Durante décadas, se ha aceptado que el dolor de espalda y pélvico es un “peaje” inevitable del embarazo. Las cifras parecen respaldar esa creencia: más de la mitad de las mujeres embarazadas lo experimentan. Aunque para algunos se trata de una leve molestia, en otros casos se trata de una limitación real que afecta al sueño, al trabajo y, en definitiva, a la calidad de vida.
Las últimas evidencias no sólo demuestran que se puede tratar, sino que el éxito del abordaje depende de un factor que muchas veces pasamos por alto: además de mover el cuerpo, es necesario entender cómo funciona el dolor.
Ejercicio: necesario, pero no siempre suficiente
El ejercicio terapéutico es una de las intervenciones más recomendadas para el dolor de espalda, tanto en mujeres embarazadas como en el resto de la población. Mejora la fuerza, el control motor y la capacidad funcional y activa mecanismos biológicos con efecto analgésico. Pero en la práctica clínica vemos a menudo que la actividad física por sí sola no siempre resuelve el problema.
Un metaanálisis publicado en 2023 analizó 13 ensayos clínicos en mujeres embarazadas con dolor lumbar y/o pélvico. Los resultados mostraron que la combinación de ejercicio y educación sanitaria redujo significativamente el dolor y la discapacidad más que la educación sola. Es decir, la combinación de ambas estrategias da mejores resultados que por separado.
Entender el dolor para moverse sin miedo
¿Y qué tipo de educación marca la diferencia? No se trata sólo de dar consejos posturales básicos o recomendar evitar determinadas actividades: en los últimos años ha cobrado importancia la educación en neurociencia del dolor.
Este enfoque explica cómo funciona el sistema nervioso y por qué el dolor no siempre equivale a un daño estructural grave. Es una señal de alarma que puede volverse más sensible cuando intervienen factores como el estrés, el miedo o determinadas creencias.
En un estudio reciente realizado por nuestro grupo de investigación y publicado en Pain Medicine, analizamos el efecto de agregar educación en neurociencia del dolor a la educación prenatal estándar en mujeres con dolor lumbopélvico relacionado con el embarazo. Observamos que las mujeres embarazadas que recibieron esta información adicional experimentaron una reducción significativa del malestar y, en particular, del miedo al movimiento en comparación con aquellas que recibieron solo educación prenatal.
Este punto es crucial. Si una mujer interpreta su dolor como un signo de “inestabilidad peligrosa”, es más probable que evite el movimiento, actitud que puede contribuir a perpetuar el problema. Cuando se da cuenta de que su cuerpo es resistente y que el movimiento progresivo y seguro es beneficioso, aumenta su confianza y su participación activa en el tratamiento.
Comprender el dolor no lo hace menos real, pero sí menos amenazador.
Un mensaje al sistema nervioso
El beneficio de combinar instrucción y ejercicio no es exclusivo del embarazo. En un artículo publicado en Frontiers in Neuroscience, analizamos múltiples revisiones sistemáticas de la educación en neurociencia centradas en el dolor musculoesquelético crónico. La principal conclusión es que la educación mencionada aplicada de forma aislada muestra efectos limitados sobre el dolor y la discapacidad. Sin embargo, cuando se combina con ejercicio u otras intervenciones activas, los resultados mejoran, particularmente en variables como “catastrofismo” y miedo al movimiento.
En general, la dirección de la evidencia es consistente: los enfoques que integran intervenciones activas y educativas producen mejores resultados que las estrategias aisladas.
¿Por qué es esto especialmente importante durante el embarazo?
El embarazo tiene características propias que hacen que esta perspectiva mixta sea particularmente relevante.
El ejercicio proporciona una experiencia física segura: movimiento progresivo, adaptado y tolerable; mientras que la educación proporciona seguridad cognitiva: comprender qué está sucediendo y por qué el movimiento es seguro. Juntos envían un mensaje coherente al sistema nervioso: el cuerpo es capaz y el movimiento no es una amenaza.
Un cambio de paradigma
En conclusión, las investigaciones actuales nos invitan a disipar algunos mitos. La evidencia no respalda el descanso prolongado ni los tratamientos en los que las mujeres desempeñan un papel menos activo en la recuperación. Tampoco afirma que la sobrecarga mecánica sea la única explicación del dolor.
Para las mujeres embarazadas, el mensaje es esperanzador: el dolor es común, pero no tiene por qué ser inevitable o permanente. Combinar ejercicios adaptados con una comprensión adecuada del dolor es una de las estrategias más respaldadas científicamente para recuperar el bienestar.
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