La gestión de la inmigración irregular es uno de los desafíos más controvertidos de la agenda política actual. España volvió a poner esta cuestión en el centro del tablero con el anuncio el 27 de enero de 2026 de un nuevo programa temporal de regularización.
Estos programas suelen compensar la ausencia de marcos legales permanentes de regulación. Aunque España ya cuenta con mecanismos ordinarios -de raíz- tras la reforma de 2025, el nuevo programa se presenta como una herramienta extraordinaria para acelerar la inclusión laboral en sectores con escasez crítica de mano de obra.
Sin embargo, cada vez que un gobierno decide otorgar estatus legal a quienes ya viven y trabajan en su territorio, surge la misma pregunta: ¿crea un efecto de retroceso?
El argumento suele ser sencillo: si regulamos hoy, animamos a más personas a cruzar fronteras mañana con la esperanza de conseguir documentos en el futuro. Ante este miedo, muchos Estados optan por la parálisis, la expulsión o la “tolerancia informal”, una zona gris donde miles de personas viven sin derechos pero están plenamente integradas en la economía.
Para arrojar luz sobre este debate, analizamos datos históricos que abarcan ocho décadas de políticas migratorias en 38 países de la OCDE.
Una base de datos sin precedentes
Hasta ahora, la evidencia científica sobre el efecto de la llamada no ha sido concluyente. La mayoría de los estudios se han centrado en un país o en un programa específico (como la famosa amnistía de Ronald Reagan en Estados Unidos en 1986), lo que ha impedido extraer lecciones globales.
Para superar esta limitación, utilizamos la base de datos RegMig que documenta 159 programas de regularización entre 1945 y 2024, revelando una cifra impactante: al menos 17,8 millones de personas se benefician de estas medidas en el mundo desarrollado.
Con esta perspectiva histórica, analizamos los flujos migratorios desde 196 países de origen hacia 32 destinos de la OCDE entre 1996 y 2022.
Programas de regulación implementados en países de la OCDE. Periodo de estudios: 1995-2024. Conjunto de datos RegMig. Existe, pero con matices.
Nuestra investigación confirma que, en términos generales, los programas de regularización pueden actuar como un factor de atracción. Según los datos analizados, tras la implementación del programa, los flujos migratorios futuros hacia ese país aumentan.
Sin embargo, este aumento no se produce de forma aleatoria ni uniforme. El análisis muestra que el principal impulsor de este aumento no es sólo la promesa del papel, sino la fortaleza de las redes sociales y familiares. El “efecto invitación” es significativamente mayor en países que ya tienen una comunidad de inmigrantes establecida del mismo origen.
Esto confirma la “hipótesis de la difusión”: la información sobre nuevas oportunidades legales viaja a través de familiares y amigos, reduciendo los costos y riesgos percibidos de los viajes.
La clave está en el diseño del programa.
La conclusión más relevante para los responsables de las políticas públicas no es que se deba evitar la regularización, sino que su impacto depende de cómo se diseñe el programa. Uno de los mayores temores de los gobiernos es que la regularización parezca “fácil” o instantánea.
En nuestro estudio analizamos una variable clave: la condición de residencia anterior. Generalmente, los programas requieren que los inmigrantes demuestren que han vivido en el país de manera irregular durante un período de tiempo antes de poder solicitar la legalización.
Los resultados revelan:
La exigencia de un período de residencia previa actúa como un fuerte freno.
Nuestros modelos muestran que la condición de al menos ocho meses de residencia irregular previa es suficiente para neutralizar completamente el efecto llamada.
En otras palabras, cuando el camino hacia la legalidad implica esperar y arriesgarse a vivir casi un año en la sombra, el incentivo para migrar únicamente a través del programa desaparece.
Una realidad manejable
El dilema de la regularización no es blanco o negro. Si bien es cierto que estas medidas pueden incrementar los flujos migratorios a través de redes de contactos, el estudio muestra que los gobiernos cuentan con las herramientas técnicas para mitigar estas consecuencias.
La regulación no es sólo una cuestión de control fronterizo; Es un instrumento de gestión social y económica. Ignorar la presencia de miles de indocumentados tiene costos en términos de derechos humanos, recaudación de impuestos y cohesión social.
Los datos de los últimos 80 años nos dicen que el efecto llamada es una realidad manejable. Si las políticas se diseñan con criterios de residencia previa suficientemente prolongada, es posible integrar las que ya están presentes sin fomentar flujos futuros.
En el complejo equilibrio de la política de inmigración, la evidencia sugiere que la rigurosidad en los requisitos puede ser el mejor aliado de la generosidad en las admisiones.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

