¿Comemos lo que decimos? Una gota de sangre podría revelar la verdad sobre nuestra alimentación

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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¿Y si una simple gota de sangre pudiera decirnos si estamos comiendo bien? Aunque muchas personas afirman seguir una dieta saludable, los métodos tradicionales para medir lo que comemos -como las encuestas o los diarios alimentarios- no siempre son fiables. Al fin y al cabo, es fácil olvidar lo que hemos comido o incluso tener percepciones erróneas sobre las cantidades consumidas.

Afortunadamente, ahora existen alternativas. En un estudio que realizamos en el Centro Tecnológico AZTI analizamos si una pequeña muestra de sangre extraída de un dedo (lo que se llama gota de sangre seca o DBS) puede reflejar con precisión lo que comemos, especialmente en lo que respecta al consumo de pescado graso, rico en grasas saludables omega-3.

El estudio incluyó a 18 participantes, hombres y mujeres de entre 18 y 65 años, sin enfermedad. En el transcurso de cinco semanas, 18 personas participaron en una intervención nutricional. Primero siguieron una dieta normal, luego evitaron el pescado y finalmente consumieron caballa enlatada varias veces por semana. En cada etapa, recolectamos muestras de sangre y analizamos los niveles de diferentes ácidos grasos.

La sangre capilar cae sobre una tarjeta de papel. De los cuestionarios al análisis objetivo

Los resultados fueron claros. Antes del inicio de la intervención, el perfil de ácidos grasos reveló diferentes patrones dietéticos entre los participantes.

Por un lado, aquellas personas que habitualmente consumían productos lácteos dulces, refrescos y azúcar tenían niveles más altos de grasas omega-6 y niveles más bajos de grasas omega-3. Esto es importante porque cuando el omega-6 está desequilibrado, aumenta el riesgo de morir. Por el contrario, quienes consumían pescados grasos, bebidas alcohólicas fermentadas, edulcorantes y frutos secos presentaban mayores niveles de grasas monoinsaturadas y omega-3.

Un tercer grupo con mayor consumo de verduras, cereales integrales, quesos y mantequilla tenía niveles medios de omega-3 y omega-6, y niveles más altos de grasas saturadas.

Pero, ¿cuánto tiempo tarda nuestro perfil de ácidos grasos en cambiar después de comer ciertos alimentos? Menos de lo que imaginamos. En experimentos, hemos visto que si los sujetos consumen caballa enlatada, los niveles sanguíneos de ciertos omega-3, como el EPA, aumentan en un día. Sin embargo, otros como el DHA tardaron más en pensar. Esto demuestra que esta técnica puede detectar cambios en la dieta tanto a corto como a largo plazo.

Además, los niveles de estas grasas variaron de forma diferente según la dieta habitual de cada participante. En los participantes que normalmente no comían pescado azul, los niveles de EPA aumentaron más el día después de comer pescado. Sin embargo, aunque el DHA también aumentó en estos participantes durante las dos semanas de la intervención, los niveles no fueron iguales a los de los participantes que normalmente consumían pescado. Esto significa que para obtener el nivel de omega-3 correspondiente al consumo adecuado de pescado azul tendrían que seguir tomándolo durante más de dos semanas.

Y liras también: Preocupación por la salud y el medio ambiente: dos motivos para incluir pescado azul en nuestra dieta

Identificar si una dieta es adecuada sin cuestionario

El nuevo método es, sobre todo, rápido, cómodo y no invasivo. No requiere profesionales médicos y se puede aplicar fácilmente en grandes muestras e incluso en casa. Además, nos permite identificar si la dieta es la adecuada y evitar errores habituales en los cuestionarios alimentarios, que muchas veces no reflejan lo que realmente comemos. Por otro lado, gracias a los cambios a corto y largo plazo de diversas grasas, también nos permite saber si las personas están siguiendo las pautas marcadas en el plan dietético.

Esta investigación nos acerca un paso más a ofrecer recomendaciones nutricionales verdaderamente personalizadas. Porque al final lo que importa no es lo que decimos que comemos, sino lo que realmente comemos.


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