Hamnet es la octava novela de Maggie O’Farrell y, posiblemente, la obra de su vida.
Ambientada en la época isabelina, recrea la corta vida y muerte de Hamnet, hijo de William Shakespeare, que sabemos murió a los once años. La trama se aleja de la figura del dramaturgo y se centra en su esposa Agnes (Anne Hathaway en la vida real) y su proceso de asimilación de la pérdida de un hijo. Por otro lado, O’Farrell vincula la muerte del menor con la creación de la obra maestra de su padre, Hamlet, a través de la ficción.
Portada de la edición española de Hamnet de Maggie O’Farrell. Libros de asteroides
Como señala el autor en el epígrafe de la novela, en los registros de Stratford-upon-Avon (la ciudad natal de Shakespeare) de finales del siglo XVI y principios del XVII, “Hamnet” y “Hamlet” aparecen como dos grafías intercambiables del mismo nombre. Entonces, ¿podría Hamlet ser realmente un homenaje al hijo fallecido del autor?
A partir de esta incógnita, O’Farrell teje una historia en la que arroja luz sobre estas tres figuras: Shakespeare, en sus desconocidos papeles de padre y marido; Hamnet, el hijo que pudo inspirar una de las grandes obras de la literatura inglesa y, sobre todo, Agnes, la madre que llora su muerte.
Premios, recepción y adaptación
Entre 2020 y 2021, Hamnet se consagró como un fenómeno literario, recibiendo, entre otros galardones, el Premio de Ficción Femenina y el Premio Literario Dalkey.
Su impacto llevó a que su adaptación teatral se estrenara en 2023 en el icónico Swan Theatre de Stratford, antes de llegar a Londres en 2024. Esta trayectoria culminó en su reciente versión cinematográfica, basada en un guión que la propia O’Farrell coescribió con la directora ganadora del Oscar Chloe Zhao.
La película se convirtió en una de las grandes protagonistas de la temporada, destacando en las nominaciones a los Premios de la Crítica de Cine, los Globos de Oro y los Oscar. Hamnett ha ganado hasta ahora los Globos de Oro a la Mejor Película Dramática y a la Mejor Actriz en una Película Dramática.
El dolor de una madre
En Hamnet, O’Farrell rompe el tabú de la muerte infantil y confronta el malestar cultural que la rodea. Si bien la novela nos invita a caminar junto a Agnès, compartiendo sus pensamientos y sentimientos, la película busca que el espectador sienta su dolor casi en primera persona.
La pérdida de un hijo se presenta no sólo como una tragedia que afecta a toda la familia, sino también como un proceso que redefine la psique de la madre. Agnes, en ambas versiones, se presenta como un espíritu libre que concilia su trabajo como curandera con las exigencias domésticas de su papel de esposa. Sin embargo, la muerte de Hamnet a causa de la plaga destruye esa identidad y la sume en un profundo dolor y una tormenta de culpa alimentada por una sociedad que espera que las madres controlen todo.
El trabajo de O’Farrell nos recuerda que el sufrimiento materno a menudo se vuelve invisible detrás de una idealización social que requiere que las madres anticipen y prevengan intuitivamente cualquier daño. También muestra magistralmente cómo Agnes atraviesa las etapas del duelo, tal como las definen Elizabeth Kubler Ross y David Kessler (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), convirtiendo una tragedia privada en una experiencia universal.

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Estas diferentes etapas están claramente delimitadas en la novela, y O’Farrell describe vívidamente cómo Agnes vive alejada de la realidad, en un limbo donde el tiempo está suspendido y ella perdida. Sin embargo, la película no profundiza tanto en ese proceso o el dolor como en la fuerza alienante que fragmenta la identidad.
El libro enfatiza su soledad y aislamiento: la vemos descuidar su apariencia, evitar el contacto social, encontrarse en un silencio doloroso y retirarse de su vida cotidiana, como si ya no perteneciera a su hogar o habitara plenamente el mundo real.
En cambio, la adaptación cinematográfica pone especial énfasis en cómo la depresión de Agnes se ve exacerbada por la ausencia de su marido. Incapaz de soportar el peso de Stratford, huye a Londres y se refugia en su trabajo como actor y dramaturgo.

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Aquí O’Farrell, en ambas obras, muestra que puede haber una diferencia de género en el duelo por la pérdida de un hijo. La madre soporta la peor parte de la culpa y la carga emocional. El padre, mientras tanto, permanece física y emocionalmente ausente; tan ausente como su nombre, que no se revela a lo largo de la novela. O’Farrell justificó la decisión de no citar nunca a William Shakespeare aludiendo a su deseo de centrarse en el personaje de Agnes y que sus lectores vieran a Shakespeare no como el escritor famoso que todos conocemos, sino como un padre y marido.
El éxito que mantiene en gran medida la adaptación audiovisual: el nombre del dramaturgo permanece en la sombra hasta los últimos quince minutos. Esto permite que el público lo perciba como el padre ausente y a Agnes como el verdadero corazón de la historia durante casi toda la película.
Sin embargo, ambas versiones finalmente conectan el vacío dejado por la muerte de Hamnet con el nacimiento de Hamlet, un puente que permite al autor afrontar la muerte de su hijo y mostrar su manera de procesar el duelo a través del arte.
Así, el teatro es también el lugar donde Agnes, al ver la actuación de su marido, llega a una etapa de aceptación, se da cuenta de que su marido ha pasado por el mismo dolor que ella y finalmente se “reencuentra” con su hijo.

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