El harén político: Fatema Mernissi y el feminismo islámico

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La socióloga y escritora marroquí Fatema Mernisi (1940-2015), Premio Príncipe de Asturias de las Letras, es una de las figuras más influyentes del feminismo árabe contemporáneo. Su trabajo analiza los mecanismos históricos, sociales y políticos que colocaron a las mujeres en posiciones subordinadas en las sociedades musulmanas.

Mernissi es ampliamente citada por una de sus críticas más famosas a Occidente, particularmente a los cánones de belleza dominantes. En The Harem in the West, sostiene que el harén no debe entenderse sólo como una institución física propia de las sociedades islámicas, sino que en otros contextos culturales existen formas de confinamiento simbólico que limitan la autonomía de las mujeres. Entre ellas, cita la presión ejercida por los estándares estéticos –a menudo resumidos en la obsesión por la talla 38– como ejemplo de un sistema de control sobre el cuerpo femenino que opera de manera igualmente restrictiva.

Estudio de fuentes normativas.

Sin embargo, además de esta conocida crítica, una parte relevante de su obra se centra en analizar las fuentes del Islam y cómo han sido utilizadas para legitimar la desigualdad de género.

En el harén político. El profeta y las mujeres, Mernissi adopta un enfoque histórico-crítico poco habitual en la época dentro de los estudios islámicos y de género. Su objetivo no era elaborar una teología alternativa ni ofrecer una exégesis completa del Corán, sino examinar los procesos de construcción de la autoridad religiosa. Para ello, se centra en particular en los hadices –historias que transmiten dichos y acontecimientos atribuidos al profeta Mahoma– que, junto con el Corán, forman una de las principales fuentes normativas de la tradición islámica.

Mernisi analizó críticamente algunos hadices que justifican la exclusión de las mujeres de la esfera pública, estudiando el contexto político en el que son transmitidas y canonizadas utilizando herramientas de la propia tradición islámica junto con métodos historiográficos contemporáneos.

Su tesis no era que toda tradición sea inválida, ni que las colecciones canónicas no tengan valor, sino que los textos individuales deben leerse a la luz de las luchas políticas de los primeros siglos del Islam.

Desde esta perspectiva, la subordinación de las mujeres no sería un mandato inmutable de la revelación, sino más bien el resultado de procesos históricos en los que la autoridad religiosa se entrelazó con los intereses de poder. En esta línea, Mernisi habla de “hadiths misóginos”: historias que sirvieron para legitimar la desigualdad. Su pregunta básica es clara: ¿contenía el Islam en sus orígenes un marco ético más igualitario que fue progresivamente limitado por interpretaciones patriarcales posteriores?

El resultado fue novedoso y revolucionario, ya que desafió la autoridad de ciertas fuentes sagradas. Incluso se atrevió a cuestionar el origen del propio hijab y a cuestionar el proceso de construcción de una ortodoxia en torno a esta prenda, que con el tiempo se convirtió en un símbolo de la identidad musulmana. Mernisi vuelve a culpar a los exégetas y concluye que su “fetichización” corresponde a los mismos intereses que exigen el sometimiento de las mujeres.

Un fenómeno histórico específico

Mernisi suele participar en el llamado feminismo islámico. Esta corriente intelectual cree que los principios éticos del Islam son compatibles con la igualdad de género y propone la interpretación de las fuentes religiosas desde esa perspectiva.

Es cierto que su obra comparte características con el feminismo islámico: cuestiona las interpretaciones patriarcales del Islam y muestra que la desigualdad no es inherente al texto revelado. En este sentido, abrió un campo de investigación que luego fue desarrollado por autoras que se definen explícitamente como feministas islámicas y que practican directamente la exégesis coránica en términos de género. Un ejemplo es su compatriota Asma Lamrabet, médica y escritora marroquí que desarrolló interpretaciones del Corán que defienden la igualdad de hombres y mujeres en el marco islámico.

Sin embargo, el enfoque de Mernissi presenta diferencias importantes, ya que ella no se definió como teóloga ni articuló un proyecto de reforma legal islámica. Por ello, algunos autores señalan que su carrera cruza los límites entre el feminismo secular y el feminismo islámico, lo que dificulta clasificarla en esa categoría.

Esta diferencia se puede ver al comparar, por ejemplo, con iniciativas contemporáneas como Musawah, un movimiento internacional que se presenta como una red global por la igualdad y la justicia en la familia musulmana. Se trata de una organización que promueve explícitamente la reinterpretación (iitihad) de las fuentes jurídicas en un marco religioso y combina argumentos islámicos con estándares internacionales de derechos humanos para reformar las leyes de familia vigentes en muchos países de mayoría musulmana.

Sea como fuere, la contribución fundamental de Fatema Mernissa a los debates en torno a la desigualdad de género y el Islam fue mostrar que en contextos musulmanes, la subordinación de las mujeres no puede presentarse como un hecho natural, sino que es el resultado de fenómenos históricos específicos.

Su legado radica en el hecho de que introdujo la cuestión definitoria de la relación entre la subordinación de las mujeres musulmanas y la autoridad religiosa masculina. Al abrir la cuestión, sentó las bases para que otros pensadores desarrollaran lecturas igualitarias más sistemáticas y demostró que el debate sobre género y el Islam es un debate sobre historia, autoridad y política.


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