La rehabilitación del accidente cerebrovascular está cambiando: lo que recomienda la ciencia hoy

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Decenas de miles de personas sobreviven a un derrame cerebral cada año, pero muchas quedan con consecuencias que afectan su movilidad, lenguaje, memoria o las actividades diarias más básicas. Hace apenas dos décadas, la rehabilitación se basaba en ejercicios repetitivos y largos periodos de espera para una “recuperación espontánea”. Hoy sabemos que este modelo ha fracasado.

La ciencia ha demostrado que el cerebro conserva una sorprendente capacidad de reorganización, incluso meses o años después del daño. Y ese descubrimiento condujo a una profunda transformación en la forma en que se trata a los pacientes.

Las últimas directrices internacionales coinciden en un mensaje central: la rehabilitación debe comenzar lo antes posible, ser intensiva, individualizada y mantenida en el tiempo. Esta es la hoja de ruta recomendada por la evidencia para mejorar la recuperación y la calidad de vida después de un accidente cerebrovascular.

Las primeras 48 horas: juzgue rápidamente y planifique mejor

La recuperación no comienza cuando el paciente llega a casa, sino a partir de las primeras 24-48 horas tras el accidente cardiovascular, siempre que el paciente se encuentre médicamente estable. En ese corto margen se define gran parte de la previsión funcional.

Un equipo multidisciplinario (neurólogo, médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda y neuropsicólogo) realiza una evaluación completa de: movilidad, fuerza, equilibrio, riesgo de aspiración, comunicación, cognición y estado emocional. Para determinar la situación inicial se utilizan escalas reconocidas como el NIHSS, la escala de Rankin modificada o el índice de Barthel. A partir de estos datos se ha diseñado un plan de rehabilitación individualizado que servirá de guía durante las próximas semanas.

Movilización temprana: un cambio de paradigma

Una de las recomendaciones clave de las directrices actuales es la movilización temprana. Comenzar a mover al paciente dentro de las primeras 24-48 horas, siempre bajo supervisión, reduce complicaciones como neumonía, trombosis venosa profunda o úlceras por presión. Pero también activa la plasticidad del cerebro: cuanto antes se movilice el paciente, mayor será la posibilidad de reentrenar los circuitos motores. Lo que podría contribuir, aunque de forma variable, a su recuperación funcional.

Durante años se pensó que el paciente debía “descansar” después de un derrame cerebral. Hoy sabemos que es todo lo contrario: la intensidad favorece la recuperación, siempre adaptada al estado y al cansancio, uno de los síntomas más característicos tras un ictus. Por ello, esta fase combina sesiones frecuentes, con muchas repeticiones y centradas en tareas funcionales, pero dosificando el esfuerzo para evitar el agotamiento.

Este equilibrio entre intensidad y gestión adecuada de la fatiga permite un mejor aprovechamiento de la plasticidad cerebral y avanzar con seguridad en la recuperación de la movilidad y la autonomía.

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Tratamiento basado en evidencia

La fisioterapia actual combina intervenciones encaminadas a la recuperación del movimiento, la coordinación y la autonomía desde un enfoque plenamente funcional. Uno de sus pilares es el entrenamiento de marcha en cinta, con o sin soporte de peso, que permite practicar cientos de pasos en un entorno seguro, mejorar la velocidad y corregir patrones asimétricos desde etapas tempranas. A esto se suma el uso de robótica y exoesqueletos, que aumentan la repetición de movimientos y facilitan la activación de circuitos motores necesarios para la reorganización cerebral.

El entrenamiento siempre está orientado hacia tareas reales (levantarse, alcanzar objetos o cargarlos) porque el cerebro aprende mejor practicando actividades significativas en lugar de ejercicios aislados. Para reducir el riesgo de caídas y mejorar la estabilidad se incluyen trabajos de equilibrio y fortalecimiento progresivo, combinando ejercicios de control postural con fortalecimiento de los principales grupos musculares implicados en la marcha.

La rehabilitación también incluye el entrenamiento aeróbico, que mejora la resiliencia, reduce la fatiga y aumenta la neuroplasticidad; y reeducación del tronco, necesaria para restablecer el control postural al sentarse, es decir, la posición del cuerpo al sentarse, soportar el peso sobre la pelvis y, durante el traslado, movimientos seguros para cambiar a la persona de una superficie a otra.

Entre las técnicas más innovadoras destaca la terapia del espejo, especialmente útil para la extremidad superior, porque observar el reflejo de la mano sana activa las zonas motoras del lado afectado. El enfoque se complementa con el entrenamiento dual, que combina tareas motoras y cognitivas, y la hidroterapia, que facilita el movimiento gracias a la flotación y permite trabajar la movilidad, el equilibrio y la resistencia en un entorno más accesible.

La repetición es el motor de la neuroplasticidad: cuanto más se practica un movimiento, más consolidadas están las redes neuronales asociadas.

En este proceso, también es fundamental abordar las complicaciones comunes que pueden limitar la recuperación. La espasticidad, un trastorno del movimiento en el que los músculos se tensan o contraen involuntariamente, se trata inicialmente con fisioterapia, estiramientos y estiramientos. Cuando persiste puede requerir toxina botulínica o fármacos como el baclofeno, seguido siempre de ejercicio vigoroso.

El dolor neuropático, incluido el dolor de hombro, muy común después de un derrame cerebral, se trata mediante ejercicios terapéuticos, una correcta posición de la extremidad afectada y, en algunos casos, medicamentos específicos o infiltraciones. Finalmente, el riesgo de caídas se reduce combinando el entrenamiento del equilibrio, el fortalecimiento muscular y la evaluación del entorno doméstico para eliminar obstáculos y peligros.

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El papel de otras especialidades

La rehabilitación del accidente cerebrovascular no se limita al ejercicio. Para recuperar la máxima independencia, es necesario ocuparse de la vida cotidiana, la comunicación y la cognición. La terapia ocupacional ayuda a restablecer actividades básicas como vestirse, arreglarse o manipular objetos y utiliza técnicas específicas para la extremidad superior, como el CIMT o la terapia con espejo. También es responsable de personalizar el entorno y respaldar los productos para facilitar la autonomía.

La logopedia trabaja tanto la deglución -evaluada siempre antes de la primera comida para evitar la aspiración- como los problemas de lenguaje y comunicación a través de ejercicios estructurados, ayudas visuales y herramientas tecnológicas.

La neuropsicología se ocupa de las dificultades cognitivas comunes después de un derrame cerebral: atención, memoria, funciones ejecutivas o negligencia espacial (cuando una persona deja de prestar atención a un lado del cuerpo). Pero también impacto emocional, como ansiedad o depresión. Esto favorece una recuperación más completa y una mejor adaptación a la vida cotidiana.

Además, la prevención secundaria a partir de la rehabilitación es fundamental: el control de la hipertensión, la diabetes, el colesterol, el cumplimiento de la dieta y la medicación reducen significativamente el riesgo de recaída. La rehabilitación también incluye educación sanitaria: enseñar al paciente y a su familia a reconocer las señales de alerta y mantener hábitos de vida saludables.

Después del alta: la rehabilitación no se detiene

Cuando el paciente regresa a casa comienza una fase crucial: la rehabilitación tras el alta, que puede realizarse en hospitales de día, ambulatorios o directamente en su domicilio. La evidencia muestra que la continuidad de la atención afecta los resultados. Por tanto, las directrices recomiendan una transición bien organizada entre el hospital y la comunidad.

La rehabilitación domiciliaria es especialmente importante para personas con movilidad reducida, ya que permite entrenar en un entorno real: subir escaleras, moverse por habitaciones estrechas o darse una ducha segura. En esta etapa el papel de los familiares y tutores es fundamental: reciben capacitación y participan activamente en el proceso.

Rehabilitación a largo plazo: mantener lo ganado

Un ictus no es un episodio que finalice con el alta del médico. Muchos pacientes se deterioran a medio plazo si no mantienen un programa de ejercicio y seguimiento. Por eso las guías recomiendan:

Programas de actividad física continua Entrenamiento de fuerza seguro y eficaz Adaptación laboral según sea necesario Grupos de apoyo y acompañamiento social

El objetivo no es sólo restablecer funciones, sino también mantenerlas, prevenir complicaciones y promover la reinserción sociolaboral.

Revolución tecnológica: robots, realidad virtual y telerehabilitación

La tecnología ha entrado en vigor en los últimos años, aunque su uso siempre debe ser complementario a la terapia profesional. La robótica nos permite conseguir un abanico de repeticiones difíciles de conseguir con la terapia manual y es beneficiosa tanto para la marcha como para el miembro superior. Por su parte, la realidad virtual ofrece un entorno motivador y seguro para practicar tareas y mejorar el equilibrio.

La estimulación cerebral no invasiva muestra resultados prometedores, aunque todavía se utiliza como complemento. Y la telerehabilitación ha demostrado ser eficaz en determinados perfiles y reduce las desigualdades en pacientes de zonas rurales o con problemas de movilidad.

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¿Qué caracteriza la rehabilitación de calidad?

La rehabilitación efectiva comienza con una evaluación completa dentro de las primeras 72 horas, seguida de una movilización segura dentro de las primeras 48. Esto incluye evaluar la disfagia antes de la primera admisión para evitar complicaciones, diseñar un plan individualizado que siga al paciente desde el hospital hasta su regreso a casa y garantizar una coordinación fluida con la atención primaria y los recursos comunitarios. No se trata sólo de aplicar técnicas, se trata de construir un proceso continuo, integrado y adaptado a cada persona.

La evidencia es clara: invertir en rehabilitación temprana, intensiva y sostenida reduce la discapacidad, mejora la independencia y da resultados a largo plazo. El éxito depende no sólo del tamaño del infarto cerebral, sino de la calidad del proceso de rehabilitación y la continuidad de la atención.

La rehabilitación del ictus está cambiando gracias a la ciencia. Y ese cambio, que ya está en marcha, está transformando vidas.


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