“¿Te sientes bien?” Le pregunté. “Tengo sueño”, respondió. Al cabo de una hora estaba inconsciente. Doce horas después, estaba muerta.
Este fragmento pertenece a la carta “La viruela: una enfermedad peligrosa”, escrita en 1988 por el escritor británico Roald Dahl, autor de obras como Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda. La carta describe lo desgarrador e inesperado que fue perder a mi hija Olivia a causa de esta enfermedad.
El sarampión es una infección viral altamente contagiosa que puede causar complicaciones graves como neumonía, ceguera y encefalitis. Los síntomas más comunes son muy similares a los de la gripe: fiebre, tos seca, secreción nasal, dolor de garganta y conjuntivitis. Sin embargo, lo más característico y en lo que se diferencian de la gripe común son unas pequeñas manchas blancas en la boca (manchas de Koplik) y una erupción caracterizada por una urticaria grande y plana.
Aunque generalmente se percibe como una enfermedad leve, basta recordar que entre 1855 y 2005, se estima que 200 millones de personas murieron de sarampión en el mundo.
Sarampión en México
Los primeros registros de esta infección en México se remontan a principios del siglo XVI, con la llegada de los españoles. Junto con la viruela y el coccoliztli (salmonelosis), el sarampión ayudó a diezmar la población azteca.
Durante los siguientes 500 años, el sarampión se arraigó entre la población y provocó frecuentes epidemias. La primera descripción bien documentada de esta enfermedad la dio en 1825 el médico Manuel Rodríguez Balda. Después de eso, hasta 1927, se produjeron al menos 7 epidemias importantes. Se estima que en el período de 1922 a 1974 se registraron en el país 468.638 muertes por sarampión.
tenemos una vacuna
El impacto del sarampión a escala global era insostenible, por lo que era necesario desarrollar una vacuna. En 1954, durante un brote en Massachusetts, los científicos John F. Enders y Thomas C. Peebles aislaron el virus de muestras de estudiantes infectados. La cepa resultante, conocida como Edmonston-B, permitió a Enders desarrollar en 1963 la primera vacuna contra la infección basada en un virus atenuado. Es decir, lo suficientemente fuerte como para provocar una respuesta de nuestro sistema inmunológico, pero lo suficientemente débil como para no causar enfermedad.
En 1968, Maurice Hilleman y su equipo perfeccionaron esta vacuna utilizando la misma cepa, pero más debilitada. Es, en esencia, la vacuna que se utiliza hoy en todo el mundo.
Desde su introducción a nivel mundial, la inmunización ha sido muy eficaz: las muertes anuales por sarampión, que antes de la vacunación llegaban a casi 2 millones en todo el mundo, cayeron a 89.780 en 2016, el año con el menor número de casos registrado.
En el caso específico de México, la vacuna se administra en combinación con rubéola y parotiditis (paperas), en la llamada vacuna triple vírica. Se administra en dos dosis: la primera a los 12 meses y la segunda, conocida como refuerzo, a los 6 años. Ambas dosis son necesarias para conseguir una protección completa frente a la enfermedad.
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Menos vacunación, más casos
El último gran brote de sarampión en México ocurrió en 1989-1990, período en el que se registraron 89,163 casos y 5,899 muertes. En 1990, la Encuesta Nacional de Cobertura de Vacunación arrojó que sólo el 46% de los niños mexicanos contaba con su esquema de vacunación, por lo que un año después se estableció el Programa Universal de Vacunación. El propósito de este plan era que para 1992, todos los niños menores de 5 años recibieran 8 dosis de vacunas: 3 Sabin (polio), 3 DPT (difteria, tos ferina/tos ferina y tétanos), una dosis de BCG (tuberculosis) y una contra el sarampión.
Relación temporal entre el número de casos confirmados de sarampión y la cobertura de vacunación triple vírica en México durante el periodo 1989-2025. Los datos de cobertura se obtuvieron del Banco Mundial con base en estimaciones de OMS/UNICEF, mientras que los datos de casos confirmados provienen de registros oficiales de la Secretaría de Salud de México. Elaboración propia Logros y retrocesos históricos
Gracias a este compromiso de las autoridades y la ciudadanía, el número de casos de sarampión ha disminuido, lo que llevó a que México sea declarado libre de sarampión por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Sin embargo, en 2025, México reportó 6,444 casos confirmados de infección, y al 2 de marzo de 2026, 5,437 casos confirmados y 5 defunciones. Datos que nos llevan a preguntarnos: si la vacuna es tan efectiva, ¿por qué han aumentado los casos recientemente, al punto de que México corre peligro de perder su certificación como país libre de sarampión?
Para poder explicar esto primero es necesario saber que el virus del sarampión es uno de los más contagiosos, por lo que es necesario lograr la protección del 95 por ciento de la población para poder detener la transmisión del virus. Los datos de la Organización Mundial de la Salud sugieren que durante y después de la pandemia de Covid-19, la cobertura de vacunación contra el sarampión disminuyó a nivel mundial. México no fue la excepción: la cobertura con la primera dosis de la vacuna triple vírica mostró una caída drástica al 86% en 2022; 76% en 2023; 80% en 2024 y 71% en 2025.
Esta disminución puede explicarse por varios factores, incluida una disminución injustificada de la confianza en las vacunas, el acceso limitado a los servicios de salud, especialmente para las poblaciones vulnerables, y fallas en los mecanismos de adquisición.
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México y la epidemia hace 36 años
Como se mencionó anteriormente, el último brote importante de sarampión en México ocurrió entre 1989 y 1990. Este evento representó un punto de inflexión para la política nacional de inmunización. El control del brote se logró mediante campañas de vacunación masiva dirigidas a poblaciones susceptibles, que permitieron detener la transmisión del virus en un período de tiempo relativamente corto.
De esta experiencia se evidenció la necesidad de fortalecer el esquema nacional de inmunización incorporando una segunda dosis de vacuna triple vírica. Esta dosis se agregó formalmente al esquema y comenzó a administrarse a los 6 años, al ingresar a la educación primaria, con el objetivo de cerrar las brechas de inmunidad y garantizar una protección sostenible a nivel poblacional.
Implementar estas estrategias no fue fácil. Esto requirió una fuerte coordinación y una movilización operativa sin precedentes. Personal médico visitó escuelas primarias públicas y privadas de todo el país para administrar un total de 14.398.064 dosis de sarampión.
Además, se logró una cobertura de vacunación del 79% en niños de un año, cifra sin precedentes. Este aumento de la cobertura provocó una drástica reducción del número de casos.
Actualmente, el gobierno mexicano ha tomado esta experiencia histórica como referencia para enfrentar la nueva epidemia de sarampión. Para 2026 se anunció la adquisición de 27,3 millones de dosis y entre 2025 y 2026 se administraron más de 18 millones de vacunas. La estrategia está dirigida principalmente a niñas y niños de 6 meses a 12 años que no cuentan con ninguna dosis o necesitan refuerzo, así como a personas de 13 a 49 años sin antecedente de vacunación o con esquema de vacunación incompleto.
Estas acciones buscan restablecer una cobertura óptima y restaurar niveles de inmunidad colectiva suficientes para prevenir futuros brotes.
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¿Podemos erradicar la viruela?**
Uno de los mayores logros de la medicina moderna fue la erradicación de la viruela. Esta enfermedad, que durante siglos causó millones de muertes y dejó consecuencias devastadoras como ceguera y desfiguración, fue declarada oficialmente erradicada el 8 de mayo de 1980. La pregunta inevitable es: ¿podríamos lograr lo mismo con la viruela?
Desde un punto de vista biológico y epidemiológico, la respuesta es sí. Al igual que la viruela, la viruela tiene a los humanos como único reservorio natural, lo que elimina la posibilidad de reintroducción desde los animales. Además, su cuadro clínico es característico, sobre todo en el contexto de alta incidencia, y actualmente contamos con métodos de diagnóstico estandarizados y sistemas de vigilancia epidemiológica que pueden detectar rápidamente los casos.
A esto se suma la disponibilidad de una vacuna altamente efectiva, cuya efectividad permitió eliminar la transmisión endémica en diferentes países e incluso regiones enteras en ciertos períodos.
Sin embargo, la erradicación global implicaría un desafío logístico y político de enormes proporciones. Debido a la altísima transmisibilidad del virus, es necesario mantener de forma sostenible una cobertura vacunal mínima del 95% con dos dosis en todas las comunidades, sin diferencias geográficas ni poblacionales.
La reciente pérdida del estatus de eliminación en algunos países y el riesgo latente en otros, como México, muestran que incluso pequeñas reducciones en la cobertura pueden revertir décadas de progreso.
La vacunación sigue siendo la herramienta más poderosa para prevenir el sarampión y muchas otras enfermedades infecciosas. Cada muerte causada por un patógeno prevenible mediante vacunación representa un fracaso colectivo en los sistemas de salud y en nuestra responsabilidad social. Mantener una alta cobertura no es sólo un objetivo técnico, sino también un compromiso ético con la salud pública.
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