Fuera de la vista: ‘Sorda’, ‘Sirat’ y el poder del sonido del cine

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Las dos películas españolas más relevantes de 2025, Sorda de Eva Libertad y Sirat de Oliver Laxé, han situado el sonido en el centro de su desarrollo, hasta el punto de que esta última también está nominada al Oscar al Mejor Sonido. Son obras muy distintas, pero en ambas el tratamiento sonoro ocupa un lugar estructural.

La dimensión sonora es inherente al lenguaje cinematográfico y su relevancia narrativa, expresiva y sensorial es incuestionable. Cuanto más sólido es el proyecto y más riguroso el trabajo escénico, más atención se presta al diseño sonoro y a su potencial expresivo.

Sin embargo, la atención consciente del espectador al plano sonoro es aún menor que la que presta al plano visual. A menudo se dice que el público sólo nota el sonido cuando es malo. También vale la pena recordar que sólo en el cine, con las condiciones acústicas y técnicas para las que fue diseñada la película, se puede apreciar plenamente su experiencia sonora. Para ese entorno se diseñó un meticuloso y costoso trabajo de diseño, edición y mezcla. En el ámbito doméstico, lo que escuchamos es necesariamente una versión reducida de esa parte.

¿Estás seguro de que una imagen vale más que mil palabras?

Pocas frases están tan manidas como aquella que asegura que “una imagen vale más que mil palabras”. Una palabra, un silencio, una melodía o una atmósfera sonora pueden tener el mismo poder estético que cualquier imagen. El valor narrativo o expresivo de un elemento visual o sonoro no depende de la cantidad de estímulo ni de su espectacularidad, sino de su relevancia en el proceso comunicativo.

Nuestra experiencia diaria lo confirma: la audición es necesaria para la percepción del mundo. El oído construye espacio, anticipa presencia, genera memoria y activa emociones.

Cuando el sonido habló

La llegada del sonido sincronizado en 1927 transformó radicalmente la historia del cine. El cambio afectó a las profesiones creativas (guionistas, intérpretes, directores, músicos) y a los oficios técnicos y de producción. Desde entonces, no bastaba con controlar la luz: también era necesario dominar la grabación y edición de sonido. La infraestructura ha cambiado y la experiencia del espectador se ha transformado.

Con una banda sonora -compuesta de palabras, efectos, atmósfera, música y silencio- el control emocional ha adquirido una precisión sin precedentes. El montaje incorporó nueva instrumentación expresiva que amplió las posibilidades de significado. No había vuelta atrás. Incluso los cineastas que optaron por películas prácticamente “sin voz”, como Jacques Tati, Michel Hazanavicius o Pablo Berger, utilizaron el sonido de forma extremadamente creativa.

Desde entonces, la cuestión no es si el sonido es importante, sino cómo se integra en la construcción del significado.

‘Sordos’ y la quiebra del punto de escucha

Sorda, escrita y dirigida por Eva Libertad y protagonizada por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, se estrenó en la sección Panorama de la Berlinale en febrero de 2025. La protagonista de la película es Ángela, una mujer sorda que afronta el shock vital de la maternidad junto a su compañero oyente Héctor. Con este punto de partida, la percepción del sonido se sitúa en el centro de la experiencia.

Ángela nos pone en la situación de quienes debemos “escuchar con los ojos”. En su rostro se ve la dificultad de seguir el ritmo comunicativo de las personas oyentes. El orden de nacimiento, con muchas personas hablando al mismo tiempo, incluso con mascarillas, cobra una especial intensidad. Asimismo, la sobremesa con los asociados de Héctor es agridulce. Leer los labios no es suficiente; Los audífonos causan molestias. En escenarios auditivos, el personaje encarna una fricción constante, ya sea por sobreprotección o por una falta de atención inconsciente.

Durante la primera mitad, la película apela a la empatía del espectador, dirigiendo su mirada hacia situaciones que demuestran la entrañable complicidad de la protagonista y las actitudes empoderadoras de Ángela.

Sin embargo, la sensación de seguridad del protagonista se deteriora y en la última parte se produce una ruptura decisiva: se rompe el “punto de escucha”, para utilizar el término del teórico Michel Chion. De repente, el espectador se sitúa en la perspectiva auditiva de Ángela. La operación desestabiliza la narrativa y convierte el silencio en una experiencia física. No es una mera ausencia de sonido, sino un cambio de percepción que lleva al observador que escucha a una experiencia sensorial que lo reconecta con el Ángel.

La decisión es arriesgada porque cambia la comodidad de la historia y expone al espectador a una percepción que le resulta extraña. El sonido –o su supresión– se convierte así en una herramienta ética y estética.

‘Sirat’: Una (fuerte) voz llora en el desierto

Sirat, dirigida por Oliver Laxé a partir de un guión que coescribió con Santiago Filol, se estrenó en la selección oficial del Festival de Cannes en mayo de 2025. En su viaje por el desierto, la película reúne a un grupo de ravers y a un padre que, acompañado de su hijo pequeño, busca a su hija. Un destino común es un delirio perdido entre Marruecos y Argelia. A medida que avanzan, los vehículos, con sus pasajeros, se alejan.

En este viaje hacia afuera y hacia adentro, el sonido construye espacio e historia tanto como imagen. En puntos decisivos de la trama, como el momento en que un grupo de vehículos decide escapar de una escolta militar, la realidad resuena en su crudeza y sencillez. El ruido de los motores, las bocinas y el roce de los neumáticos en caminos rocosos ofrecen un espectáculo épico junto con imágenes de camiones de carreras envueltos en una nube de arena.

Además, el meticuloso diseño de sonido de la película entrelaza orgánicamente esos sonidos ásperos del entorno hostil con la música de trance y drones creada por Kangding Ray. Al comienzo de la película, los altavoces abren la puerta a la música techno y nos obligan a compartir explícitamente el trance de los participantes en la rave. A partir de ese momento, los parlantes acompañan a los protagonistas en su recorrido y contribuyen a la presencia de la música que fluye entre lo diegético (lo que sucede en la película) y lo extradiegético (lo que sucede sólo para el público) hasta el desenlace.

Esto es lo que ocurre en momentos tan fascinantes como el que nos hace movernos entre las sensaciones místicas de los fieles musulmanes dando vueltas alrededor de la Kaaba (en La Meca) y los camiones rodando por el desierto como aparece el título de la película alrededor del minuto 29.

La experiencia sonora de Sirat, por tanto, articula intensas sensaciones físicas, con emociones viscerales y momentos de shock, contribuyendo decisivamente a convertir el viaje en una experiencia mística y trascendental.

Cine desde la escucha

Sorda y Sirat sitúan la sensibilidad auditiva en el centro de la experiencia cinematográfica. En ambos casos, el dispositivo sonoro forma parte de la historia y se expresa explícitamente, convirtiéndose en una herramienta imprescindible para que cualquier película alcance sus objetivos.

Sorda trata de que el espectador reconozca otras formas de experimentar el mundo y contribuya a expandir (y hacer más inclusivo) nuestro ecosistema comunicativo.

En Sirat, el sonido nos hace participar emocional y espiritualmente del viaje de los personajes. Los ritmos repetitivos de la música se fusionan con la realidad y crean una atmósfera que, en respuesta al impacto emocional del evento, invita a una tranquila introspección.

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