En España no falta electricidad, pero las infraestructuras para conectarla escasean

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En el universo de la película de ciencia ficción Dune, quien controla la única fuente de una sustancia vital conocida como “especia” gobierna el imperio. Esto no se debe a que sea el único recurso importante. Pero sin él nada funciona: ni la navegación interestelar ni el comercio entre planetas. En la película, el “especia” no es el objetivo final, sino el elemento que hace posible todo lo demás.

Algo parecido está sucediendo en la transición energética. El debate público suele centrarse en los paneles solares, las turbinas eólicas y los coches eléctricos. Sin embargo, el verdadero recurso crítico es mucho menos visible: la capacidad de la red eléctrica. En España, la noticia que acapara los titulares es que las renovables están batiendo récords. Pero deja de lado que este hito empieza a sufrir un problema de limitación del que pocos hablan: según los datos difundidos por el operador del sistema eléctrico, aproximadamente el 75% de los nodos de la red de transporte ya no pueden soportar la nueva demanda de electricidad.

¿Y qué significa esto? Electricidad no falta: lo que empieza a faltar es la infraestructura que permita conectarla.

Además: ¿Estamos frenando la transición energética en España?

La columna vertebral del sistema eléctrico.

La red de transmisión es la estructura básica del sistema eléctrico. Es responsable de conectar áreas de producción de energía con grandes centros de consumo. Es decir, alimenta ciudades, industrias y todo tipo de servicios. Para conseguirlo, consta de más de 45.000 kilómetros de líneas de alta tensión que funcionan principalmente a 220 y 400 kilovoltios.

Desde el punto de vista de la producción, el sistema eléctrico español cuenta con más de 129 gigavatios de potencia instalada (datos publicados por la red eléctrica el 31 de diciembre de 2024). Y de esta cantidad, el 66% corresponde a energías renovables. La capacidad de producción, por tanto, no es la principal limitación del sistema.

El desafío aparece en el segundo punto: la capacidad de conexión de la red. Las redes eléctricas tienen limitaciones físicas relacionadas con la capacidad de líneas, transformadores y criterios de seguridad que garantizan la estabilidad del sistema. Cuando se alcanzan estos límites en un nodo, no es posible conectar nuevas instalaciones sin reforzar primero la infraestructura existente.

¿Qué significa cuando la red está “llena”?

El funcionamiento del sistema eléctrico se basa en un mecanismo administrativo conocido como acceso y conexión. Cualquier instalación que quiera conectarse a la red (para producir electricidad o consumir grandes cantidades de energía) debe solicitar permiso en un punto determinado del sistema. Si en ese nodo hay capacidad disponible, el operador del sistema podrá conceder el acceso. Este permiso reserva capacidad en la red a medida que el proyecto avanza a través de las diversas fases administrativas y de construcción.

De esta forma se garantiza que el funcionamiento del sistema eléctrico sea seguro y estable. Sin embargo, también significa que la capacidad disponible puede estar en riesgo durante varios años mientras se desarrollan los proyectos. Actualmente hay decenas de gigavatios de potencia con permisos de acceso aprobados, que están asociados a proyectos industriales, energéticos o tecnológicos que aún no se han construido.

Si estos proyectos no alcanzan ciertos hitos administrativos dentro de los plazos establecidos por el decreto, los permisos caducan y la capacidad reservada se libera nuevamente. Por lo tanto, en los próximos años, cuando expiren muchos de estos plazos relacionados con los permisos emitidos a partir de 2020, parte de esta capacidad podría volver a estar disponible.

Y Lira también: ¿Las fuentes de energía renovables aumentan el riesgo de cortes de energía en la red eléctrica?

Electrificación e industria

La cuestión no es baladí. Cobra especial importancia en el contexto europeo. Las políticas climáticas promueven la sustitución progresiva de los combustibles fósiles por electricidad en sectores como el transporte, la climatización de edificios o numerosos procesos industriales. Evidentemente, este cambio incrementa la demanda de electricidad a medio y largo plazo.

Al mismo tiempo, están apareciendo nuevas actividades intensivas en el consumo de electricidad, como los centros de datos o la producción de hidrógeno renovable. Esto requiere grandes cantidades de energía y un acceso estable a la red. Y no es algo que ocurra en un “lugar muy, muy lejano”, como en los cuentos infantiles: España tiende a atraer algunas de estas inversiones gracias a su abundancia de fuentes renovables y a su capacidad de producir electricidad con bajas emisiones.

¿Y podemos atraerlos y retenerlos únicamente con fuentes de energía renovables en cualquier lugar geográfico del país? No. Para que estos proyectos se puedan realizar es necesario tener capacidad de conexión en la red eléctrica. Si esta capacidad no está disponible en ciertos territorios, las inversiones pueden retrasarse o transferirse a otras regiones con más infraestructura disponible. Esto significa que la red eléctrica se está convirtiendo en un factor cada vez más relevante en la competitividad industrial.

Un problema recurrente en muchos países

La congestión de la red no es un fenómeno exclusivo de España. Problemas similares ocurren en muchos países. Por ejemplo, en Estados Unidos, la cartera de proyectos energéticos que esperan ser conectados a la red supera con creces la capacidad eléctrica instalada actual.

En Europa, la expansión de las fuentes de energía renovables y la electrificación de la economía nos están obligando a repensar sistemas eléctricos que en gran medida fueron diseñados para el modelo energético del siglo XX. Durante décadas, el sistema eléctrico estuvo organizado en torno a un número relativamente pequeño de grandes centrales térmicas o nucleares. La electricidad se produjo en varios puntos y se distribuyó a los centros de consumo. Ahora las fuentes de energía renovables han cambiado esa lógica. Los parques eólicos y solares se instalan donde existen recursos naturales adecuados, lo que produce un sistema mucho más distribuido con flujos de electricidad más variables.

El desafío de la expansión de la red

Las redes existentes no siempre están dimensionadas para este nuevo patrón de generación y consumo. Así, en España el desarrollo de la red de transporte se planifica mediante ciclos regulatorios plurianuales. El plan de desarrollo de la red de transporte eléctrico 2021-2026 prevé inversiones de más de 7.000 millones de euros para reforzar la infraestructura eléctrica, integrar fuentes de energía renovables y mejorar la seguridad del sistema. Estas actuaciones incluyen nuevas líneas de alta tensión, ampliación de subestaciones y refuerzo de las interconexiones internacionales con Francia y Portugal.

Sin embargo, el desarrollo de infraestructura eléctrica es un proceso complejo. Esto requiere planificación a largo plazo, poderes administrativos y, en muchos casos, la construcción de infraestructura lineal que atraviese grandes extensiones de territorio. Esto significa que ampliar la red eléctrica suele llevar años.

Y leer también: El crecimiento de las fuentes de energía renovables: un desafío tecnológico para los sistemas eléctricos

El desafío invisible de la transición energética

Para los simples mortales, sin un conocimiento profundo de cómo funciona la red, la transición energética suele imaginarse como la aplicación de tecnologías visibles: parques solares, turbinas eólicas o vehículos eléctricos. Pero detrás de esta transformación hay una infraestructura mucho menos visible que es necesaria para que todo el sistema funcione.

Si volvemos a la comparación con el universo presentado en la película Dune, donde la especia sustenta todo el sistema político y económico, la capacidad de la red eléctrica puede convertirse en un recurso crítico que determina la velocidad real de la transición energética. Porque en una economía cada vez más electrificada, producir electricidad limpia es sólo una parte del desafío. El segundo consiste en construir la infraestructura necesaria para llevar esta electricidad a donde se necesita.


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