Es una verdad bien conocida que el fin de año y las fiestas navideñas requieren un resumen. Por eso estamos aquí.
Allá por los años ochenta, cuando el director Martin Scorsese se encontraba en uno de sus abismos psicológicos, su amigo Robert De Niro fue a verlo para convencerlo de que lo dirigiera en un proyecto que amaba. Debió haberle causado tantos problemas que, incluso en su lamentable estado emocional, Scorsese habría dicho que lo haría. Pero, como minucioso y ordenado locutor del lenguaje audiovisual, pidió “paciencia”. No porque lleve mucho tiempo empezar a grabar, sino porque será preciso y riguroso; Alcanzar la excelencia que se requería requería repetición, tiempo y esfuerzo. La película fue Toro Salvaje y esta anécdota está contada en una maravillosa serie documental dirigida por Rebecca Miller Sr. Scorsese.
Paciencia. Tiempo. Las cosas no van bien porque suceden rápido. Quizás no busquemos necesariamente lentitud, sino calma. Por eso, en medio de este deseo de escapar del ajetreo de la vida cotidiana, te invitamos a unirte a nosotros en el tren del filósofo Simon Weil y “dejar de pensar”.
De la danza al misticismo
La narración comienza con movimientos de cadera y búsqueda espiritual. Dos nombres llegaron a los titulares musicales del año, en un momento en el que es raro hablar de alguien durante más de un día y medio.
En enero, Bad Bunny lanzó su debut TiRAR MaS FOTOS, un álbum que recupera los ritmos de su tierra natal, Puerto Rico. Salvando las melodías tradicionales, logró seducir a una parte de la población que hasta entonces había ignorado sus canciones. No fue un pionero (desde Rosalén hasta La MODA, desde Nathi Peluso hasta Rodrigo Cuevas, los artistas han buscado inspiración en el pasado), pero arrasó con los oyentes, los conciertos y la influencia. De hecho, está a cargo del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl y se convertirá en el primero en presentar el espectáculo en español. Me alegra confirmar que sí, gracias a estas recuperaciones, la salsa ha vuelto… y también el baile.
Rosalía fue Fiebre de Otoño, un fenómeno que nos ayudó a analizar (y conocer) conceptos como el bricolaje lingüístico o el Christiancore. Y si hemos estado repitiendo mentalmente la letra de “The Pearl” durante semanas, es reconfortante saber que existe una explicación neurocientífica para la obsesión de nuestro cerebro por aferrarnos a la canción y no soltarla.
Cerramos esta historia de puro disfrute con la combinación de cuerpo y alma, misticismo y danza y la voluntad de entregarse al ritmo. O, lo que es lo mismo, nos acercamos al fenómeno del cine español del año -Sirat- y a las múltiples dimensiones de la cultura rave.
Todo el cine y el mundo.
No será la letra de “Bad Romance”, pero lo que el cerebro libera, y a veces más rápido de lo que nos gustaría, son nuestros recuerdos de la serie de televisión. Acostumbrados a ver atracones, como vemos, lo olvidamos. Afortunadamente, el cerebro es plástico, y si permanecemos presentes y dejamos de consumir contenido audiovisual mientras alguien mira, nos aseguraremos de que las tramas y los personajes se instalen en nuestra cabeza.
Vale la pena hacerlo, porque el poder de las historias es infinito. Aunque leemos interminables informes de datos y hechos, enfrentarnos a una historia inevitablemente nos obliga a involucrarnos con ella. Es notable que el cine, por ejemplo, se centre en los menos vulnerables, los residentes de la Franja de Gaza, y nos cuente directamente sobre sus vidas y muertes.
Y mientras intentamos comprender cómo es posible que los palestinos resistan, ante los ojos de todo el mundo, en estas condiciones, la historia nos enseña que no siempre fue así. Si hubo paz en el pasado, podría haber paz en el futuro… un futuro en el que, como dice irónicamente Omar El Akkad, todos siempre estaremos en contra del genocidio.
La carrera de la historia
El que siempre tiene prisa por hacer y contar es Donald Trump. Parece que el Presidente de Estados Unidos quiere que la posteridad lo recuerde con tanta admiración como muestra ante ese pasado idílico de la humanidad que fue mejor, más vibrante, más exitosa, más… imperial.
Han sido muchos los historiadores que han analizado su insistencia en tergiversar lo ocurrido en la antigua Roma, y aquí desmontamos algunos de los esfuerzos de Trump y la extrema derecha por apropiarse de un periodo histórico que, si bien muy progresista, tuvo sus aristas.
Es interesante que la antigua Roma nunca se detiene. Los romanos nos demuestran que tener una relación cercana con las mascotas, protestar contra los turistas o prevenir incendios no es algo que hayamos puesto de moda en este siglo. Ni siquiera en el pasado.
Grandes autores
2025, como indica mi artículo inicial, fue el año de Austin. Han pasado 250 años desde el nacimiento de la escritora inglesa y, si bien no hemos superado ni la intensidad de la brillantez británica en español ni la extensa cobertura de nuestros colegas de The Conversation Reino Unido, hemos reunido a un nutrido grupo de investigadores que desglosan los matices de sus novelas para invitar a los lectores a sumergirse en sus historias.
En España también es el centenario de dos grandes de la literatura: Ana María Matuta y Carmen Martín Gaita. Les hemos homenajeado como se merecen, aunque siempre me queda la espinita de descubrir que son las investigadoras -mujeres- quienes siguen explicándonos a las escritoras -mujeres- como si fuéramos las únicas leídas.
Por cierto, también nos despedimos del último premio Nobel de Literatura en Español: Mario Vargas Llosa. Quizás sea hora de que los suecos añadan otro (u otro) a la lista.
Urgencia tecnológica
Acaba de estrenar -con mucha alegría en taquilla- la tercera entrega de Avatar, probablemente una de las pocas películas que aprovechó el fenómeno trepidante y capitalista que fue el cine 3D (así como llegó, explotó). Esta burbuja nos recuerda que, aunque la tecnología siempre ha ayudado al progreso de la cultura (desde la imprenta al cine sonoro o el gramófono), nunca ha sido capaz de dar por sí sola grandes saltos humanísticos. Está ahí para echar una mano, pero no para sustituir.
Por eso es bueno no entrar en pánico cuando aparecen nuevas herramientas como la inteligencia artificial (que creativamente aún está en pañales) y utilizar el arte y el pensamiento para pensar, una vez que los tengamos, qué queremos hacer con ellos.
Hubo otros nombres que pasaron por la sección de Cultura este año: Robert Redford, Francis Scott Fitzgerald, Diane Keaton, Cervantes… Pero como no queremos apresurar el final y confundir al personal, simplemente recuerdo que en 2025 lanzamos el Suplemento Cultura, un boletín quincenal donde podemos leer un artículo en el que pueden recoger muchas investigaciones, para leer con tranquilidad, los mejores textos de la columna.
Scorsese lo dijo antes: “paciencia”. A ver si con más práctica podemos abrir huecos en el tiempo y encontrar un espacio tranquilo para pensar.
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