Cada período seco suele ir seguido de años con precipitaciones superiores a la media. En pocas semanas pasamos de observar embalses secos, con suelos agrietados y restos de ciudades emergentes, a observar espectaculares chorros de agua a presión liberados por aliviaderos de presas. Este cambio extremo muestra que los embalses, aunque importantes y necesarios para detener las inundaciones, no son suficientes por sí solos para hacer frente a sequías o períodos de lluvias intensas.
Almacenamiento de agua subterránea
España es uno de los países con mayor número de grandes presas por habitante. Muchos están muy bien construidos y en los lugares adecuados, pero un número importante ya ha superado su vida útil o ha perdido su capacidad de almacenamiento debido a la obstrucción por los sedimentos que transportan los ríos. Por ello, es necesario proponer soluciones complementarias que permitan una mejor gestión de los episodios de exceso y escasez de agua.
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Mucha gente no sabe que el 99% del agua dulce de nuestro planeta, que no está congelada, es agua subterránea. Así, los acuíferos (grandes formaciones geológicas compuestas de rocas y sedimentos porosos y permeables), más que las represas, almacenan la mayor parte del agua.
Estos acuíferos son los que permitieron superar las sequías que se han producido en España desde los años 80. Los agricultores, que han salvado sus cultivos regando con agua de pozo, lo saben bien. Y muchos municipios recurren a los llamados “pozos de emergencia” cuando se corta el suministro de agua.
Sin embargo, tras cada sequía, los acuíferos se deterioran, porque extraemos más agua de la que se recarga naturalmente, porque no los protegemos lo suficiente de la contaminación y porque en la planificación hidrológica no se tiene en cuenta su gran capacidad de almacenamiento.
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Los agricultores ayudan a restaurar los acuíferos
En algunas partes del mundo ya se están tomando medidas para revertir esta tendencia. En California y Nevada, en Estados Unidos, se gestiona desde hace unos veinte años el llenado de los acuíferos con técnicas agrícolas. Se han llegado a acuerdos con los agricultores para inundar campos en barbecho o cultivos tolerantes -como almendros, viñedos, pastos o arrozales- de forma controlada durante los años húmedos o cuando hay exceso de agua en invierno.
Estas inundaciones controladas se llevan a cabo sobre acuíferos, que permiten que el agua se infiltre en el medio subterráneo, al tiempo que reducen el riesgo de inundaciones superficiales. El éxito de estas prácticas es posible gracias a la cooperación entre centros de investigación públicos y privados, universidades líderes, como Davis o Stanford, responsables del agua, la protección del medio ambiente y la agricultura, y los usuarios.
Es interesante que, desde una perspectiva histórica, prácticas similares se lleven a cabo en España durante siglos. Proyectos como VaSHa, del Instituto de Geología y Minería, han documentado cómo nuestros antepasados ya gestionaban el exceso de agua mediante acequias de infiltración en zonas montañosas -como Sierra Nevada, Gredos y Guadarrama- y trincheras sin revestimiento en llanuras agrícolas, como las de Valduerna (León) y Granada.
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El agua infiltrada se almacena en acuíferos y posteriormente se extrae a través de pozos o galerías durante los meses secos. Es una forma ingeniosa de equilibrar los ciclos de lluvia y sequía. Es una forma de sembrar y cosechar agua.
Siembra y cosecha de agua en España. Instituto Geológico y Minero de España (IGME) Estrategia para una mejor gestión del agua
Restaurar esta lógica hoy sería clave: aprovechar años de exceso de agua para recargar los acuíferos, utilizando campos de cultivo e infraestructura agrícola ya existente. Esto restauraría parte del agua subterránea que se extrae de más en los años secos.
Para lograrlo, se necesita investigación, planificación y gestión del agua que combinen infraestructura gris –represas, canales, oleoductos– con infraestructura verde, basada en procesos naturales que favorezcan la infiltración y la recarga.
La integración de ambos enfoques permitiría almacenar parte del agua que ahora se está drenando rápidamente del embalse. Y decimos sólo una parte, porque ríos, deltas y estuarios también necesitan de estas inundaciones para mantener sus ecosistemas. Pero utilizar parte de esos excedentes para “plantar agua en acuíferos” sería un paso decisivo hacia una gestión más resiliente del agua en nuestro país.
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Esperamos estar listos en el próximo año húmedo. En este caso, el agua liberada ya no se podrá plantar. Pero podemos cambiar la forma en que gestionamos nuestros ciclos del agua para que la próxima vez no perdamos otra oportunidad.
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