Catherine O’Hara, la actriz y comediante que murió a los 71 años, ocupaba una posición inusual en la cultura cinematográfica contemporánea: era una actriz cómica, una figura de culto y una estrella convencional. Su carrera abarcó más de 50 años, desde sketches de comedia de improvisación hasta películas de Hollywood y extravagantes clásicos de la televisión.
Era conocida por su incomparable sentido del humor y su capacidad para interpretar personajes camaleónicos. Sus papeles eran a menudo absurdos y extravagantes, pero ocultaban un humor muy agudo.
Nacido y criado en Toronto en el seno de una familia católica irlandesa muy unida, O’Hara tenía seis hermanos. Alguna vez comentó que el humor es parte de su vida diaria; Las narraciones, las imitaciones y las conversaciones animadas le ayudaron a desarrollar su instinto de hacer reír a la gente.
Después de la secundaria, trabajó en el Second City Theatre de Toronto, un reconocido semillero de talentos cómicos, perfeccionando sus habilidades de improvisación mientras mantenía una expresión inexpresiva.
un gran salto
La gran oportunidad de O’Hara llegó con Second City Television (SCTV), una serie de comedia que rivalizaba con Saturday Night Live en creatividad e impacto. Junto a sus contemporáneos Eugene Levy, John Candy, Rick Moranis y Martin Short, definió su propia voz cómica, claramente inteligente y absurda.
O’Hara no solo actuó en SCTV, sino también guionista y ganó un premio Emmy por su contribución. Este doble papel moldeó su sensibilidad hacia el ritmo, el lenguaje y la construcción del carácter a lo largo de su carrera.
A diferencia de los artistas que basan sus sketches en repetir o crear líneas familiares, el humor de O’Hara surgió de una lógica cómica diferente. El público se rió no porque el personaje fuera “divertido”, sino porque se tomaba a sí mismo muy en serio.
Aunque fue contratada brevemente por Saturday Night Live a principios de la década de 1980, O’Hara decidió quedarse en SCTV cuando se renovó, una decisión que luego describió como crucial para permitir que su carrera creativa floreciera donde debería.
Mudarse al cine
A mediados de la década de 1980, O’Hara se había establecido como una presencia en la pantalla. Apareció en la peculiar comedia negra de Martin Scorsese Yo, What a Night! (1985) y mostró su talento cómico en la película “El pastel está listo” (1986).
En 1988, consiguió lo que se convertiría en uno de sus papeles cinematográficos más queridos: Delia Deetz en la extravagante Bitelchus (1988) de Tim Burton.
Delia, una pretenciosa arribista en el mundo del arte neoyorquino, permitió a O’Hara combinar la comedia física y el diálogo absurdo (“Un poco de gasolina… una lámpara… no hay problema”).
Burton comentó una vez
“Catherine es muy buena, tal vez demasiado buena. Trabaja a niveles que la gente ni siquiera conoce. Creo que da miedo porque trabaja a niveles muy altos”.
Luego interpretó a Kate McAllister, una madre con problemas en los éxitos de taquilla navideños Solo en casa (1990) y Solo en casa 2: Perdido en Nueva York (1992). Al público le encantó el hecho de que este papel poco desarrollado se convirtiera en el alma de las películas.
Trabajo con Christopher Guest.
Otro punto culminante de la carrera de O’Hara fue su trabajo con el guionista y director Christopher Guest en una serie de falsos documentales en gran parte improvisados que se convirtieron en clásicos de culto.
Dos de los más notables fueron The Expert (1996), donde interpretó a una artista local desesperada en una compañía de teatro de un pequeño pueblo, y Mighty Wind (2003), donde formó equipo con su viejo amigo Levi como un dúo folk envejecido.
Pero su mejor actuación llegó con Best in Show (2000), en la que ella y Levi interpretaron a una pareja que compite en una exposición canina nacional. Su personaje, Cookie Fleck, sigue siendo uno de los mejores ejemplos de comedia de improvisación cinematográfica. Los monólogos sobre sus ex amantes son objetivamente inapropiados, pero O’Hara los pronuncia con tal entusiasmo y sinceridad que resultan extrañamente cautivadores.
El talento de O’Hara brilló en estas películas: sus personajes excéntricos eran muy divertidos, pero ella nunca se burló de ellos.
Éxito tardío
Regresó a la televisión con Six Feet Under (2001-2005) y apariciones especiales en The Larry Sanders Show (1992-1998) y Curb Your Enthusiasm (1999-2024). Recientemente se la ha visto en series como The Last of Us (2023-) y The Studio (2025-).
Pero el papel de Moira Rose, una excéntrica ex actriz de telenovelas en la comedia canadiense Shit Creek (2015-20), creada por Eugene Levy y su hijo Dan, se convirtió en el paso más significativo en la última carrera de O’Hara. ¡Y qué papel!
Escrita para el talento único de la actriz, Moira era un personaje enorme, con un vocabulario peculiar y memorable, cambios de humor dramáticos y un vestuario que se volvió casi tan famoso como el propio personaje.
Los estudiosos de los medios feministas han notado la rareza de roles tan complejos para mujeres mayores, especialmente en la comedia, lo que hace que la actuación de O’Hara sea culturalmente significativa.
La serie se convirtió en un éxito mundial en las plataformas de streaming durante el Covid-19 y, tras ganar múltiples premios, fue un fenómeno en las redes sociales, generando memes y vídeos virales.
Hay muchísimos momentos destacados: su crisis alcohólica tras perder las pelucas, su audición para Los cuervos tienen ojos 3 o el emotivo final de la serie, donde interpreta a Danny Boy en la graduación de Alexis.
Un legado duradero
O’Hara tenía una asombrosa habilidad para interpretar personajes llamativos y autoindulgentes que a menudo eran extremadamente divertidos.
Muchos comediantes y actores la han citado como una influencia por su coraje, su capacidad para combinar lo absurdo con la verdad emocional y su firme compromiso con la integridad del carácter. Influyó en las carreras de artistas como Tina Fey, Maia Rudolph, Kate McKinnon y Phoebe Waller-Bridge.
O’Hara también se negó a aspirar a la fama convencional. En lugar de elegir proyectos diseñados para moderar sus excentricidades, O’Hara prefirió un entorno colaborativo que valorara la creatividad sobre el control.
Para ella la comedia siempre ha sido un arte de inteligencia, empatía y generosidad.
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