Cómo y por qué viajar contamina: Radiografiando la huella de carbono del turismo español

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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A nivel mundial, el turismo genera alrededor del 8,8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Es decir, unas 5,2 gigatoneladas de CO₂ equivalente (CO₂e), la métrica utilizada para cuantificar este impacto. Y, en la última década, las emisiones del sector han crecido casi dos veces más rápido que las de la economía global.

La Organización Mundial del Turismo y el Foro Internacional de Transporte estiman que si no se hace nada, el tráfico turístico emitirá un 25% más entre 2016 y 2030. Para detener esta trayectoria, la Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo pide reducir a la mitad el impacto climático del sector para 2030 y lograr emisiones “netas cero” lo antes posible.

España está en el centro de este dilema. El turismo representa más del 12% del PIB y del empleo, lo que nos sitúa entre los países más dependientes del turismo. Al mismo tiempo, esta actividad es responsable de entre el 10% y el 15% de las emisiones nacionales. Para reducirlos, primero debemos saber cómo se producen.

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La primera radiografía detallada de quienes viajan desde España

En un estudio reciente analizamos la huella de carbono de los turistas españoles a nivel de consumo. El equipo encuestó a 980 turistas sobre su viaje más caro en 2023. Se calcularon sus emisiones procedentes del transporte, el alojamiento, la comida, las compras y el ocio.

El resultado medio por viaje es de 662 kilogramos de CO₂e, con una estancia media de 6,7 noches. Esto equivale a una décima parte del total de emisiones anuales per cápita (5,95 toneladas de CO₂e/año). O lo que es lo mismo: en menos de una semana de viaje retransmitimos más que en cinco semanas en casa.

El transporte genera casi la mitad de estas emisiones (48%), siendo la principal causa los viajes hacia y desde el destino. La alimentación, el ocio y las compras suponen el 33%. El alojamiento contribuye alrededor del 20%. Comer y beber, tanto dentro como fuera del hotel, representa aproximadamente una quinta parte del espacio total del viaje.

La diferencia entre viajar dentro y fuera de España es decisiva. Para los destinos nacionales, la huella por viaje ronda los 493 kilogramos de CO₂e. Para destinos internacionales, se eleva a casi 898 kilogramos. La razón principal es el uso de aviones para viajes de larga distancia.

No se trata sólo de cuántos viajes se hacen, sino de cómo y dónde

El estudio confirma un patrón claro: cuanto mayores son los ingresos, mayor es la huella turística. Las personas con unos ingresos mensuales superiores a los 3.500 euros generan muchas más emisiones que las personas con menos recursos, porque viajan más lejos y gastan más en el destino. Es decir, lo que gastamos en vacaciones es un buen predictor de nuestra huella de carbono.

Ottawa/Shutterstock

También se observan diferencias geográficas. Las personas que viven en las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid tienen las mayores emisiones por viaje, mientras que algunas provincias del interior registran valores mucho más bajos.

Los datos coinciden con estudios internacionales, que muestran cómo un porcentaje relativamente pequeño de viajes de larga distancia puede concentrar una parte muy importante de las emisiones del turismo. Y señalan una paradoja: la gente con más educación no transmite menos. Por el contrario, tienden a tener más ingresos y por tanto viajan más lejos y con más frecuencia.

Paralelamente, España ya empieza a notar los efectos del calentamiento en su modelo turístico. Informes del Banco de España y otras entidades financieras indican que el turismo se está desplazando del Mediterráneo a destinos del norte con veranos más frescos. Por tanto, el cambio climático nos obliga a reconsiderar la oferta turística y la forma de desplazamiento.

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Qué pueden hacer las administraciones y los pasajeros

Este mapa de emisiones informa las políticas públicas para actuar donde realmente se concentra la huella. Por ejemplo: fomentar el tren aéreo en rutas que lo permitan, mejorar el transporte público en los destinos, exigir alojamientos más eficientes en carbono y promover el suministro de alimentos con una huella menor.

Algunas ciudades, como Valencia, ya han comenzado a calcular y certificar la huella de carbono del turismo. Ampliar estas medidas a otros destinos ayudaría a mejorar la inversión y promoción turística.

Por otro lado, las decisiones individuales no sustituyen a la política, pero son importantes y la mayoría están al alcance de todo turista: elegir destinos más cercanos, priorizar el tren cuando sea posible, reducir el número de vuelos a cambio de estancias más largas, evitar compras innecesarias o buffets desproporcionados, y optar por alojamientos y operadores con planes de reducción de emisiones. La compensación voluntaria de carbono también puede ser útil como complemento a las reducciones, siempre que se base en proyectos probados y de calidad. Este mecanismo se explorará con más detalle en la segunda parte de este estudio.

En un país puntero en turismo como España, asumir los costes climáticos reales de las vacaciones y cambiar los hábitos de viaje ya no es una opción estética. Esta es una condición imprescindible para que el sector siga siendo un motor económico, más competitivo y con menor impacto sobre el medio ambiente.

Una versión de este artículo fue publicada en la revista Telos de la Fundación Telefónica.


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