La ansiedad preoperatoria es ese estado de nerviosismo, miedo o preocupación intensa que se produce cuando el paciente espera la cirugía, la anestesia y la recuperación. Este no es un detalle menor: se asocia a más dolor tras la cirugía, más consumo de analgésicos, peor recuperación funcional e incluso más complicaciones. En consecuencia, podríamos pensar que se trata de un fenómeno predicho por los profesionales de la salud. Sin embargo, en muchos casos este malestar pasa desapercibido.
Los profesionales sanitarios se centran en aspectos técnicos como el tipo de anestesia, el riesgo quirúrgico y las pruebas preoperatorias, mientras que el componente emocional queda en un segundo plano. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que este componente puede tener un efecto decisivo en la recuperación. Mente y cuerpo no están separados en el quirófano y eso es algo que debemos tener en cuenta.
Ansiedad antes de la cirugía de juanete
En cirugías menores o mínimamente invasivas esta influencia también existe. Un paciente muy ansioso suele tener más dolor, una peor experiencia general y le resulta más difícil seguir las recomendaciones de rehabilitación. Además, suelen interpretar cualquier malestar como una señal de alarma, lo que crea un círculo vicioso de preocupación y tensión física. Detectar esta ansiedad nos permite intervenir a tiempo con información, apoyo y, cuando sea necesario, tratamiento psicológico o farmacológico.
Un estudio reciente sobre cirugía mínimamente invasiva para el hallux valgus (comúnmente llamado juanete) evaluó la ansiedad preoperatoria en la consulta en 80 pacientes. Se encontró que el 36% presentaba ansiedad antes de la operación, cifra significativa para una cirugía que se considera rutinaria.
El artículo señaló que los pacientes que se sometieron a una cirugía mínimamente invasiva tenían niveles más bajos de ansiedad que los que se sometieron a una cirugía convencional. Curiosamente, el 81 % pidió más información sobre el procedimiento, y quienes lo hicieron tenían 5 veces más probabilidades de informar ansiedad. Por el contrario, la familiaridad con el cirujano o la cirugía previa actuaron como factor protector.
¿Por qué sentimos ansiedad antes de la cirugía?
Los estudios de diversas operaciones coinciden en que la ansiedad previa a la intervención no responde a una única causa. Los factores más importantes son:
Características de la propia intervención. El mayor grado de dificultad de la propia operación, la duración prevista o el miedo a sus consecuencias aumentan la ansiedad. Las técnicas mínimamente invasivas suelen estar asociadas con menos preocupaciones.
Dolor y experiencia previa. Los pacientes con dolores intensos o malas experiencias previas tienden a estar ansiosos.
Perfil psicológico y características individuales. Una tendencia general a preocuparse y una menor tolerancia a la incertidumbre aumentan el riesgo de ansiedad.
Información y comunicaciones. La necesidad de saber exactamente “qué me van a hacer” es muy común. Cuando no se maneja bien, puede aumentar la ansiedad en lugar de reducirla.
Relación con el equipo sanitario. Conocer al cirujano, confiar en el equipo y sentir que había tiempo para hacer preguntas se asoció con menos ansiedad.
Este hallazgo refleja una paradoja común: a veces, cuanto más información se busca sin el apoyo adecuado, más dudas crecen. Internet, las redes sociales y los foros pueden ofrecer experiencias subjetivas (y a menudo negativas) que refuerzan el miedo del paciente en lugar de disiparlo.
La clave no está en aportar más información, sino en ofrecerla de forma clara, comprensible y personalizada.
La ansiedad es normal: el problema es su intensidad
A pesar de su importancia, la ansiedad preoperatoria todavía no ocupa un lugar destacado en los protocolos de evaluación quirúrgica. Los tiempos difíciles, la presión asistencial y las prioridades de los aspectos clínicos objetivos hacen que las emociones queden relegadas a un segundo plano. Sin embargo, abordarlos no sólo mejora el bienestar del paciente: también puede optimizar los resultados quirúrgicos y reducir los costos de atención médica.
No debemos pasar por alto que entre el 85% y el 93% de los pacientes presentan algún grado de ansiedad antes de la cirugía. El desafío es identificar aquellos con mayor intensidad de ansiedad.
La buena noticia es que la ansiedad preoperatoria se puede evaluar y abordar fácilmente. Las medidas incluyen proporcionar información clara, evitar detalles técnicos y aclarar dudas sobre la anestesia, el dolor esperado y la recuperación. También es importante identificar los perfiles de mayor riesgo y derivarlos a apoyo psicológico. Finalmente, anime al paciente a conocer a su cirujano y tener una referencia clara para desafiar sus miedos.
En el contexto de la cirugía, estos pasos son simples y económicos, lo que puede generar menos dolor, estadías hospitalarias más cortas y una experiencia quirúrgica más satisfactoria para el paciente.
En los últimos años, algunas especialidades, como la cirugía ortopédica y la anestesiología, han comenzado a integrar programas de educación preoperatoria y prehabilitación emocional. Estos espacios permiten a los pacientes conocer las etapas del proceso, expresar sus miedos y aprender estrategias de afrontamiento, como técnicas de respiración o manejo cognitivo de la preocupación. Los resultados iniciales son prometedores.
Reconocer que existe ansiedad, incluso en una simple cirugía de juanete, es el primer paso para abordarla con la misma seriedad que otras variables clínicas.
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