Un día nos despertamos. Podríamos pedir una taza de té y una tapa en un bar, escribir una lista de lo que falta en nuestra nevera, hacer algunas compras en el supermercado y también leer un titular en el periódico que dice: “La IA nos robará el trabajo. En todos estos casos hemos recibido o intercambiado información. Pensamos que está sucediendo en el mundo objetivo, pero en realidad estamos operando en una realidad construida, una especie de matriz como la de la película de Keanu Reeves dirigida por las hermanas Wachowski”.
Tendemos a creer que el lenguaje es sólo un medio de comunicación, pero en realidad es un código que construye nuestra percepción del mundo. La lingüística es la ciencia que nos permite ver y comprender ese código. En mi reciente libro, 20 razones para amar la lingüística, explico cómo esta ciencia estudia y desentraña la naturaleza de una de las habilidades más especiales e importantes del ser humano.
Un algoritmo que nos permite entendernos
Cuando pedimos una taza de té, el camarero comprende fácilmente que no queremos una taza, sino té; Tampoco queremos que la tapa cierre el tarro, sino una pequeña porción de algún alimento para acompañar nuestra bebida. El camarero, como cualquier orador, llega directamente a la interpretación final de esas expresiones.
El lingüista, en cambio, ve el algoritmo que los hace posibles: la metonimia “contenedor” (una taza de té por té) y una metáfora conceptual que utiliza una analogía con las tapas de los frascos para designar un pequeño sándwich que, según diversas leyendas, los posaderos ponían en copas de vino o pizzas para enmascarar los efectos del alcohol.
Lenguaje y memoria
Si olvidamos una lista de la compra y hablamos español, seguro que recordaremos los primeros elementos de la lista mejor que un hablante de japonés o coreano. Los lingüistas saben que esto se debe a que estos idiomas tienen una estructura SOV (sujeto-objeto-verbo) que suele poner modificadores antes del sustantivo (por ejemplo, en estos idiomas se dice: “árbol de Navidad brillante y brillante”).
Esta peculiaridad hace que los hablantes de estas lenguas sean mejores a la hora de retener la información inicial de la lista de palabras porque su lengua les ha entrenado para desarrollar su memoria de trabajo a corto plazo, manteniendo los adjetivos en su mente hasta llegar al objeto.
Números y palabras
El idioma que hablamos también puede facilitar el razonamiento y la memoria de trabajo a la hora de aprender y realizar cálculos matemáticos.
Por ejemplo, cuando finalmente recordamos lo que queríamos comprar y lo que íbamos a pagar, es posible que tengamos que contar los 20 céntimos que tenemos en la cartera. Si hablamos euskera podremos añadirlos un poco más rápido que si hablamos italiano o español.
Una vez más, la lingüística puede explicar esta curiosidad. El euskera es una lengua que tiene un sistema numérico de base 20. El español y el italiano son sistemas decimales (base 10). Otros idiomas, como el francés, mezclan estas dos bases.
El ekari de Papua Nueva Guinea tiene un sistema de base 60, y otros idiomas ni siquiera tienen palabras para nombrar cantidades mayores a 3 unidades. El piraha, una lengua amazónica, carece de números. Esta brecha lingüística parece estar relacionada con la dificultad que tienen sus hablantes para reconocer cantidades exactas mayores a tres.
Narrativas y metáforas
Por cierto, el yogur que elegimos porque es 80% libre de grasa es exactamente igual al que no compramos porque la etiqueta nutricional decía 20% de grasa. Los expertos en marketing, entre los que suelen estar los lingüistas, manipulan de esta manera las narrativas publicitarias, mostrándonos el producto desde el marco lingüístico más atractivo para influir en nuestra decisión de compra.
Los políticos y periodistas hacen algo similar. Cuando leemos en el periódico que “la IA nos robará el trabajo”, la inteligencia artificial se nos presenta lingüísticamente como un ser que tiene la capacidad de tomar decisiones y actuar. Esta personificación metafórica oculta al agente real (las grandes tecnológicas) y diluye la responsabilidad por los efectos de la inteligencia artificial en el mercado laboral.
A lire aussi: ¿Por qué todos los políticos suelen hablar igual?
Impacto en la salud física y mental.
Como muestran estos ejemplos cotidianos, el lenguaje es lo que construye la matriz en la que vivimos.
Pero también tiene un efecto beneficioso sobre la salud, ordenando y dando sentido al mundo en el que vivimos, permitiéndonos trascender la inmediatez del aquí y ahora, ayudándonos a coordinarnos para defendernos de las amenazas y evolucionar como especie; Es un instrumento de opresión, pero también de liberación; Es nuestra piel, nuestra tarjeta de presentación, nos protege y nos traiciona, exponiendo a tramposos, delincuentes y falsificadores.
ciencia fundamental
La lingüística, la disciplina que nos ayuda a comprender el lenguaje, es como cualquier otra ciencia que estudia aspectos fundamentales del ser humano. Y, sin embargo, a menudo se cuestiona su naturaleza científica.
Quizás esto se deba a que su objeto de estudio no es visible ni mensurable. El lenguaje es una facultad intangible e invisible. Sin embargo, físicos y matemáticos buscan descubrir la naturaleza de la materia oscura del universo, también invisible, y predijeron la existencia de agujeros negros antes de que pudieran verlos a través de un telescopio, y nadie cuestionaría el carácter científico de estos estudios.
Leer más: Cómo los lingüistas forenses pueden resolver delitos, detectar fraudes y más
La materia oscura de nuestro universo comunicativo
Los lingüistas estudian el lenguaje, la materia oscura de nuestro universo comunicativo, invisible e intangible, observando su reflejo en determinadas lenguas. Analizamos su uso en situaciones reales (habla) mediante la realización de estudios estadísticos basados en corpus informáticos de millones de palabras.
También realizamos experimentos psicolingüísticos y neurolingüísticos complejos utilizando resonancia magnética funcional y electroencefalogramas, sensores de transpiración, pupilometría y oculometría. Gracias a ello sabemos que el lenguaje afecta a nuestra percepción de la realidad, nuestra toma de decisiones, nuestra creatividad, la salud, la memoria y la capacidad de razonar y calcular, entre otros muchos aspectos de nuestra vida diaria.
Éstas parecen razones más que suficientes para amar la lingüística. Pero si aún no he conseguido convencerme, hay muchos más.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

