestros autores se atreven a explicarnos, como el origen del primer supercylon observado en el cosmos, las claves de la vida encontradas en el asteroide Bennu o la materia oscura observada por primera vez. Porque el cielo siempre ha fascinado al ser humano y lo sigue haciendo. Si no, que les digan a todos los entusiastas del pensamiento sobre eclipses que se lo pasen genial el año que viene.

Seguiremos aquí, al fondo del cañón, intentando ofrecerte un rompecabezas fiel de la realidad científica y tecnológica para que puedas hacerte una idea más completa e informada del lugar que quieres ocupar en el mundo.


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