Las decisiones financieras que tomamos todos los días tienen implicaciones para el cambio climático. Las acciones, títulos de deuda pública o privada o fondos en los que invertimos tienen asociada una huella de carbono diferente.
Esta huella resulta de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por las actividades de las empresas. Cuando invertimos nuestro dinero en activos bajos en carbono, financiamos actividades que son menos dañinas para el cambio climático.
En 2017, se creó un grupo de trabajo para determinar qué métricas deberían utilizar los bancos o administradores de fondos para medir la huella de carbono de sus carteras de préstamos o inversiones. Sin embargo, esto se aplica sólo parcialmente y con carácter experimental.
¿Son datos públicos y disponibles?
En el caso de los fondos de inversión, ¿qué información tienen los inversores individuales en cambio climático para elegir uno u otro?
Los proveedores de información sobre fondos globales no ofrecen datos gratuitos sobre su huella de carbono. Por otro lado, existen calificaciones de sostenibilidad para este tipo de herramienta de inversión. Sin embargo, se basan en factores ESG, que hacen referencia al impacto ambiental, social y de gobernanza de las empresas que forman parte de los fondos, por lo que el enfoque es mucho más amplio que la huella de carbono. Además, los criterios de solicitud pueden ser sesgados u opacos.
Un informe de Bloomberg mostró que en 2020, MSCI, una empresa propiedad de Morgan Stanley que analiza la sostenibilidad de las empresas, elevó la calificación de sostenibilidad de McDonald’s (a la más sostenible) a pesar de que sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) habían aumentado un 7% en los cuatro años anteriores.
Calculando la huella de carbono
En España, el porcentaje de hogares que invierten en fondos de inversión está creciendo. En 2022 era del 9,56%, mientras que hace 20 años era del 6,85%. Además, el peso de estos activos en la cartera de activos financieros de los hogares aumentó del 9,4% en 2002 al 12% en 2022.
Pese a este crecimiento, las gestoras de fondos de inversión españolas tampoco publican la huella de carbono de los fondos que gestionan. La información proporcionada sólo nos permite saber si promueven acciones a favor del medio ambiente o el desarrollo social, o si tienen objetivos de inversión sostenible. De esta forma, cumplen con los artículos 8 y 9 de la normativa europea sobre divulgación de información relacionada con la sostenibilidad.
Intentando paliar esta falta de información, calculamos la huella de carbono de 45 fondos de inversión que invierten en acciones de empresas cotizadas españolas. Para ello utilizamos datos sobre emisiones de gases de efecto invernadero proporcionados por las empresas incluidas en los fondos en sus informes de sostenibilidad. Siguiendo los criterios del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, el estándar internacional más utilizado por organizaciones y gobiernos para medir, gestionar y reportar sus emisiones de gases de efecto invernadero, consideramos las emisiones directas (área 1) y las emisiones indirectas (áreas 2 y 3).
Ranking de fondos sostenibles
De este análisis obtuvimos que, por cada 1.000 euros invertidos en fondos de inversión españoles, en 2022, de media, se emitieron a la atmósfera 497 kilogramos de CO₂ equivalente (los gases de efecto invernadero distintos del CO₂, como el metano, el óxido nitroso o los hidrofluorocarbonos, se convierten en valor de CO₂ equivalente). Este resultado es muy similar al que habríamos obtenido si hubiésemos recorrido 3.075 kilómetros (casi el camino de Madrid a Estocolmo) con un coche diésel consumiendo 6,5 litros a los 100 kilómetros (gastando 350 euros si un litro de diésel costaba 1,5 euros).
A partir de ahí podemos establecer un ranking de los fondos de inversión, según su huella de carbono por euro invertido. Encontramos una gran variabilidad en los resultados. Los 5 fondos más sostenibles financian actividades que emiten a la atmósfera, de media, 281 kilogramos de CO₂ equivalente por cada mil euros de inversión. Mientras, los 5 fondos menos viables emiten, de media, 842.
Por tanto, los más contaminantes tienen un impacto hasta 5,8 veces mayor, en términos de huella de carbono, que los más sostenibles.
¿Qué empresas españolas contribuyen más a la huella de carbono de los fondos de inversión? Ellos son: Gestamp, Iberdrola, Acerinoc, IAG y Repsol. Estas 5 forman parte de las 10 empresas (de 85 incluidas en los fondos de inversión) que más emisiones de carbono lograron en 2022.
La huella de carbono de Gestamp, Iberdrol y Acerinoc está relacionada básicamente con emisiones indirectas de alcance 3 (por ejemplo, las relacionadas con los metales que Gestamp o Acerinoc utilizan como materias primas). Por su parte, las emisiones de carbono de IAG y Repsol son principalmente emisiones directas (área 1), es decir, producidas directamente por el uso de combustibles fósiles, como el queroseno que utiliza IAG en sus aviones.
La siguiente figura proporciona la clasificación de los fondos en cuatro niveles de riesgo de carbono según las emisiones consideradas (área 1, 2 o 3 aguas arriba). Activos de riesgo bajo (por debajo del percentil 25), riesgo medio-bajo (percentil 25 al 50), riesgo medio alto (percentil 50 al 75) y riesgo alto (por encima del percentil 75). Al comparar las columnas 1 y 3, se observa que, de 45 fondos de inversión, 19 cambian de color y que la identificación de la sostenibilidad de los fondos depende del tipo de emisiones consideradas. Se concluye que ignorar las emisiones del volumen 3 conduce a una identificación errónea de los fondos de riesgo bajo y medio-bajo, porque representan un aumento significativo en sus emisiones.
Riesgo de carbono (del menor, 1, al mayor, 4) de los fondos de inversión analizados. Fuente: desarrollo propio, proporcionado por el autor (no reutilizar) En conclusión
Tanto los ciudadanos como los inversores profesionales necesitan información precisa y comprensible para tomar decisiones de inversión. Establecer un sistema para medir la calidad de la huella de carbono de diferentes alternativas de inversión, como Nutri-Score que mide la calidad de los alimentos, facilitaría la identificación de las más sostenibles.
La falta de información, o su complejidad, abre la posibilidad a las empresas de aplicar estrategias de ecoposturismo o greenwashing y dificulta que los ciudadanos comprometidos con la lucha contra el cambio climático contribuyan con sus inversiones al proceso de descarbonización.
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