De la reconciliación a la corresponsabilidad en los cuidados: hacia una sociedad más justa y equilibrada

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Seguro que más de una vez has tenido que responder correos electrónicos del trabajo mientras bañas a tus hijos o cenas en familia. O conectarse con el correo electrónico de la empresa durante el fin de semana. Aunque el equilibrio entre la vida personal y laboral se ha convertido en un concepto omnipresente, su implementación ha generado un debate sobre si es un privilegio o un derecho.

La realidad pospandemia ha impulsado palancas en España como los avances legislativos, el derecho a la exclusión digital o el trabajo a distancia. Sin embargo, incluso cuando se asume y se amplía la flexibilidad laboral, el agotamiento sigue creciendo.

Leer más: Cómo la flexibilidad laboral está transformando nuestras vidas

Impulsos recientes y realidades persistentes

La Ley de Reconciliación de 1999 fue el primer hito en esta materia. Después de más de 25 años, se ha pasado de la maternidad, vista como un elemento que afecta únicamente a las mujeres, a la corresponsabilidad familiar como eje central.

La igualdad de permisos de paternidad y maternidad fue un hito para cerrar la brecha de atención. El artículo 34.8 del Estatuto del Trabajo permite la adaptación de la jornada laboral sin pérdida de salario, y la tecnología ha demostrado que puede ser complementaria al trabajo personal.

Sin embargo, el trabajo a tiempo parcial sigue teniendo un papel femenino: el 93% de los cuidadores son mujeres.

Desafíos: hiperconectividad y erosión de fronteras

Este progreso trajo efectos secundarios (“colapso del contexto” o “erosión de las fronteras”) al invadir el espacio personal y profesional de los trabajadores. Tres circunstancias explican estos efectos:

El teletrabajo eliminó los costos de viaje, que son elevados en las grandes ciudades, pero dificultó la separación de la oficina del salón.

La brecha de género todavía existe, ahora invisible. Quienes asumen la carga mental y las interrupciones domésticas durante el día siguen siendo las mujeres.

La presencia personal, el “estar siempre ahí”, físicamente, en el lugar de trabajo, ha sido sustituida por el “estar siempre disponible” en las plataformas de comunicación comunes.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) señala que la hiperconectividad es un fenómeno emergente que genera importantes consecuencias para la salud mental, la carga cognitiva, el bienestar psicológico y la fatiga, y conlleva riesgos psicológicos y sociales.

Para facilitar la comprensión del derecho a la conciliación en el ámbito laboral en España, hemos creído importante agrupar todas las medidas legales de conciliación dirigidas a los trabajadores por cuenta ajena.

Una nueva narrativa

La soberanía sobre el tiempo personal significa realmente recuperar el control sobre la agenda individual. No se trata sólo de organizarse, se trata de proteger los márgenes de descanso y cuidado desde la lógica del “estar siempre activo”. Tienes que cuidarte tú también.

Los datos muestran una paradoja. Aunque el informe internacional Global Life-Work Balance Index 2025 muestra una buena situación en España en cuanto a conciliación entre vida y trabajo, otros estudios muestran que la percepción de conciliación entre vida laboral y privada se está deteriorando, y las desigualdades de género en el uso del tiempo y en las trayectorias laborales se están cronificando.

El desafío ya no es sólo tener más medidas para proteger el derecho a la exclusión y la conciliación, sino cambiar las reglas informales del juego. Se trata de conectar el bienestar de los trabajadores con la sostenibilidad del negocio, evitar las penalizaciones que la conciliación implica para la vida profesional de los trabajadores y apoyar aún más la corresponsabilidad.

Aspiraciones futuras de reconciliación y responsabilidad

La sociedad española está envejeciendo y, por tanto, los cuidados son cada vez más importantes. El cuidado y preocupación de las personas mayores, menores y dependientes debe convertirse en una función social protegida, no en un problema privado.

En la medida en que las organizaciones logren integrar la conciliación en su modelo de liderazgo y estrategia de talento, dejará de ser una concesión y pasará a ser una parte central de la competitividad y la cohesión social.

El equilibrio entre la vida personal y laboral no puede ser un acto de malabarismo constante entre las tareas domésticas nocturnas y la atención al trabajo en el teléfono móvil. Es necesario pasar de una cultura de ocupación (donde el alto nivel de actividad es un símbolo de estatus) a una cultura de mayor eficiencia empresarial para crear más bienestar personal entre los trabajadores.

En una sociedad justa y equilibrada, el trabajador no debe resolver solo su conciliación: debe ser una obligación conjunta entre administraciones, empresas y sociedad. Pero, además, la corresponsabilidad del cuidado incluye a todos los conciudadanos de la casa.

Las personas deben tener las mismas oportunidades, sin discriminación de ningún tipo ni barreras que impidan crecer personal y profesionalmente.


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