Santo Domingo.- Expertos advierten que el Estado asumiría toda la responsabilidad internacional por todas las consecuencias, independientemente del estatus privado del operador, si una empresa privada construye y opera una plataforma de lanzamiento de misiles en República Dominicana. La cautela se produce mientras el gobierno se prepara para ceder terrenos, otorgar permisos y licencias y brindar acceso al espacio aéreo para el proyecto del puerto satelital de Pedernales que desarrollará la empresa estadounidense Launch On Demand.
Los expertos subrayan que, según el derecho internacional, no existe una “neutralidad” estatal en las actividades espaciales: todo lo que se lanza desde territorio nacional cae, en última instancia, bajo la responsabilidad del país anfitrión. En caso de accidentes, caída de escombros, daños ambientales, interferencia de satélites o uso militar secreto, el gobierno dominicano -no la empresa operadora- debe responder ante la comunidad internacional. Aunque las autoridades podrían iniciar posteriormente procedimientos legales contra la empresa, el daño diplomático y de reputación sería inevitable.
Entre los principales riesgos citados está el posible desarrollo de tecnologías de doble uso, ya que un misil satelital es técnicamente similar a un misil de largo alcance. Sin una supervisión estricta, los expertos advierten que el país podría permitir inadvertidamente pruebas secretas de propulsión, transferencia de tecnología prohibida o uso militar por parte de terceros disfrazados de operaciones comerciales. También advierten que en países con controles institucionales débiles, los operadores privados a menudo buscan exenciones fiscales generales, zonas autónomas con acceso gubernamental limitado, restricciones de auditoría y cláusulas de arbitraje internacional, acuerdos que pueden llevar a una cesión funcional de la soberanía.
Para mitigar estos riesgos, los analistas recomiendan establecer un marco legal claro y sólido antes de otorgar cualquier territorio o espacio aéreo. Los requisitos mínimos deberían incluir un control soberano total con derechos de inspección permanentes; la presencia de autoridades civiles, militares y ambientales; y la autoridad del gobierno para suspender lanzamientos sin compensación automática. También piden una ley espacial nacional, un espacio específico o un organismo interinstitucional, un registro nacional de objetos espaciales y un régimen de sanciones fuerte para evitar la vulnerabilidad legal. Los tratados deberían prohibir explícitamente el uso militar ofensivo, las pruebas de armas y el subarrendamiento sin la aprobación del Estado.
Además, los expertos sostienen que los operadores privados deben conseguir pólizas de seguro internacionales multimillonarias, bonos gubernamentales y una cobertura de responsabilidad integral por daños medioambientales, civiles, comerciales y diplomáticos, ya que los seguros convencionales son insuficientes para las actividades espaciales. La empresa no debería financiar directamente evaluaciones independientes de impacto ambiental y social (que abarquen efectos acústicos, desechos tóxicos, impacto en el mar y el espacio aéreo, zonas de exclusión y desplazamientos potenciales).
Finalmente, enfatizan la necesidad de beneficios nacionales verificables, incluida la transferencia de tecnología concreta, empleo local calificado, acceso estatal preferencial al lanzamiento y participación en decisiones estratégicas. “Cuando una empresa privada lanza misiles desde su territorio, no alquila el país, sino que presta su soberanía”, observó un experto, subrayando que sin una legislación previa, una supervisión estricta y controles ejecutables, el país asumiría todos los riesgos asociados.
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