No hay una sola manera de ser hombre. Sin embargo, debido a su educación y a los estereotipos de género, muchos viven según las normas de la “masculinidad hegemónica”. Este término incluye un modelo de masculinidad que la sociedad suele considerar normal o ideal. Por eso tiende a ser una de las formas más socialmente aceptables de vivir la masculinidad. Pero, ¿algunos modelos son más saludables que otros?
Por lo general, un hombre de verdad se refiere a ser físicamente fuerte, no mostrar emociones, competir constantemente, ser independiente, masculino, exitoso, racional, tener un carácter fuerte y en ocasiones agresivo.
El problema es que esta forma de entender la masculinidad puede crear relaciones injustas porque pone a unos hombres por encima de otros. Por tanto, la desigualdad tiende a crecer, porque un tipo de hombre es considerado mejor, y los que no encajan en ese modelo son menospreciados por las mujeres. Esto muestra que las ideas que aprendemos sobre ser hombre o mujer afectan la forma en que nos tratamos y nos relacionamos unos con otros.
Se ha observado cómo estas formas de entender la masculinidad pueden tener un impacto negativo en la vida y las relaciones sociales de las personas. Diversos estudios han demostrado cómo las presiones sociales para ajustarse a los estereotipos de masculinidad hegemónica pueden provocar problemas de salud mental, conductas de riesgo y dificultades interpersonales en los hombres.
Estas expectativas aparecen en las cosas cotidianas, aunque en ocasiones pasan desapercibidas. Muchos hombres se sienten presionados a aguantar (reprimir algunas emociones como la tristeza y el miedo), resolver los problemas por sí mismos y evitar ser vulnerables. Todo ello para encajar en lo que la masculinidad hegemónica define como un hombre real.
El problema es que, con el tiempo, esta forma de vida puede tener consecuencias negativas. Por ejemplo, el aumento del estrés, que hace que sea más difícil buscar ayuda cuando se tiene un problema (incluidos problemas de salud) y empeora la forma de afrontar el dolor y la frustración. En algunos casos, también se asocia con adicciones, conductas violentas y otros problemas que perjudican la salud física y mental. Esto afecta tanto a los propios hombres como a las personas que los rodean.
Surge la pregunta: ¿qué otras formas de masculinidad existen? ¿Cómo se puede vivir la masculinidad de una manera más saludable?
Hacia la igualdad de masculinidad
Hay otras opciones. La “masculinidad igualitaria” es un modelo alternativo basado en la igualdad de género y el respeto mutuo. Esta forma de ser hombre intenta alejarse de las normas de la masculinidad hegemónica, que muchas veces asocian ser hombre con dominancia, competencia, agresividad y situarse por encima de las demás personas.
La masculinidad igualitaria promueve valores como la empatía, la cooperación, la expresión de emociones, el cuidado y la corresponsabilidad en las relaciones personales, familiares y sociales. Se propone así una manera de ser hombre que no se base en sentimientos de superioridad respecto a los demás sexos, sino en la igualdad y el respeto en las relaciones.
Este modelo puede ayudar a construir sociedades más inclusivas y justas, ya que desafía las rígidas normas de género que limitan a las personas. La idea principal es que cada persona tiene la capacidad de cambiar, elegir cómo quiere relacionarse y vivir su identidad sin esas presiones sociales.
El desarrollo de masculinidades igualitarias comienza con la comprensión de cómo las normas de género influyen en lo que creemos que debería ser un hombre y en cómo nos relacionamos con los demás.
Cuando se trabaja con hombres desde una perspectiva de género, se pueden analizar y cuestionar muchas ideas sobre la masculinidad. Así lo sugiere Bell Hooks (seudónimo escrito en letras minúsculas) en su libro Desire for Change: Men, Masculinity and Love. Esto abre el espacio para vivirlo de manera más auténtica, con más conexión emocional y relaciones más saludables. A través del diálogo y la reflexión, muchos hombres han comenzado a cambiar la forma en que entienden y viven la masculinidad.
Los hombres también pueden preocuparse
Una parte fundamental de este proceso de cambio se basa en la participación de los hombres en las actividades de cuidado de la vida cotidiana. Tradicionalmente, el cuidado se ha asociado con la feminidad. Sin embargo, las tareas de cuidado ofrecen a los hombres la oportunidad de desarrollar habilidades de empatía, comunicación y cooperación. Estas habilidades son necesarias para promover relaciones saludables y una sociedad más justa.
El cuidado incluye todo, desde cocinar una comida para un ser querido hasta cuidar a los niños, a los ancianos o a los necesitados, así como acompañar a los amigos en momentos difíciles. Cuídate también. Todas estas acciones cotidianas demuestran que la idea de que ser hombre no puede asociarse con preocuparse o mostrar compasión no es cierta.
Al promover masculinidades igualitarias, no sólo trabajamos en beneficio de los hombres individuales, sino también por la creación de sociedades más sanas, inclusivas y justas.
Debemos ayudar a los hombres a explorar y abrazar la diversidad total de sus experiencias humanas. El objetivo es que todas las personas se desarrollen plenamente, sin que su género limite lo que pueden sentir, hacer o llegar a ser.
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