El Tratado de Alta Mar: noticias esperanzadoras para la salud de los océanos

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Más del 60% del océano corresponde a las aguas de alta mar: aquellas fuera de las zonas jurisdiccionales de los países costeros. El resto, jurisdiccional, que ocupa un tercio del océano, está regulado desde hace tiempo. Pero la gobernanza de los países más alejados de la costa se ha debatido durante dos décadas y sólo recientemente se firmó el Tratado de Alta Mar.

La Convención sobre el Derecho del Mar, firmada en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado sobre Alta Mar se aplica sólo a las zonas económicas exclusivas de los países. Es decir, en aguas a más de 200 millas de territorios soberanos.

El Tratado BBNJ (según su sigla anglosajona) es el tercer acuerdo sobre la implementación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.

Ratificación y entrada en vigor

Como resultado de las reuniones celebradas anteriormente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor un nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina más allá de las Jurisdicciones Nacionales.

Más conocido como Tratado de Alta Mar, ha sido ratificado por 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se sumaron recientemente (septiembre de 2025) al número total de firmantes. Se convirtieron en los países número 60 y 61 en respaldar el acuerdo, lo que permitió que entrara en vigor lo firmado en junio de 2023.

El principal objetivo del acuerdo (que consta de 76 artículos divididos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre países y establecer un enfoque integral dirigido a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.

Por tanto, busca garantizar el uso de los recursos oceánicos en alta mar a un ritmo adecuado y de forma adecuada. Es decir, su uso no provoca una reducción (actualmente y a largo plazo) de especies animales y vegetales. Además, la distribución de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe realizarse de manera equitativa. Y eso creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.

Y Lira también: Por qué necesitamos más y mejores áreas marinas protegidas antes de 2030

Preocupaciones en el sector pesquero

En lo que respecta a la pesca, el artículo 10 del Tratado refleja claramente lo que se propone a este respecto. El acuerdo no pretende invadir las competencias de otras organizaciones internacionales en relación con la distribución de cuotas de pesca. Se centra principalmente en el cambio climático, la acidificación del mar, la contaminación y la explotación tecnológica.

Sin embargo, debido al propósito ambiental del pacto, es normal crear una posible fuente de incertidumbre sobre las posibles implicaciones pesqueras. Esto puede generar desconfianza entre los afectados.

El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. También pretende estar conectado para formar una red, un objetivo importante para lograr la protección del 30% de los océanos (el objetivo “30×30”) antes de 2030. Actualmente, sólo el 0,9% de las aguas del mar abierto están completamente protegidas.

Además: Proteger el 30% del océano no es suficiente

Barcos de pesca en Viveiro (Lugo). Raúl Villa Caro, CC BI-SA Implicaciones legales

Desde una perspectiva estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no contradicen la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, sino que la complementan en zonas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras regulaciones que estarán vigentes en mar abierto.

Además, el tratado crea un nuevo organismo para la conservación y gestión de la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será un foro especializado para su implementación.

Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Esto debe tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan “quien contamina paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, quien contamina está obligado a asumir su responsabilidad y se garantiza una distribución justa de los beneficios de los recursos marinos.

81 países lo incorporarán a su legislación

Tras su reciente entrada en vigor, el contrato pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.

El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países involucrados. Todos los países de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. Otros países de América Latina, África y pequeños estados vulnerables a la degradación de los océanos, como las Seychelles y las Islas Palau, también lo han hecho. Incluso China se unió al pacto.

Pero hay países que, a pesar de haberlo firmado, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de acceso desigual que determina el alcance real del contrato. En cualquier caso, la efectividad de su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más estados lo ratifiquen.


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