Con el anuncio del gobierno español sobre la regulación de los inmigrantes que lleguen al país antes del 31 de diciembre de 2025, vuelve una pregunta que parece sencilla, pero que esconde una trampa lógica: ¿la gente inmigra a España porque su economía crece, o la economía española crece por la llegada de inmigrantes?
Para obtener la respuesta, los datos históricos de 1960 a 2025 ofrecen claves importantes para la explicación. Cuando se cruzan los saldos migratorios netos (la diferencia entre el número de personas que entran y el número de personas que salen) con el crecimiento del PIB durante seis décadas, vemos que la inmigración es una consecuencia del ciclo económico, no su causa. Pero esto no significa que este fenómeno vaya a ser irrelevante para el futuro de la economía española.
Cuando los españoles se fueron
Durante los años sesenta se vivió el milagro económico español. En un auge económico espectacular, el PIB creció a tasas superiores al 7% anual. Sin embargo, si miramos las cifras de migración en ese momento, vemos que España no atraía inmigrantes. Al contrario, los españoles se marchaban. Cientos de miles de españoles emigraron a Alemania, Suiza, Francia y Bélgica en busca de mejores salarios y oportunidades.
¿Porque? Porque aunque la economía creció, el crecimiento no se tradujo en salarios competitivos a nivel europeo ni en empleos de suficiente calidad. Mientras la economía aumentaba el PIB, la fuerza laboral disminuía. Este patrón es la evidencia más clara de que la migración es una consecuencia de la situación relativa y los ciclos económicos del país, más que su fuerza impulsora. Las personas no responden al PIB nacional promedio, sino a sus capacidades personales.
Crecimiento económico y migraciones en España 1960-2025. 1960-2022: Datos históricos basados en el Instituto Nacional de Estadística (INE). 2023 (final): Datos finales publicados por el INE. 2024-2025 (Estimaciones): Proyecciones del INE sobre saldo migratorio y previsiones de consenso (p. ej. Banco de España, FMI), CC BI-NC Gran cambio: de emigrantes a inmigrantes
El cambio de rumbo se produjo a finales de los años noventa. Entre 1998 y 2007, España vivió lo que podríamos llamar un gran boom económico. El crecimiento fue fuerte y prolongado. Luego los flujos migratorios se revirtieron dramáticamente. El saldo migratorio neto (la diferencia entre llegadas y salidas) se ha disparado. A principios de la década de 2000, España registraba inmigrantes netos de entre 300.000 y 600.000 personas al año. ¿la razón? La economía estaba creciendo, había demanda de trabajo en sectores como la construcción, la restauración y los servicios. Los inmigrantes llegaron no porque alguien los trajera, sino porque sus redes informales -amigos, familiares- les decían que había trabajo en España.
Es importante señalar aquí que también hubo cambios legislativos importantes en esos años. Entre 1991 y 2000, España implementó legalizaciones extraordinarias de trabajadores extranjeros que ya se encontraban en el país de manera irregular. Los procesos de regularización de principios de siglo, ligados a la Ley de Extranjería aprobada en 2000, permitieron la legalización de cientos de miles de personas que ya vivían en España. Esto explica algunos de los fuertes saltos en las estadísticas oficiales de inmigración. Pero estas cifras reflejan principalmente la transición de la irregularidad a la regularidad de una población que ya estaba aquí.
Crisis: cuando se invirtió la corriente
Luego llegó 2008 y la gran recesión. El PIB cayó con una caída de dos dígitos. El desempleo se ha multiplicado. Y los flujos migratorios volvieron a revertirse. Entre 2012 y 2014, la balanza migratoria pasó a ser negativa. Salieron más personas de España de las que entraron. Decenas de miles de inmigrantes que llegaron en los años del boom se marcharon, en su mayoría a sus países de origen o a otros países europeos. Al mismo tiempo, los jóvenes españoles emigraron en busca de las oportunidades que la crisis les quitó.
Este patrón no es anecdótico. Es una confirmación de que la inmigración corresponde a ciclos económicos reales. Cuando hay trabajo, la gente viene. Cuando no lo hace, se marcha.
La recuperación y el dilema actual
A partir de 2015 la economía española se recuperó. Y con ello volvió la inmigración neta positiva. Desde entonces, el saldo migratorio ha ido registrando cifras cada vez mayores. En 2022-2023, España registró inmigrantes netos entre 500.000 y 600.000 personas al año.
La pregunta política que esto ha planteado se plantea en la web: “¿La economía crece porque vienen inmigrantes, o los inmigrantes vienen porque la economía crece?” Hay una pizca de verdad en ambas afirmaciones, pero la pregunta está mal formulada.
Históricamente, la inmigración ha sido una consecuencia de las oportunidades económicas, no su causa directa. Pero en el contexto demográfico actual de España -una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, una población que envejece, una pirámide de edad invertida- la llegada de inmigrantes se ha vuelto estructuralmente necesaria.
Expliquemos por qué.
Cuando la inmigración se vuelve necesaria
España tiene un grave problema demográfico. La tasa de natalidad es una de las más bajas de la OCDE. Cada mujer española tiene una media de 1,1 hijos. Para mantener una población estable, 2.1. Sin inmigración, la población activa de España –aquellos que crean riqueza, pagan impuestos y apoyan la seguridad social– comenzaría a reducirse en términos absolutos.
Las consecuencias son claras. Una población activa más pequeña significa que menos trabajadores contribuyen a la seguridad social para apoyar el sistema de pensiones de una población que envejece. Esto significa menos demanda interna, menos consumo, menos actividad económica. El crecimiento económico de los países está directamente relacionado con la población en edad de trabajar. Y en España, sin una inmigración neta positiva, esa población simplemente no existirá.
Así, si bien históricamente la inmigración fue una consecuencia de la prosperidad, hoy es una condición para su mantenimiento. La economía sigue atrayendo inmigrantes porque tiene oportunidades que ofrecer. Pero esos inmigrantes ahora son estructuralmente necesarios para que esas oportunidades sigan existiendo.
El verdadero indicador: cuándo preocuparse
Así que volvamos a la pregunta original, reformulada: ¿Es la inmigración un motor o un barómetro de la economía?
La respuesta es ambas. Es un barómetro porque reacciona con sensibilidad a los ciclos económicos. Se muestra en seis décadas de datos: cuando la economía funciona, la gente viene; Cuando se detiene, desaparecen.
Pero también es un motor porque, en el contexto actual, la población inmigrante es la que hace que el crecimiento económico español sea sostenible en el largo plazo. Sin esta sustitución de la población activa, la espiral demográfica de España sería inexorablemente peor.
La verdadera alarma no es que estén llegando muchos inmigrantes a España: es que dejan de llegar. Sí, sería preocupante que el saldo de la migración neta se detuviera o disminuyera significativamente. No porque la inmigración sea un “problema” para España, sino porque sería una prueba de que España ha dejado de ser atractiva para los trabajadores, nacionales o internacionales. Y eso sería un síntoma de una economía en decadencia terminal.
Conclusión: un debate necesario
España necesita un debate sobre la inmigración que se base en datos, no en creencias y estereotipos. Las cifras muestran que la inmigración es una consecuencia natural de los ciclos económicos, no es ningún misterio. Pero también muestran que en la España actual esta inmigración es una necesidad demográfica y económica.
Así que la verdadera pregunta no debería ser si la inmigración causa o es causada por el crecimiento. La pregunta debería ser: ¿cómo gestionamos e integramos la inmigración de una manera que beneficie a todos? Y antes de eso, ¿cómo podemos mejorar la cohesión social y la igualdad de oportunidades en un país que necesita inmigrantes, pero que también alberga a millones de personas que se sienten abandonadas?
Éstas son las preguntas que las cifras sugieren que debería plantearse la sociedad española.
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