La sequía ocurre en años lluviosos

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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¿Qué pasaría si este año no lloviera nada en España? Puede parecer una pregunta exagerada en un momento en que los tanques están llenos. Sin embargo, es precisamente en estos tiempos cuando conviene pensar en la sequía.

Actualmente, España dispone de 46.821 hm³ de agua para consumo humano, agrícola e industrial, lo que representa el 83,5% de la capacidad. Se trata del nivel más alto registrado en marzo en toda la serie histórica.

El agua acumulada equivale a unos 31.000 estadios del Santiago Bernabéu. Estos datos se explican por el invierno extremadamente lluvioso, que superó significativamente los valores medios recientes. En algunas regiones se batieron récords históricos.

Esta situación permitió dejar atrás, al menos temporalmente, el estado de sequía que se vive desde 2021, lo que motivó el levantamiento de las restricciones en el uso del agua. Sin embargo, ahora mismo, cuando los embalses están llenos, la sequía debe abordarse mediante planificación y concienciación.

Reservas de agua en abril de 2026 en diferentes comunidades españolas. MITECO Los tanques llenos no garantizan la seguridad del agua

La aparente abundancia puede crear una falsa sensación de seguridad. La cantidad de agua incautada es sólo una imagen concreta, no una garantía para el futuro. El consumo anual de agua en España es de unos 32.000 hm³, cifra cercana al volumen almacenado actualmente.

La sequía no aparece de repente, es un proceso acumulativo. Si el consumo sigue siendo alto, el sistema puede parecer seguro. Pero si llueve aún menos, rápidamente puede volverse vulnerable. Al igual que en las finanzas personales, si los gastos superan los ingresos, los ahorros se agotan.

Además: ¿Tendremos que vivir con menos agua?

La sequía no empieza cuando falta agua, sino mucho antes

Solemos asociar la sequía con tanques vacíos. Pero empieza mucho antes. Ocurre cuando llueve menos de lo habitual durante un largo periodo de tiempo.

Para entender la sequía no basta con considerar la lluvia. También es recomendable observar el estado de los ríos, embalses y consumos. Es necesario distinguir entre sequía meteorológica, asociada a la falta de precipitaciones, y sequía hidrológica, que afecta a los recursos almacenados.

La sequía hidrológica puede tardar meses o años en manifestarse si existen grandes reservas y una buena gestión del agua. Aunque no se puede evitar la sequía meteorológica, sus efectos más graves pueden retrasarse. Esto es posible con una gestión adecuada.

Y la lira también: ¿Qué podemos y debemos hacer para afrontar las sequías?

El riesgo real es cuánto consumimos.

Como no podemos controlar la lluvia, la atención debe centrarse en el consumo. Este se distribuye entre la agricultura, la industria y los hogares.

La agricultura es, con diferencia, el principal consumidor. Aunque ha habido mejoras en la eficiencia, particularmente en el riego localizado, todavía hay margen de mejora.

En la industria, el consumo ha disminuido en los últimos años. Sin embargo, están surgiendo nuevas incertidumbres, como el crecimiento de los centros de datos.

En el ámbito doméstico la responsabilidad es individual y colectiva. Como ciudadanos, cada uno de nosotros debemos hacer un uso inteligente del agua y, a nivel social, se deben crear hábitos y conciencia sobre una gestión sostenible.

En todos los casos, no se trata sólo de reducir el consumo en épocas de escasez, también es necesario hacerlo cuando el agua parece abundante.

Cuando hay agua, nos relajamos.

La relajación durante los períodos de abundancia es una reacción común. No se trata sólo de un comportamiento individual, sino de un patrón general.

La disponibilidad de agua en años favorables suele ir acompañada de un aumento de la demanda, que luego es difícil de reducir. Asimismo, las medidas de austeridad suelen intensificarse cuando el problema ya es evidente. Pero rara vez perduran en el tiempo. Cuando la percepción de riesgo disminuye, también lo hace el esfuerzo por limitar el consumo.

Gestión predictiva del agua que no es de emergencia

Sin embargo, la gestión del agua no comienza cuando se produce una sequía, sino mucho antes. Esto es lo que se conoce como planificación hidrológica.

Esta planificación nos permite predecir la demanda y disponibilidad de agua. Trabajamos con diferentes escenarios, desde periodos húmedos hasta situaciones extremas de sequía. En base a esto se establecen las reglas de operación de los tanques.

Pero no sólo se gestiona la oferta, sino también la demanda. De esta forma, las prioridades se determinan en función de la disponibilidad actual y futura.

Más variabilidad, más necesidad de prevención

El cambio climático introduce un nuevo elemento de incertidumbre. La última década ha visto un cambio mayor en los eventos extremos. Por ejemplo, hay sequías más intensas. Pero también precipitaciones extremas, concentradas en el tiempo y el espacio, con un aprovechamiento limitado.

Esto reduce la confiabilidad de los datos históricos como referencia para la planificación. Por tanto, es necesario trabajar con un mayor número de escenarios y adaptarse a una mayor variabilidad.

Y la lira también: la sequía agrícola en Europa es cada vez más frecuente, más intensa y más duradera

Actualmente, España no sufre sequía hidrológica. Sin embargo, podría entrar en un nuevo ciclo de sequía meteorológica en cualquier momento.

Relajarse cuando los tanques están llenos puede aumentar el riesgo futuro. La estabilidad de las reservas de agua depende del equilibrio entre insumos y consumo y de asegurar el ahorro de recursos para futuras contingencias.


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