¿Por qué van a la escuela niños y niñas de 3 a 6 años? ¿Descubrirá su cuerpo y sus capacidades? Probablemente a ninguno de nosotros se nos ocurriría responder a esto, pero así lo recoge el Currículo Español de Educación Infantil.
Esta etapa sienta las bases de la actividad física como parte de una vida saludable, especialmente si el entorno fortalece su autoestima y les permite experimentar satisfacción con lo logrado. Los beneficios de la actividad física van más allá de la actividad motora: incide positivamente en el desarrollo cognitivo, la gestión emocional y la adquisición de hábitos que marcarán tu salud futura.
Fuera del juego libre
Tanto el juego libre como la actividad física estructurada contribuyen al desarrollo de los niños, pero el primero, aunque esencial, no garantiza por sí solo la adquisición de habilidades básicas en el desarrollo integral.
La evidencia respalda que, al complementar el juego libre, las experiencias estructuradas tienen un mayor impacto en el desarrollo general. De hecho, cuando se implementan sugerencias estructuradas y participativas, los niños aumentan su actividad física, reducen el sedentarismo y exploran nuevas posibilidades motrices.
Diseñar situaciones ideales.
¿Cómo podemos diseñar e implementar estas actividades de una manera altamente participativa y apropiada para la edad? Se trata de promover con ellos no sólo el reconocimiento del propio cuerpo, la superación de las dificultades y la autoestima, sino también el aprendizaje de la resolución de problemas. En definitiva, darles las herramientas para que se sientan capaces y felices.
La actividad física estructurada en las aulas de la primera infancia suele incluir actividades psicomotoras, de educación física o de habilidades motoras. Con cualquiera de estos enfoques, es importante que los docentes diseñen experiencias donde el movimiento tenga significado. No como un medio para algún otro fin, sino como un fin en sí mismo. Que sea un espacio de descubrimiento, social y participativo, que surja de los intereses de los propios niños y niñas. De esta forma les daremos la oportunidad de conectar consigo mismos, de mirar dentro de sí mismos.
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En el camino, el docente se convierte en un actor clave, un apoyo que juega un papel activo (sigue, juega, anima, demuestra, promueve, instruye, disfruta) durante las oportunidades estructuradas y que ofrece seguridad y confianza para que el niño y la niña experimenten el movimiento desde adentro y aprendan a conocerse a través de él.
Desarrollo armonioso
Podemos señalar tres claves de este enfoque: recuperar el valor intrínseco del movimiento -como fin en sí mismo y fuente de placer-, la educación en el respeto a la diferencia desde la corporalidad y el diseño de un entorno seguro que aproveche recursos como el juego simbólico.
Partiendo del enfoque de la psicomotricidad relacional o vivencial, se busca establecer espacios y rituales donde niños y niñas interactúen con objetos y con otras personas en función de sus intereses y que puedan dejar huellas de su práctica motriz a través de la expresión plástica.
Será mejor que sigas a los profesores.
¿Estamos brindando el apoyo adecuado a los docentes en ejercicio y capacitación en este rol? Aunque la actividad física se revela como un pilar innegable del desarrollo infantil, los docentes admiten que no se sienten preparados para incorporarla efectivamente en su práctica diaria. Este vacío formativo –como han destacado diversos estudios– limita gravemente la calidad y frecuencia de las experiencias motrices que ofrecemos a los niños y niñas más pequeños.
Existen espacios de conocimiento compartido que permiten diseñar experiencias de movimiento que realmente impacten en el desarrollo integral: la implementación de proyectos conjuntos de investigación educativa (por ejemplo, la naturalización de patios escolares y patios coeducativos) entre escuelas y escuelas normales; implementar proyectos de aprendizaje-servicio que satisfagan las necesidades de los niños y las escuelas; establecimiento de propuestas interdisciplinares que agrupen a diversos agentes (escuelas, universidades, administración pública, tercer sector, etc.). En definitiva, fomentar la implicación del profesorado del centro en proyectos de investigación e innovación no como simples reproductores, sino como auténticos creadores; y establecer redes de facultades universitarias para mejorar la formación docente.
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Así, podremos formar un profesorado activo, capaz de crear ambientes motores diversos y estimulantes que acojan a cada individualidad desde un enfoque basado en los derechos de la infancia.
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