El plástico es inevitable, su desperdicio no

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El plástico forma parte de nuestra vida diaria porque tiene cualidades muy útiles. Es ligero, duradero, económico de fabricar y puede utilizarse en una amplia variedad de productos. Sin embargo, su éxito se convirtió en su perdición. La producción en masa, combinada con una mala gestión y su lento ritmo de degradación, ha extendido los residuos plásticos a todos los rincones del planeta.

La Unión Europea produce más de 2.200 millones de toneladas (Mt) de residuos cada año, de los cuales el plástico representa una pequeña parte. Sin embargo, el hecho de que prácticamente toda la población genere residuos plásticos cada día hace que su impacto sea muy visible y difícil de gestionar, especialmente en el caso de los envases, cuyo uso efímero aumenta la tasa de residuos.

Rastrear la cantidad de plástico que emitimos al medio ambiente es difícil debido a la falta de datos globales homogéneos. Si nos centramos en Europa (la Unión Europea junto con Suiza, Noruega y Reino Unido), donde las estadísticas son más consistentes, encontramos una producción de polímeros fósiles con destino a plásticos de poco más de 40 Mt.

Los datos más recientes disponibles muestran que el volumen de residuos plásticos canalizados a través de los sistemas oficiales de recogida anualmente es de 32,3 Mt, de los cuales aproximadamente la mitad se incinera y una cuarta parte acaba en vertederos. Descontadas las pérdidas, las exportaciones y los desperdicios que efectivamente regresan al ciclo productivo, queda una brecha de más de 20. Entre 8 y 10 Mt podrían corresponder al plástico acumulado en bienes duraderos que aún no se han convertido en residuos, como edificios o vehículos que seguimos utilizando. Sin embargo, incluso si se resta esta cifra, quedan sin explicar entre 11 y 13 Mt por año.

Plásticos en Europa. Datos tomados de varias fuentes, incluidas Plastics Europe y la Agencia Europea de Medio Ambiente. Los datos presentados se refieren al año 2022, el período más reciente con información relativamente completa disponible, e incluyen algunas estimaciones (Mt = millones de toneladas). Roberto Rosal, CC BI-SA

La conclusión lógica es que es precisamente este plástico el que se filtra al medio ambiente. Estos son los residuos que salen del sistema de tratamiento de aguas residuales, los microplásticos que se emiten por el desgaste de los neumáticos, las fibras textiles que se tiran de nuestra ropa o la basura que la lluvia ha arrastrado a los ríos. Como ocurre con cualquier otra actividad, es imposible reducir nuestro impacto a cero. Pero el modelo actual tiene enormes fugas y contenerlas es sostenible, aunque requiere cambios estructurales en la forma en que utilizamos y gestionamos este material.

Además: ¿podemos abordar el problema de la contaminación plástica sin eliminarla por completo?

Los límites del reciclaje y el desafío del diseño

El reciclaje de plástico enfrenta obstáculos económicos, logísticos y técnicos. El factor económico es fácil de identificar. Sin incluir impuestos, el coste del plástico virgen es inferior al del pellet reciclado, además de ofrecer mayor calidad. Las limitaciones logísticas se deben a la falta de infraestructura, algo que afecta especialmente a las regiones en desarrollo, donde el plástico a menudo ni siquiera llega a los vehículos de recuperación.

Las limitaciones técnicas se deben a que la mayoría de los productos están diseñados para ser funcionales, no para ser reciclados. El uso de materiales complejos, colores oscuros que no son detectados por los sensores, o la presencia de etiquetas y adhesivos, provocan el rechazo de gran parte del material. Incluso en aquellos que han sido reacondicionados, la mezcla de resinas incompatibles impide que se vuelva a producir el mismo producto.

Un caso paradigmático son los films alimentarios multicapa, estructuras flexibles formadas por la unión de dos o más capas de materiales para la conservación de alimentos frescos, congelados o envasados ​​al vacío. La imposibilidad de separar sus distintas hojas obliga a transformarlas en productos de escaso valor, como mobiliario urbano, sin posibilidad de retorno al ciclo de envasado.

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Algunos problemas que presentan los procesos de separación, clasificación y reprocesamiento durante el reciclaje mecánico de plásticos. Roberto Rosal, CC BI-SA

Reemplazar el plástico por vidrio o metal puede parecer una solución. Sin embargo, esta estrategia conlleva riesgos, ya que involucra materiales con una mayor huella de carbono e hídrica. Además, en sectores críticos como el sanitario o el alimentario, el plástico es indispensable para garantizar la asepsia y la conservación de los alimentos. Eliminar usos innecesarios o elegir plásticos biodegradables para sustituir a los convencionales en determinados usos son soluciones viables, aunque limitadas.

Muchas ventajas del ecodiseño

La forma más eficaz es el ecodiseño, que integra el final de vida desde la concepción del producto. Esto supone priorizar la reutilización (envases retornables) y la durabilidad para reducir residuos, además de reducir las materias primas sin perder funcionalidad. Un ejemplo de ello son las botellas de PET, que han reducido su peso hasta un 50% gracias a un mejor diseño y forma. Ante el difícil reciclaje de productos como el cartón, donde sólo se recuperan fibras de papel, Design for Disassembly (DfD) facilita la separación de materiales limpios.

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El ecodiseño también se esfuerza por minimizar la liberación de microplásticos durante su uso. En el sector textil, favorecer tejidos densos y fibras largas reduce la caída durante el lavado. En los neumáticos, el desafío es reducir las emisiones de partículas debido a la abrasión, lo cual es un desafío cada vez mayor debido al aumento del peso de los vehículos. Este enfoque preventivo se ve reforzado por el Reglamento (UE) 2023/2055, que prohíbe la adición intencionada de microplásticos a productos como cosméticos, detergentes o fertilizantes.

Finalmente, es crucial evitar aditivos peligrosos, de acuerdo con el Reglamento REACH de la Unión Europea. La variedad de sustancias químicas agregadas a los polímeros es enorme, incluidos miles de compuestos, muchos de los cuales tienen perfiles toxicológicos incompletos o desconocidos. Dado que estos aditivos pueden migrar durante la vida útil y que su posterior extracción es inviable, es necesario actuar preventivamente desde la fase de diseño.

En definitiva, y dado que el reciclaje actual no consigue contener la fuga masiva de residuos plásticos y la sustitución directa tiene limitaciones prácticas y medioambientales, la solución pasa necesariamente por el ecodiseño. Sólo repensando los productos desde su origen, priorizando la durabilidad, el desmontaje y la seguridad, podremos cerrar sensatamente el ciclo del plástico y minimizar su impacto en el medio ambiente.


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