Recientemente publicamos el Atlas de la Desertificación en España, con el objetivo de conocer la extensión y complejidad de este problema, los factores que influyen en él (agua, suelo, agricultura, clima…) y sus matices.
El proyecto nos permitió analizar diferentes situaciones y casos especiales y conocer en profundidad un fenómeno que otros mapas anteriores no podían reflejar con suficiente precisión. Estas son algunas de nuestras principales conclusiones.
El 42,4% del territorio está degradado
El mapa de desertificación presentado en el atlas tiene dos predecesores. El primero, denominado mapa de riesgo de desertificación, se basó en cuatro cantidades cuya selección no se basó en datos estadísticos. El segundo es un mapa del estado del suelo y muestra la productividad del suelo según las precipitaciones. Aunque no es un mapa específico de desertificación (evalúa el suelo y no se limita a zonas áridas), sí fue una referencia para la cuantificación de la desertificación en España, dando una cifra del 20% del territorio devastado.
Según nuestro mapa, elaborado con un algoritmo entrenado con evidencias de degradación y teniendo en cuenta el impacto sobre recursos distintos a la tierra, el 42,4% del territorio está degradado. Prácticamente la totalidad de esta degradación (94,3%) se concentra en zonas secas. Siendo rigurosos, y si sólo consideramos como objeto de nuestro estudio las zonas secas (67% del país), diríamos que el 60,9% de ellas son desoladas. Pero si queremos quedarnos sólo con uno, diremos que el 41% de España está más o menos relajado.
Almendros en terrenos con pendientes pronunciadas y suelo desnudo. Es necesario llover con cierta intensidad para lavar la tierra. Artemi Cerda, CC BI-SA
Estos números representan el doble de la cifra que teníamos anteriormente. La diferencia es que al evaluar la desertificación no sólo se tiene en cuenta la tierra.
Por otro lado, la diferencia se nota según se considere uno u otro mapa de aridez. Como hemos visto, la desertificación es el resultado de limitar el mapa de degradación a zonas áridas. Si en lugar del mapa de aridez del investigador Santiago Beguería y colegas (que da casi un 61%), utilizamos el que presenta el último Atlas Mundial de la Desertificación (AMD), el porcentaje sería del 57%. Como podemos ver, no existe un valor definido, por lo que es necesario registrar las hipótesis y cálculos posteriores.

Índice de aridez promedio para el período 1991-2020. Beguería et al. (2025)/Atlas de desertificación de España, CC BI-SA La degradación de los recursos hídricos es desertificación
El hecho de que la desertificación se haya duplicado respecto al valor previamente aceptado se debe a la inclusión explícita del deterioro de los recursos hídricos. De hecho, uno de los principales mensajes de este atlas es que la degradación de este recurso fundamental es la desertificación.
Llama la atención que cuando se habla de desertificación, la atención se centra casi exclusivamente en el suelo. Por supuesto, este es otro ingrediente básico para la vida, pero la disponibilidad de agua en los ecosistemas determina precisamente la aridez, donde puede producirse la desertificación.
Estas simplificaciones provienen de la traducción del término anglosajón land, que no se traduce como tierra, sino como territorio. De hecho, la propia Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) afirma en sus definiciones que tierra se refiere “al sistema bioproductivo terrestre, que incluye el suelo, el agua, la vegetación, otras biomasas, así como los procesos ecológicos e hidrológicos que tienen lugar dentro del sistema”.
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El 80% de la población vive en zonas secas.
Aunque la mayoría de los mapas presentados ya existían y nuestra tarea era conectarlos a través de un hilo argumental que los conectara con la desertificación, existen algunos mapas originales. Uno de ellos es la población que vive en zonas secas. Es interesante que cuando este problema ocurre en todo el mundo, se dan cifras sobre el área de las zonas secas y la población que vive allí. Sin embargo, estos no son datos comunes a nivel nacional o regional.
Nuestro análisis revela que cuatro de cada cinco personas en España viven en zonas secas. Llama la atención la enorme y creciente concentración de población en el arco mediterráneo y ya hay 100.000 habitantes en zonas hiperáridas -la categoría más extrema de aridez- que aparecían por primera vez en España en el mapa de la aridez. En concreto, se trata del municipio de Arecife, en Lanzarote (Islas Canarias), en la costa del Sahara.

Municipio de Arecife, en Lanzarote. Ramón Espina Fernández/Wikimedia Commons, CC BI-SA
Las zonas áridas se perciben como lugares remotos, sin apenas recursos. Sin embargo, estos son los lugares que todos conocemos: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, etc. Nos gustan los inviernos suaves, el sol y la luz. Son elementos que caracterizan a las zonas áridas, aunque las sequías y la escasez de agua también son consecuencia del uso del agua más allá de su disponibilidad.

Población en tierras secas (2020). Atlas de la Desertificación de España, CC BI-SA La lucha contra la desertificación es sinónimo de seguridad alimentaria
El carácter permanente de la desertificación pone bajo control las cuestiones estratégicas de un país, como la producción de alimentos y el suministro de agua. De hecho, los ecosistemas áridos funcionan más lentamente que otros, porque la falta de agua ralentiza o detiene por completo los distintos procesos que llevan a cabo los seres vivos. Los acuíferos se recargan más lentamente, el suelo tarda años en formarse y la acumulación de carbono requiere períodos más largos. De ahí la importancia de detener los procesos de desertificación antes de que se consoliden.
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La prevención es la estrategia prioritaria en este contexto. Por ello, el mapeo de problemas cobra especial relevancia, ya que permite descubrir los territorios más vulnerables. Como vimos en el atlas, la agricultura es el principal factor de degradación. Y esto se debe, entre otras cosas, a los sistemas de producción intensivos, promovidos por estrategias cortoplacistas y los estrechos márgenes económicos en los que operan los agricultores.
Aclarar los mecanismos que operan detrás de la desertificación es el siguiente paso en la implementación de una estrategia preventiva. Para ello, estamos actualizando los “paisajes de desertificación de España”, que recogen una serie de casos específicos, la mayoría relacionados con la agricultura. Esta herramienta nos permite identificar los procesos, impulsores y actores involucrados en este complejo problema. Posteriormente se podrán idear soluciones que, idealmente, ayuden a promover un uso rentable y de largo plazo del territorio.
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