¿Duermen los parásitos?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Tero Vesalainen / Shutterstock

Dormir bien por la noche no es sólo cuestión de descansar. Nuestros cuerpos funcionan siguiendo ritmos diarios precisos que regulan todo, desde la liberación de hormonas hasta la respuesta del sistema inmunológico. Cuando estos ritmos cambian, debido al desfase horario o al trabajo nocturno, el impacto en la salud es evidente. Pero, por extraño que parezca, no vivimos solos con este reloj interno.

Millones de microorganismos viven dentro de nosotros y dependen de nuestro cuerpo para sobrevivir. No habitan un entorno fijo, sino uno que cambia constantemente a lo largo del día: nosotros. Esto plantea una pregunta simple pero inquietante: ¿los parásitos que causan enfermedades también siguen un horario? Y, de ser así, ¿podría la hora del día afectar cómo nos infectan o cómo los tratamos?

¿Qué es el ritmo circadiano y por qué es importante?

Los ritmos circadianos son ciclos biológicos que se repiten aproximadamente cada 24 horas y permiten a los organismos predecir cambios entre el día y la noche. En los seres humanos regulan procesos como el sueño, el metabolismo, la temperatura corporal y la actividad del sistema inmunológico. Es decir, coordinan las funciones necesarias para la salud.

Lejos de ser un simple reloj para dormir, el sistema circadiano organiza en el tiempo el funcionamiento del organismo. Gracias a esto, no todas nuestras funciones suceden al azar: hay momentos del día en los que determinadas respuestas son más efectivas que otras. Esta organización temporal es crucial para mantener el equilibrio fisiológico y responder adecuadamente a los desafíos externos.

Por eso la hora del día es una variable biológica importante: afecta a nuestra fisiología, pero también a nuestra respuesta ante enfermedades, desde infecciones hasta procesos inflamatorios.

El cuerpo humano no es un entorno constante.

Debido a este ciclo, el cuerpo humano no es un entorno estable para el parásito. La disponibilidad de nutrientes, la temperatura corporal y la actividad del sistema inmunológico cambian a lo largo del día. Incluso procesos aparentemente constantes, como la liberación de hormonas, siguen patrones rítmicos bien definidos.

Para un organismo que depende enteramente de su huésped para sobrevivir y reproducirse, estas fluctuaciones no son un detalle menor. No es lo mismo infectar el cuerpo por la mañana que por la noche. El parásito se enfrenta a diversas defensas y condiciones fisiológicas cambiantes, que pueden favorecer o dificultar su supervivencia.

Comprender cómo los parásitos se adaptan a este entorno dinámico es clave para comprender mejor el desarrollo de las infecciones.

¿Los parásitos tienen ritmos circadianos?

Durante mucho tiempo se ha asumido que los ritmos circadianos son exclusivos de organismos complejos. Sin embargo, en los últimos años se ha acumulado evidencia de que varios parásitos muestran cambios rítmicos en su biología durante el día. Estos cambios afectan a procesos clave como el metabolismo, la replicación o la capacidad de infectar al huésped.

Uno de los ejemplos mejor estudiados es Plasmodium, el parásito que causa la malaria. Su ciclo de replicación en los glóbulos rojos suele estar sincronizado con los ritmos circadianos del huésped. Cuando se interrumpe esta sincronización, el parásito pierde eficiencia y la infección tiene menos éxito, lo que sugiere que anticipar los cambios diarios del huésped confiere una clara ventaja biológica.

También se han descrito oscilaciones diarias en otros parásitos como el Trypanosoma brucei, responsable de la enfermedad del sueño africana, o la Leishmania, causante de la leishmaniasis. En estos organismos se han observado cambios rítmicos que afectan la expresión genética, el metabolismo y la interacción con la célula huésped. En algunos casos, estos ritmos persisten incluso en condiciones constantes, lo que indica la existencia de mecanismos internos de control del tiempo. En otros, parecen ser más dependientes de las señales fisiológicas del huésped.

En conjunto, estos ejemplos muestran que los parásitos no son organismos pasivos. Muchos organizan su biología en el tiempo, ya sea mediante relojes internos, mediante sincronización con el huésped o mediante una combinación de ambos mecanismos.

¿Por qué son importantes estos ritmos para la infección?

Que los parásitos representen ritmos cotidianos no es una simple curiosidad biológica. Estas oscilaciones pueden tener consecuencias directas sobre el desarrollo de la infección. Si el metabolismo o la replicación del parásito varían durante el día, también puede variar su capacidad para invadir tejidos o evadir la respuesta inmune.

El sistema inmunológico humano tampoco funciona todo el tiempo. Muchas de sus respuestas siguen patrones circadianos, lo que significa que la interacción huésped-parásito cambia con el tiempo. Varios estudios han sugerido que la carga parasitaria o la gravedad de los síntomas pueden variar con el tiempo, introduciendo una dimensión temporal crucial para el estudio de las infecciones.

Esta dimensión temporal no sólo afecta a la infección, sino que también puede afectar al tratamiento. En otras áreas de la medicina, ya se ha demostrado que la eficacia y toxicidad de algunos fármacos dependen del momento de administración, un enfoque conocido como cronoterapia. En el caso de las infecciones parasitarias, la creciente evidencia de los ritmos huésped-parásito plantea la posibilidad de que el momento del tratamiento pueda alterar su impacto.

Entonces, ¿los parásitos realmente duermen?

Todavía no sabemos si los parásitos duermen en un sentido comparable al de los humanos. Lo que está cada vez más claro es que muchos de ellos orquestan su biología a lo largo del tiempo, adaptándose a los ritmos de sus anfitriones o siguiendo sus propios patrones. Ignorar esta dimensión temporal limita nuestra comprensión de las infecciones y su tratamiento.

Quizás los parásitos no duerman como nosotros. Pero, sin duda, viven por horas. En concreto, el nuestro.

La conversación

Erica Pineda Ramirez recibe financiación de la UE a través de una beca postdoctoral Marie Curie dentro del programa CIBER ARISTOS


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