El 23 de febrero se produjeron en Honduras escenas conmovedoras cuando algunos ciudadanos se despidieron de los trabajadores de la salud cubanos que los atendieron gratuitamente durante cerca de dos años. Esto ocurrió luego de que el gobierno hondureño pusiera fin abruptamente a la misión médica cubana, bajo presión de la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
El mismo día, el Secretario de Estado Marco Rubio recibió un memorando “clasificado” del Departamento de Estado de Estados Unidos. Abordó la estrategia estadounidense para sabotear el internacionalismo médico de Cuba, que ha sido parte integral de la política exterior de la nación insular desde 1960. En los últimos años, también se ha convertido en un pilar de su economía.
Estados Unidos ha impuesto sanciones unilaterales a Cuba durante más de 60 años. Esto impide que el país caribeño participe en el comercio internacional “normal”. Por ejemplo, los terceros no pueden venderle productos si el 10% de sus componentes provienen de empresas estadounidenses o sus filiales. Y Cuba no puede exportar productos a Estados Unidos. Además, el embargo estadounidense limita severamente el acceso de Cuba al sistema financiero internacional.
En este contexto, la exportación de profesionales médicos se ha vuelto vital para la economía cubana. Durante décadas, el gobierno cubano ha enviado misiones médicas a todo el mundo como donación a países en desarrollo. Pero en las últimas dos décadas, ha desarrollado acuerdos de cooperación bajo los cuales gobiernos o autoridades locales pagan al gobierno cubano por los servicios médicos de sus trabajadores de salud.
Atacar esos ingresos parece ser un componente clave de la campaña estadounidense para lograr un cambio de régimen en Cuba antes de fin de año. Esto se suma a un embargo total de petróleo impuesto por orden ejecutiva el 29 de enero, que ya ha provocado múltiples cortes de energía en todo el país que dejaron a toda la isla a oscuras.
Es una política de incentivos y sanciones. A los países que expulsan a los médicos cubanos se les ofrece apoyo estadounidense para la “modernización de la infraestructura”, incluida la telemedicina y la capacitación virtual. Un año antes, Rubio anunció restricciones de visa para funcionarios actuales y anteriores, así como para sus familias, de cualquier parte del mundo que participaran en programas cubanos.
A mediados de marzo de este año, los gobiernos vecinos acordaron. Guatemala, Paraguay, Bahamas, Guyana y Jamaica cancelaron misiones médicas cubanas, poniendo fin a una década de cooperación. En Guatemala, más de 400 trabajadores de la salud cubanos, la mayoría de ellos médicos, brindan servicios a comunidades indígenas como parte de una colaboración de tres décadas. Los últimos médicos se marcharán a finales de año.
Los médicos cubanos dejarán Honduras en febrero de 2026.
El ataque del gobierno estadounidense al internacionalismo médico cubano no es nuevo. Comenzó en 2006, un año después de que el programa “petróleo para médicos” entre Cuba y Venezuela convirtiera la exportación de trabajadores de la salud en la mayor fuente de ingresos de Cuba.
La política estadounidense buscó eliminar estos ingresos y socavar el prestigio que los programas habían traído a la isla. El entonces presidente estadounidense George W. Bush lanzó el Programa de Libertad Condicional para Profesionales Médicos Cubanos (CMPP), alentando a los médicos cubanos en el extranjero a abandonar sus misiones y desertar a Estados Unidos. El programa no finalizó hasta 2017, en los últimos días de la presidencia de Barack Obama.
Pese a ello, y como reflejo del déficit en atención de salud a nivel mundial, los ingresos de Cuba por la exportación de servicios de salud han aumentado.
Los ingresos en 2018, el primer año en el que Cuba publicó datos separados sobre los servicios de salud, aumentaron a 6.400 millones de dólares (unos 5.500 millones de euros). La primera administración Trump desarrolló políticas –y financiación– para sabotear estos programas.
Estado de salud de Cuba
También propuso una nueva justificación. El gobierno de Estados Unidos no podía exigir abiertamente que los países sacrificaran la salud y el bienestar de sus poblaciones sólo para negarle ingresos a Cuba. En cambio, acusó a Cuba de trata de personas y equiparó a sus trabajadores de la salud con esclavos.
Cualquiera que haya hablado con participantes cubanos –como yo– sabe que los contratos de servicio exterior que firman les proporcionan su salario regular en Cuba, más un subsidio adicional del país anfitrión. Tienen garantizado el descanso y el contacto con sus familias.
A pesar de tener decenas de miles de trabajadores de la salud en el extranjero, la inversión del gobierno en atención médica y capacitación médica significa que la población cubana tiene la mayor proporción de médicos per cápita del mundo. En 2022, se estima que habrá nueve médicos y nueve enfermeras por cada 1.000 ciudadanos. En Estados Unidos hay 2,6 médicos por cada 1.000 ciudadanos y en Gran Bretaña 3,2.
Para muchos trabajadores de la salud cubanos, esto representa el cumplimiento de un deber internacionalista; para otros, un medio de transporte o un aumento de ingresos. El gobierno cubano se queda con la mayor parte de los ingresos y los reinvierte en atención de salud pública y capacitación médica gratuitas y universales.
Pero bajo la segunda administración Trump, Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que abandonaron la isla durante la dictadura de Batista, ha liderado un nuevo ataque a los programas médicos internacionales de la isla. Un memorando reciente del Departamento de Estado señala que las brigadas médicas cubanas son una fuente clave de “dinero en efectivo” para el régimen.
Las cuatro formas de internacionalismo médico cubano establecidas en la década de 1960 son:
Brigadas de asistencia médica de emergencia en el extranjero. Tratamiento de pacientes extranjeros en Cuba. Formación de estudiantes extranjeros como trabajadores sanitarios. Establecimiento de centros de salud en el extranjero.
Esta contribución a los países en desarrollo a menudo es ignorada o censurada. Sin embargo, esto se traduce en millones de vidas salvadas y mejoradas en todo el mundo cada año. Sabotear el internacionalismo médico destruiría a Cuba. Pero también dejaría a millones de personas en todo el mundo sin la atención sanitaria vital de la que disfrutaban anteriormente.
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