Recientemente, el Gobierno de Estados Unidos anunció que revisará la evidencia sobre los posibles efectos en la salud de la radiación emitida por los teléfonos móviles. Al mismo tiempo, las páginas del sitio web oficial de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) que incluían la evidencia científica más reciente y sólida desaparecieron o fueron modificadas, lo que indica que no hay riesgos para la salud.
El hecho de que se anuncie una nueva revisión científica no es un problema en sí mismo. Al contrario: la consideración de la evidencia es una parte esencial del método científico. La preocupación surge del historial de quien hizo el anuncio, el actual funcionario de salud estadounidense, Robert F. Kennedy Jr., campeón de la cruzada anticiencia. Y ahí es donde la preocupación deja de ser técnica o científica y se vuelve política, basada en la desinformación a la que ya estamos acostumbrados.
Qué se eliminó (y qué quedó) en el sitio web de la FDA
Durante años, el sitio web de la FDA ha mantenido páginas informativas sobre teléfonos móviles y radiación de radiofrecuencia con un mensaje central muy claro: la totalidad de la evidencia científica disponible no ha relacionado el uso habitual de teléfonos móviles con problemas de salud, incluido el cáncer.
Fueron textos acertados, basados en décadas de investigación, alineados con el consenso científico internacional y en consonancia con lo que sostienen organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos o las agencias reguladoras europeas.
Además: el 5G tampoco nos matará
Estos textos no han sido sustituidos por nuevos datos ni resultados científicos actualizados: han desaparecido. Si bien se mantiene la estructura general del sitio, los enlaces que brindaban acceso a las distintas secciones temáticas ahora redirigen a la página de inicio, que muestra una fecha de actualización del 13 de mayo de 2021.
Esas secciones eliminadas, que pueden consultarse en web.archive.org, incluían mensajes claros como: “el peso de casi 30 años de evidencia científica no ha relacionado la exposición a la radiación de los teléfonos móviles con problemas de salud, incluido el cáncer”; “Las pruebas científicas actuales no muestran ningún peligro para los usuarios de teléfonos móviles, incluidos niños y adolescentes”; “La exposición a ondas de radiofrecuencia en o por debajo de límites seguros no causa problemas de salud”, o que los límites actuales establecidos por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) “siguen siendo aceptables para la protección de la salud pública”. También ofrecieron recomendaciones para reducir la exposición sólo como medida voluntaria y de precaución, no basada en un riesgo comprobado.
¿Hacer que Estados Unidos sea saludable? De nuevo
Según Reuters y el sitio web del consejo asesor especializado, la explicación oficial del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) no es que haya nueva ciencia que contradiga lo anterior, sino que se han eliminado páginas con “viejas conclusiones” mientras se promocionaba el nuevo estudio para identificar lagunas en el conocimiento, incluidas las tecnologías más nuevas. El retiro del mercado también está vinculado al eslogan Make America Healthy Again (MAHA) y a declaraciones anteriores que sugieren vínculos entre los teléfonos celulares, el daño neurológico y el cáncer, a pesar de la falta de pruebas contundentes.
Este matiz es crucial: no estamos ante una actualización científica transparente, con nuevas referencias y revisión externa, sino ante una decisión político-administrativa sobre lo que se muestra y lo que no se muestra en la web institucional.
El problema no es la reseña.
En los últimos años, la OMS ha impulsado hasta 11 revisiones sistemáticas, en las que han participado más de 90 científicos independientes de múltiples países, que han examinado más de 100.000 artículos sobre los posibles efectos de la radiación de los teléfonos móviles en la salud. La conclusión es clara: a niveles de exposición comunes, no hay evidencia de una relación causal con efectos adversos.
Pero el contexto es importante aquí, ya que no parece indicar una actualización basada en la evidencia recopilada por la OMS. El responsable último de esta reorientación es el ya mencionado Robert F. Kennedy Jr. Su historial público de confrontación del conocimiento científico es bien conocido: ha cuestionado reiteradamente la seguridad y utilidad de las vacunas, ha vinculado el paracetamol, el embarazo y el autismo, ha difundido mensajes alarmistas sin sustento empírico y ha promovido una década de sólidas investigaciones biológicas. Recientemente presentó una nueva pirámide alimenticia que contradice la evidencia científica y contiene claras contradicciones.
No estamos hablando de opiniones marginales. Son decisiones y discursos con un impacto directo en las políticas públicas y en la confianza de la población en la ciencia y las instituciones que deben proteger su salud. La historia de la salud pública muestra que la siembra estratégica de dudas cuando existe consenso científico ha seguido repetidamente a momentos en que la evidencia ha entrado en conflicto con agendas ideológicas o políticas.
El patrón se repite: donde hay consenso se siembra sospecha y lo que en realidad es desinformación institucionalizada se presenta como una “revisión crítica”. El resultado: se ha socavado la confianza en la ciencia y las instituciones, lo que inevitablemente tendrá consecuencias para la salud pública.
¿Qué podemos esperar?
Con este panorama, la retirada de contenidos de la FDA no se produce en un país que siempre ha apostado por la ciencia, sino en un país que ya está inmerso en una reacción política contra la ciencia. Aunque las motivaciones expuestas puedan ser diferentes, el mensaje que se desprende al final es peligroso: “si lo quitaron, será porque ocultaban algo. El riesgo no está en un nuevo estudio sobre radiación, sino en convertir la sospecha infundada en política oficial. La ciencia no es infalible, pero hay algo que la distingue de la ideología: se corrige con datos, no con eslóganes”.
Cuando se eliminan textos basados en evidencia sin ofrecer nada a cambio, la población queda desprotegida, más expuesta. Y esta vez no con radiación, sino con desinformación.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

