La IA puede traducir palabras pero no voces (historias)

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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“- Tú también te enfadarías si tuvieras una peluca como la mía”, continuó el Avispón. “Escogen a uno, y uno, al que no le gusta que le quiten la ‘peluca’, se enoja… ¡naturalmente! Y luego me da fiebre, me escondo debajo de un árbol y me congelo del frío. Y, para distraerme, tomo un pañuelo amarillo y me lo ato alrededor de la cara… Quiero decir, ¡como ahora!” “¡Naturalmente!”

Así tradujo Ramon Buckley la voz del avispón en la novela de Lewis Carroll A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. La versión original recrea el dialecto cockney londinense, muy asociado a la clase trabajadora, que Buckley transformó en el dialecto tradicional madrileño, conservando el tono lúgubre y cotidiano del personaje de la obra de Carroll:

“Tú también te enojarías si tuvieras una peluca como la mía”, continuó la Avispa. “Están bromeando, uno. Y uno se preocupa. Y luego me enfado. Y me resfrío. Y me meto debajo de un árbol. Y consigo un pañuelo amarillo. Y me ato la cara, como ahora”.

Cuando leemos una novela traducida, no sólo seguimos la historia: escuchamos voces. Voces que revelan quiénes son los personajes, de dónde vienen y qué lugar ocupan en su comunidad. Pero ¿qué pasa con esas voces cuando pasan de un idioma a otro? ¿Cómo se traducen los dialectos, acentos, ritmos y registros que forman parte de la identidad profunda de los personajes? Abordar estas preguntas es uno de los desafíos más complejos y menos visibles de la literatura.

Voces que importan

La forma de “hablar” de los personajes, lo que llamamos variación lingüística, incluye diferentes rasgos como vocabulario local, jerga, expresiones propias de la comunidad, formas de la lengua pasada o formas especiales de construir frases. Estos rasgos no son adornos, son recursos de caracterización: cumplen importantes funciones narrativas y estilísticas.

El dialecto de un lugar podría tener una función reivindicativa; un acento rural podría transmitir humor, ternura o jerarquía; la jerga juvenil puede significar cercanía o pertenencia a un grupo y el discurso histórico sitúa al lector en otra época. Si estas voces se pierden en la traducción, el personaje se vuelve más plano y la historia pierde parte de su trama original.

Por ejemplo, en Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain diferenciaba a sus personajes mediante el uso de siete dialectos diferentes, y en Oliver Twist, Dickens utilizó la jerga de los ladrones y atracadores para representar el habla del inframundo de Londres.

No hay equivalentes directos

Uno de los mayores desafíos de la traducción literaria es que los dialectos no son intercambiables. No existe un español “equivalente” al inglés del sur de Estados Unidos, ni tampoco un dialecto que corresponda exactamente al de Liverpool. Cada variedad lingüística está anclada en su territorio, historia y contexto social.

Por tanto, si tradujéramos literalmente un dialecto extranjero, el resultado sería extraño o incluso cómico. Si cambiáramos el dialecto inglés por el español real, convertiríamos a Huckleberry en un niño andaluz, canario o mexicano y manipularíamos su identidad original. Pero al mismo tiempo, si esa forma de hablar se descuida y se traduce al lenguaje estándar, se pierde su personalidad lingüística.

La traducción literaria busca conseguir efectos equivalentes: que el lector perciba el mismo matiz social y emocional que quien la lee en la versión original, aunque se utilicen recursos diferentes para conseguirlo.

La traducción más humana

La tarea de un traductor literario no es mecánica; Es un ejercicio de escucha e interpretación. El traductor se plantea preguntas como qué efecto produce esa voz en el lector del original, qué rasgos lingüísticos se deben utilizar para conseguir ese efecto en la traducción, o hasta qué punto marcar o no marcar la variedad.

La mejor solución puede no ser centrarse en un dialecto específico, sino utilizar un registro que se desvíe ligeramente del idioma estándar para implicar un origen social que no reemplace culturalmente al carácter. En otros casos, una característica léxica o una estructura gramatical puede ser suficiente para recrear el escenario.

Cada uno de estos libros cuenta una historia. Derick P. Hudson/Shutterstock

Cada decisión requiere juicio y responsabilidad. La literatura representa grupos sociales reales y tratarlos con respeto requiere una visión ética.

Como he confirmado en mi investigación (próximamente), esa perspectiva ética es algo que la IA aún no posee. La IA no “capta” las implicaciones sociales del discurso del personaje. No sabe cuándo el dialecto representa marginación o cuándo significa jerarquía social. Funciona detectando patrones estadísticos en lugar de intenciones humanas.

Cuando se le pide que traduzca voces no estándar, suele haber dos consecuencias. O el texto traducido parece “limpio”, y un personaje que hablaba con acento local acaba hablando de forma normativa, diluyendo así su personalidad; O la IA imita los signos del dialecto, pero mezcla jergas incompatibles o distorsiona las palabras sin criterio. Esto crea estereotipos no deseados, es decir, caricaturas.

Por tanto, dada la reflexión y minuciosidad que conlleva la traducción de variaciones lingüísticas, la IA genera respuestas rápidas que aún carecen de sensibilidad para afrontar ambigüedades, ironías o alusiones culturales.

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¿Por qué necesitamos decisiones?

Herramientas como la IA pueden resultar muy útiles en las etapas previas y complementarias de la traducción porque permiten localizar rápidamente información, comparar el uso real en grandes corpus, identificar patrones estilísticos… Sin embargo, si tienden a coincidir voces, también lo harán con experiencias. Al utilizarlo sin control perderemos la diversidad lingüística y con ella la diversidad humana.

Y las variedades lingüísticas no son sólo desviaciones del estándar: a menudo son lenguas minoritarias o minorizadas, vulnerables o amenazadas. Su protección ayuda a preservar nuestro patrimonio cultural y nuestra valiosa diversidad.

Para que las voces lleguen al lector sin perder su identidad, se necesita que alguien las escuche y las recree. Es una tarea fundamentalmente humana. Por eso, cada vez que una traducción literaria nos permite escuchar un mundo diferente, preservamos una parte de nuestra diversidad cultural.

Una versión de este artículo fue publicada en la revista Telos de la Fundación Telefónica.


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