Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿realmente funciona?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
10 Lectura mínima

¿Alguna vez te has rascado el interior de la oreja y de repente has sentido ganas de toser? Eso es porque le has dado a tu nervio vago, el más largo de los nervios craneales, un pequeño empujón involuntario. Más recientemente, los investigadores están explorando formas de estimularlo para que afecte al sistema nervioso central. No se trata de un interés infundado, ya que interviene en una amplia gama de funciones cerebrales y corporales.

Al mismo tiempo, se ha convertido en una estrella de las redes sociales, donde abundan los consejos para mejorar su función a través de métodos como el yoga, el mindfulness, la exposición al agua fría y la técnica del tarareo (crear una especie de zumbido al exhalar), que se dice que alivian el estrés y la ansiedad.

Pero para entender lo que la estimulación del nervio vago puede y no puede hacer, primero debemos entender de qué estamos hablando.

Un maravilloso vagabundo

El nervio vago recorre ambos lados del cuerpo desde el tronco del encéfalo hasta el pecho y el abdomen, donde se ramifica como un viejo roble hasta las vías respiratorias (de ahí la posible necesidad de toser cuando se lo estimula), el corazón, los pulmones y el estómago. Su nombre proviene del latín vagus, que significa “errante”, porque literalmente deambula por el cuerpo.

Representación del nervio vago, que comienza en el cerebro y se ramifica a varios órganos del cuerpo. Akel_Kock/Shutterstock

Como parte importante del sistema nervioso parasimpático, ayuda a calmar el cuerpo después de una situación estresante: cuando se activa, ralentiza el ritmo cardíaco, reduce la presión arterial y señala que es seguro soltar el acelerador (la respuesta de lucha o huida) y cambiar a una marcha más tranquila (descansar y digerir).

Aunque parte de la información viaja a través del nervio vago desde el cerebro al cuerpo, la mayor parte del tráfico se dirige hacia arriba, transportando información sobre la inflamación, la digestión y el estrés continuo al cerebro. Esta comunicación bidireccional es importante y sirve principalmente para mantener la homeostasis, el proceso de autorregulación que mantiene la estabilidad en nuestro cuerpo.

Pero si el nervio vago es en gran medida automático y trabaja intensamente entre bastidores, ¿por qué necesitaríamos “estimularlo” para corregir el estrés u otras dolencias psicológicas?

¿Cómo se puede estimular el nervio vago?

Mucho antes de que el nervio vago se convirtiera en un tema de estudio candente y provocara debates en línea, los investigadores ya estaban explorando formas de estimularlo.

Uno de los primeros intentos documentados se remonta a la década de 1880. En aquella época se creía que la epilepsia era causada por un flujo excesivo de sangre al cerebro. Guiado por esta convicción, el neurólogo estadounidense Leonard J. Corning intentó reducir la actividad convulsiva mediante estimulación eléctrica del nervio vago. Corning pretendía ralentizar el corazón y limitar el flujo sanguíneo cerebral aplicando pulsos cortos en el cuello del paciente con un tenedor en forma de I.

Hoy en día, el nervio vago se puede estimular de dos formas. La más directa es el uso de un dispositivo implantado, similar a un marcapasos, que se coloca debajo de la piel con pequeños cables enrollados alrededor de un nervio. Debido a que requiere cirugía, suele reservarse para casos de epilepsia grave o depresión clínica que no han respondido a los tratamientos convencionales.

La mayoría de las investigaciones actuales se centran en técnicas no invasivas que utilizan dispositivos externos. Indoloras y fáciles de usar, estas herramientas han generado mucho interés en el campo de la salud mental y otros trastornos neurológicos. El tratamiento basado en ellos está incluso aprobado en Europa para el tratamiento de las cefaleas en racimos y las migrañas.

Los resultados iniciales son prometedores, pero contradictorios: algunos metanálisis informan beneficios, como una reducción de la intensidad de la migraña, mientras que otros encuentran efectos más limitados o inconsistentes.

Es importante destacar que, mientras se continúa trabajando para comprender quién puede beneficiarse de dicha estimulación, las investigaciones han demostrado que los dispositivos externos tienen un alto perfil de seguridad, que es una de las razones por las que se han convertido en un área de investigación tan activa.

En busca del equilibrio

Además de su uso establecido en la epilepsia y la depresión resistente, la estimulación del nervio vago se está explorando como una herramienta complementaria para tratar los síntomas relacionados con el estrés y regular el sistema nervioso autónomo.

El estrés es una parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve crónico conlleva un coste fisiológico. Su activación prolongada puede contribuir a una amplia gama de problemas de salud física y mental, como ansiedad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, sistema inmunológico debilitado y deterioro general de la salud mental.

Ésta es una de las razones por las que el nervio vago ha atraído tanta atención tanto en la medicina como en la cultura de la salud: desempeña un papel clave en el restablecimiento del equilibrio autónomo. Al disminuir la frecuencia cardíaca y atenuar la respuesta de lucha o huida, ayuda al cuerpo a volver a un estado más tranquilo y ordenado.

El interés está doblemente justificado. En primer lugar, la estimulación de nuestro protagonista afecta a la actividad de regiones cerebrales necesarias para la regulación emocional, como la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. En segundo lugar, puede afectar la liberación de sustancias químicas como la noradrenalina, la serotonina y la acetilcolina, que son esenciales para el estado de ánimo, la atención, la estabilidad emocional y el control muscular.

Aunque la evidencia de la reducción directa del estrés es positiva, cabe señalar que el estrés en sí es difícil de cuantificar de manera confiable.

Estimulación del nervio vago y función cardiovascular.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el nervio vago actúa como el principal freno del corazón, oponiéndose a la excitación simpática tras el estrés.

Los investigadores suelen utilizar la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), la fluctuación natural en el tiempo entre latidos, para indexar esta capacidad reguladora. Una VFC más alta normalmente refleja un sistema autónomo más resistente y adaptativo. Debido a que el nervio vago contribuye a esta variación, la VFC a veces se toma como un indicador del “tono vagal”.

Sin embargo, este parámetro está determinado por muchos factores, como el patrón respiratorio, la edad, la condición física y el estado emocional, por lo que su interpretación debe ser cautelosa. Sin embargo, algunos hallazgos son prometedores. Un estudio reciente informó que la estimulación del nervio vago mejoraba la regulación cardiovascular en personas con trastorno de estrés postraumático, aunque muchos otros ensayos muestran sólo efectos modestos o nulos.

Estimulación en casa, ¿funciona?

En cuanto a las prácticas enumeradas al principio del artículo, muchas no estimulan directa o específicamente el nervio vago, sino que generalmente activan el sistema nervioso parasimpático. Por esta razón, a menudo se describen como formas de “resetear” el nervio vago y promover un estado de calma.

Este creciente interés público ha sido destacado por artículos recientes que explican cómo tales comportamientos pueden afectar indirectamente la actividad vagal sin representar una estimulación nerviosa específica. Sin embargo, aún se desconoce si los efectos son equivalentes a los de la estimulación clínica del nervio vago.

Además, las prácticas diarias como la respiración lenta y profunda, el yoga y las técnicas de relajación son sin duda efectivas para ayudar al cuerpo a relajarse, promover estados de calma y ofrecer un respiro de las constantes exigencias de la vida cotidiana.

director de orquesta

Después de todo, el nervio vago desempeña un papel central en el mantenimiento del equilibrio del cuerpo, conectando el bienestar físico y emocional. Al igual que un director de orquesta que dirige una orquesta, ayuda a que diferentes sistemas trabajen juntos en un ritmo común.

La estimulación del nervio vago puede resultar útil en determinados contextos clínicos. Al mismo tiempo, las actividades diarias como la respiración controlada, la atención plena, el yoga y el sueño constante tienden a tener un impacto importante en la regulación del estrés, ya que promueven estas mismas vías de relajación.


Descubre más desde USA Today

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA Today

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo