La discusión sobre el embalaje suele tratarse en el debate como una cuestión medioambiental. Es fácil recordar imágenes de envases de plástico abandonados en algún espacio natural. Esa preocupación es comprensible y ciertamente merece atención. Sin embargo, no debemos pasar por alto que en ocasiones es necesario su uso para la conservación de alimentos. El packaging requiere una gran inversión en investigación dentro del sector alimentario actual y ha evolucionado muy rápidamente para adaptarse a los retos de la sociedad actual.
La producción de alimentos seguros y de calidad es posible, en gran medida, gracias a que existen envases. Sin embalaje, la seguridad alimentaria, la disponibilidad económica de los alimentos e incluso la sostenibilidad, por paradójico que parezca, se verían seriamente comprometidas.
El embalaje como herramienta para la seguridad alimentaria
En su forma más básica, el packaging cumple tres funciones básicas: proteger, preservar e informar.
Por un lado, actúan como barrera frente a agentes externos como el oxígeno, la humedad, la luz o los microorganismos. Estos factores pueden estropear los alimentos o promover la contaminación. Cuando el embalaje funciona correctamente, se reducen estos riesgos y se ayuda a mantener la calidad del producto.
Este aspecto es particularmente relevante cuando se considera el impacto global de las enfermedades transmitidas por los alimentos. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de 600 millones de casos en todo el mundo. El embalaje es parte de las herramientas para ayudar a reducir estos riesgos para la salud.
Además, el envasado de alimentos facilita algo importante en el mundo actual: la trazabilidad. Los códigos de serie y los sistemas de marcado le permiten identificar rápidamente el origen de un producto. Si se detecta un problema de salud, esta información permite eliminar rápidamente los lotes afectados.
Además: el envasado ideal de alimentos no es una utopía
Envases y desperdicios de alimentos.
El desperdicio de alimentos es actualmente un gran desafío ambiental y social. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 2022 se desperdiciarán alrededor de 1.050 millones de toneladas de alimentos en hogares, empresas y servicios de restauración. Esto equivale a unos 132 kilogramos por persona al año.
El diseño del packaging puede marcar una diferencia importante. Un embalaje adecuado protege el producto, alarga su vida útil y ofrece información de interés para el consumidor. Todo esto ayuda a consumir la comida antes de que se eche a perder.
Algunos estudios sobre el ciclo de vida de los productos alimentarios muestran también otro aspecto relevante: en muchos casos, el impacto ambiental asociado al propio alimento es mayor que el impacto de su envase. Esto ocurre, por ejemplo, con productos de origen animal como la carne o los lácteos.
Por este motivo, un ligero aumento del material de embalaje puede tener un efecto positivo si reduce el desperdicio de alimentos. Prevenir el deterioro de los productos antes de su consumo puede reducir la huella ecológica general del sistema alimentario. Desechar el embalaje sin tener en cuenta esta función protectora puede, en algunos casos, producir el efecto contrario al deseado.
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El desafío de la sostenibilidad
Aún teniendo en cuenta lo anterior, sería un error ignorar los problemas medioambientales asociados a los envases, especialmente al plástico. La contaminación por residuos plásticos se ha convertido en un problema global. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la producción de residuos plásticos superó los 353 millones de toneladas en 2019, más del doble desde principios de siglo. Sólo una fracción relativamente pequeña se recicla efectivamente.
El envasado de alimentos se encuentra en una situación especialmente compleja. Por un lado, debe cumplir estrictas normas de seguridad alimentaria. Por otro lado, se espera reducir el impacto sobre el medio ambiente tanto en la producción como en la gestión de residuos. Algunos formatos presentan dificultades adicionales. Este es el caso de los envases multicapa, que combinan diferentes materiales (como plástico, cartón o aluminio) para mejorar la conservación de los alimentos. Estos paquetes ofrecen ventajas técnicas, pero suelen ser más difíciles de reciclar.
La industria no es inmune a estos desafíos y realiza esfuerzos para reducir el impacto ambiental a través de estrategias como reducir el material utilizado por unidad de producto, aumentar el contenido reciclado, desarrollar envases de un solo material que faciliten el reciclaje, ampliar los sistemas reutilizables o recargables e investigar materiales de origen vegetal o compostables.
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El embalaje en el sistema alimentario circular
Al analizar la sostenibilidad del sistema alimentario, a menudo la atención se centra únicamente en la producción agrícola o ganadera. Sin embargo, la conservación, la distribución y el consumo también tienen una influencia decisiva en el impacto global del sistema.
El embalaje se encuentra justo en la intersección de todas estas etapas. La estrategia más eficaz no es simplemente utilizar menos embalaje, sino un mejor diseño. ¿Pero cómo? Utilizar materiales diseñados para la economía circular, compatibles con los sistemas de reciclaje existentes y optimizados para reducir el desperdicio y la pérdida de alimentos.
No hay duda de que el packaging alimentario es mucho más que un simple envase. Es una tecnología que contribuye a proteger la seguridad alimentaria, reducir el desperdicio de alimentos y, cuando se diseña bien, avanzar hacia un sistema alimentario más sostenible.
Una versión de este artículo fue publicada en la revista Telos de la Fundación Telefónica.
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