Por cada piña de agave azul (o maguey) que ingresa a las destilerías de Los Altos de Jalisco, México, las hojas se convierten en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40% del peso de la planta.
La mayoría de estos residuos se consideran una molestia, un problema medioambiental, un coste de eliminación. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro lleno de moléculas que valen su peso en oro.
Bagazo de agave: usos históricos
A partir de las fibras maceradas del agave o mágico, los aztecas elaboraban un papel muy parecido al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinia (1482-1569), cronista de la Nueva España, decía: “De la retama (maguei) se hace buen papel; la hoja es tan grande como dos de nuestras hojas…”.
Durante generaciones, parte de ese bagazo se ha utilizado para hacer abono, fabricar ladrillos, papel, alimento para animales y relleno para colchones. Pero estos usos no son suficientes ante la gran cantidad de residuos que se generan en la producción del tequila.
La fuente más moderna de energía y materiales.
En primer lugar, a partir del bagazo de agave se obtienen pellets de biomasa, pequeños cilindros compactos con un enorme poder calorífico. Su uso para la producción de energía representa para la empresa tequilera un ahorro de alrededor del 50% respecto al costo del combustible. En términos de huella de carbono, las emisiones se redujeron en un 37% en toda la cadena del tequila.
Además, el uso de pellets de agave permite un modelo circular: las cenizas de su combustión se utilizan como fertilizante orgánico.
Otra particularidad del bagazo es que sus fibras contienen nanocristales de celulosa, un biomaterial muy resistente, flexible y ligero. ¿El resultado? Ya se produce PolyAgave, un bioplástico elaborado a partir de fibras de agave, para elaborar productos biodegradables que se descomponen en meses sin dejar rastros tóxicos.
Y en 2022, un estudiante de biotecnología de la Universidad Autónoma de Guadalajara se preguntó si el bagazo podría usarse para limpiar agua contaminada. Sus experimentos demostraron que, cuando se procesa, funciona como una esponja molecular que atrapa contaminantes. En sus pruebas obtuvo un material bioabsorbente altamente eficaz para la purificación de agua contaminada con colorantes.
Del campo a la farmacia
En el ámbito de la salud, el bagazo contiene sapogeninas, materia prima para la producción de corticoides y hormonas esteroides utilizadas para tratar la inflamación, el asma y los trastornos hormonales. Además, está lleno de flavonoides y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.
Y si eso no fuera suficiente, el Grupo de Investigación de Bioproductos Sostenibles del Instituto de Tecnología de Monterey descubrió que el bagazo contiene prebióticos que alimentan la microbiota intestinal, reducen el azúcar en la sangre, crean saciedad y estimulan el sistema inmunológico.
Así, lo que antes se desechaba podría utilizarse para prevenir y tratar enfermedades.
La promesa de explotación
En los campos de agave azul que pintan el paisaje de Los Altos de Jalisco (México) como un océano de espadas de plata, el bagazo se acumula en cantidades que desafían la imaginación: más de 750.000 toneladas al año. Durante décadas, la mayoría terminó quemada, desechada o pudriéndose en los campos. Hasta ahora.
Los residuos agroindustriales deben considerarse como materia prima para otros procesos. El aprovechamiento del bagazo de agave incluiría su conversión en combustible sustentable, nanomateriales, compuestos farmacéuticos, prebióticos, bioplásticos y bioetanol, y dejaría de ser residuo orgánico para convertirse en nuevos materiales y fuente de riqueza para los productores.
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