En algunos discursos mediáticos y políticos, la pobreza se presenta como resultado de una supuesta “falta de esfuerzo individual” o de decisiones personales irresponsables. Estos mensajes sitúan la causa del empobrecimiento en la falta de voluntad de trabajar o de progresar, o en la dependencia voluntaria de la asistencia social.
Por tanto, no se tienen en cuenta circunstancias que escapan a nuestro control, como la inseguridad laboral, la desigualdad de oportunidades o las barreras sociales. Más bien, apela a la responsabilidad individual, aludiendo a la moral o el carácter débiles de las personas empobrecidas.
Por ejemplo, criticar ciertas decisiones económicas como gastos supuestamente “innecesarios” (ropa de marca, dispositivos electrónicos o pequeños lujos) implica que si los pobres simplemente priorizaran sus gastos, podrían “arreglárselas”, un tipo de creencia llamada “cultura de la pobreza”. Junto con estereotipos como el de los “pobres que no lo merecen”, contribuyen a la deslegitimación de las demandas sociales de redistribución y justicia.
Prejuicio contra los desposeídos
En los últimos años, diversos estudios y observaciones muestran un aumento de la aporofobia, entendida como el rechazo o prejuicio hacia las personas de escasos recursos económicos.
La aporofobia es el resultado de un ecosistema en el que la dignidad humana a menudo se mide por el nivel de consumo. Como advierte la filósofa española Adela Cortina, esta fobia no se basa en el origen étnico o la religión, sino en la propia pobreza. Y su crecimiento está estrechamente relacionado con mensajes mediáticos que refuerzan estereotipos y políticas que perpetúan la desigualdad estructural.
Frente a esto, la escuela surge como un espacio imprescindible para la formación de ciudadanos críticos, empáticos y solidarios, capaces de afrontar el miedo y el desprecio de la pobreza.
Aforofobia y sensibilidad intercultural
Recientemente investigué la relación entre la aforofobia y la sensibilidad intercultural utilizando una muestra representativa de 1.031 participantes.
La sensibilidad o competencia intercultural se entiende como la capacidad de reconocer, comprender y gestionar respetuosamente las diferencias culturales en la interacción social, integrando dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales, y se evaluó a través de una escala centrada en la empatía, la apertura y el confort con la diversidad cultural.
Así, se podrían identificar cuatro perfiles sociales que combinan diferentes niveles de prejuicios económicos y competencia intercultural: el perfil mayoritario corresponde a personas con alta sensibilidad intercultural y baja aporofobia (alrededor de un tercio de la muestra), que se caracterizan por actitudes más inclusivas hacia la diversidad y la pobreza.
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Le sigue un grupo con baja sensibilidad intercultural y alta aporofobia (alrededor de una cuarta parte), que concentra las actitudes más excluyentes.
Junto a ellos aparecen dos perfiles intermedios: uno con alta sensibilidad intercultural y también un alto nivel de aporofobia, que representa alrededor de una quinta parte de los participantes, y otro con baja sensibilidad intercultural y baja aporofobia. Ambos tienen un peso similar, lo que muestra que la apertura cultural no siempre se traduce automáticamente en un menor rechazo a la pobreza y que la aporofobia responde a dinámicas sociales más complejas.
A pesar de estos dos últimos grupos, los resultados muestran que, en general, cuanto mayor es la sensibilidad intercultural, menor es el rechazo hacia las personas en situación de pobreza.
Las mujeres, las personas con experiencia internacional previa y los que participaron en voluntariado mostraron actitudes más inclusivas y empáticas. Por el contrario, los grupos con menos exposición a la diversidad tenían mayores niveles de prejuicio económico.
Estos hallazgos confirman que la competencia intercultural actúa como un factor protector contra los estereotipos y el miedo a la pobreza. A nivel educativo, los datos sugieren que promover la sensibilidad intercultural en los estudiantes puede reducir significativamente las actitudes aporofóbicas, fortaleciendo la cohesión social y la empatía colectiva.
La escuela como espacio de transformación social
A partir de los resultados de la investigación se proponen cuatro estrategias educativas con evidencia empírica para su implementación en escuelas, institutos y universidades (trabajándolas de forma transversal):
Proyectos de aprendizaje-servicio: combinar contenidos didácticos con acciones solidarias en la comunidad (por ejemplo, campañas de apoyo a familias vulnerables o cooperación con organizaciones no gubernamentales). Esta metodología aumenta la empatía y reduce los prejuicios al permitir el contacto directo con diferentes realidades.
Juegos de roles y simulaciones: presentar situaciones de desigualdad o exclusión económica fomenta el pensamiento emocional y cognitivo de los estudiantes sobre los efectos del rechazo y la injusticia.
Debates éticos y estudios de casos: analizar noticias o productos mediáticos que presenten estereotipos sobre la pobreza, promoviendo el pensamiento crítico y la alfabetización mediática.
Proyectos interculturales y cooperativos: promueven el trabajo conjunto de estudiantes de diferentes orígenes socioeconómicos y culturales, desarrollando la empatía y la valoración positiva de la diversidad.
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Sensibilidad y desarrollo sostenible como antídoto
La lucha contra la aporofobia no es sólo un objetivo educativo, sino también un compromiso con la dignidad humana, la justicia social y la erradicación de la pobreza, en línea con los objetivos del desarrollo sostenible, especialmente acabar con la pobreza, una educación de calidad y reducir la desigualdad.
En un contexto donde la desigualdad se normaliza, la escuela tiene el potencial de rehumanizar la perspectiva colectiva, promover la empatía y aprender a reconocer la vulnerabilidad como parte de nuestra condición común. Así, la formación de ciudadanos sensibles, críticos y solidarios no sólo fortalece la cohesión social, sino que también contribuye a una sociedad más justa, inclusiva, comprometida con el desarrollo sostenible y libre de pobreza.
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