La Europa medieval, marcada por la reforma gregoriana, las Cruzadas y la influencia del conocimiento árabe que desembocaría en el Renacimiento, escribió su historia bajo la pluma de un hombre. En este contexto destacó Trotula, una mujer nacida en el siglo XI que vino a hablarnos de un tema muy relevante hoy en día: la salud y el autocuidado de la mujer.
Trotula estudió en la Facultad de Medicina de Salerno (Italia), el primer centro que permitió a las mujeres acceder a la formación médica. Trabajó como ginecóloga y obstetra, pero también estudió la salud y el bienestar de la mujer. En el siglo XII apenas se reconocían las necesidades de la mujer, por lo que sus trabajos sobre la menstruación, la fertilidad, la anticoncepción y la cosmética supusieron una revolución en el cuidado integral del cuerpo femenino.
El prestigio de Trotulla fue tan significativo que su figura apareció en obras como Los cuentos de Canterbury y El libro del buen amor. Sin embargo, años después, atribuyeron sus escritos a un autor masculino, intentando convencer a la humanidad de que Trotula nunca existió. Permaneció olvidada durante siglos hasta que una investigación del siglo XX recuperó su nombre y le devolvió la autoría de sus aportaciones médicas.
‘De ornatu mulierum’: el primer tratado de cosmética
De ornatu mulerium (“Sobre la decoración de la mujer”) enseña cómo preservar y mejorar la belleza de la mujer y curar enfermedades de la piel y el cuero cabelludo a través de consejos y recetas naturales. Este libro, que forma parte de Trotula Minor, retrata a Trotula como una maestra innovadora e inteligente. Su principal objetivo era enseñar y popularizar la cosmética femenina a través de instrucciones claras para la formulación y preparación de medicamentos.
Para Trotula la belleza no era una frivolidad, sino un concepto inseparable de la salud, la higiene y el equilibrio corporal. Defendió prácticas que chocaban directamente con la mentalidad de su época: limpieza diaria del cuerpo, ejercicios físicos regulares, dieta equilibrada, cepillado de los dientes antes y después de las comidas, baños de vapor y masajes con aceites. Trotula sugirió que estas prácticas son factores clave en la prevención de enfermedades.
Quizás lo más innovador de su trabajo no fueron sus fármacos, sino su forma de entender la relación entre medicina y cosmética. Además, enfatizó el trato a los pacientes a través del respeto, atención, sonrisas y palabras de aliento. Cuestiones que en muchos casos siguen siendo temas sin resolver en la medicina actual.
Piel sana, piel nutrida, piel bella
El cuidado de la piel, o lo que hoy llamamos dermatología, ocupa un lugar central en su discusión. Sus recetas incluyen muchas hierbas que todavía hoy se utilizan en cosmética, aunque en aquella época se emulsionaban con grasas animales en lugar de soluciones acuosas.
Por ejemplo, para evitar problemas con la piel del rostro se utilizaba un exfoliante facial a base de pan rallado y uno de cebolla. Para el cuidado de la piel se describen cremas de día y de noche con aceite de aloe, cebada, algarroba, malva, iris y violeta. Para protegerse del sol se recomendaba la manteca de cerdo.
Además, Trotula ofrece recetas para aclarar la piel, broncear, teñir las mejillas y los labios. Para resaltar el color de las mejillas, explica:
“Toma la raíz roja y blanca del marrón, límpiala, pícala finamente y sécala. Luego espolvoréala y mézclala con agua de rosas y unta tu cara con un paño de algodón o lino fino”.
Para el maquillaje y cuidado de los labios se recomienda utilizar madera de Brasil, miel, aceite esencial de rosa y resina.
Cabello: brillo, color y prevención de caída
El cuidado del cabello es uno de los temas centrales de De ornatu mulierum. A diferencia de muchos médicos medievales, que desaconsejaban lavarse el cabello, ella promovía exactamente lo contrario: baños frecuentes, masajes en el cuero cabelludo y aceites naturales para fortalecer y prevenir la caída del cabello.
Su trabajo fue más allá de la higiene básica, ofreciendo fórmulas específicas para teñir y embellecer el cabello. Para conseguir tonos azules o dorados propuso dos opciones: un color compuesto por corteza de saúco, flores de retama, azafrán y yema de huevo, o grasa de abeja quemada mezclada con aceite y leche de cabra. Por el contrario, para obtener un tono negro y favorecer el crecimiento, recomendaba una grasa obtenida cociendo en aceite la cabeza y la cola de un lagarto verde. Ingredientes como la grasa de res, las yemas de huevo y la leche de cabra fueron claves para fortalecer.
La autora también aportó soluciones médicas para enfermedades como la tiña: sugirió utilizar tratamientos con vinagre y altramuz blanco. Estos métodos ilustran la profunda integración de la sabiduría médica y los remedios naturales en la práctica de Trotula.
Depilación y cuidado corporal.
Nuestro protagonista promovía mantener el cuerpo limpio, equilibrado y armonioso. Recomendó que cualquier “exceso” (como cabello, sequedad o impurezas) se trate con métodos suaves, naturales y respetuosos con la fisiología femenina. Este enfoque priorizó el bienestar físico y emocional de las mujeres.
Los tratamientos de depilación específicos descritos por Trotula utilizaron una mezcla diversa de ingredientes. Por ejemplo, para la depilación definitiva le recetaba orpimentum (sulfuro de arsénico), un mineral actualmente considerado peligroso, y huevos de hormiga.
También sugirió utilizar una pomada a base de almendras dulces y mantequilla. Además, consideró utilizar goma arábiga y resina como método físico de depilación, equivalente a la cera depilatoria actual. Y, además, sugirió el uso de cal viva como despigmentante y para aclarar el vello corporal.
Un legado actual sorprendente
Leer hoy a Trotula de Salerno es descubrir que muchas ideas modernas sobre el cuidado personal, la higiene diaria y la cosmética natural ya fueron formuladas hace casi mil años. Su mirada, profundamente humanista y adelantada a su tiempo, nos presenta el cuidado del cuerpo femenino como una cuestión de bienestar médico y emocional, y no como un simple adorno.
En una época en la que se dudaba de la capacidad intelectual de la mujer, Trotula escribió con autoridad sobre temas que hoy llamaríamos dermatología, tricología y cosmética natural. Su obra, revolucionaria en su momento, fue utilizada como referencia en las universidades europeas durante siglos.
Trotula no sólo fue una pionera en ginecología, sino también la primera gran experta en cosmética femenina.
Alicia Espineira, licenciada en Historia y estudiante de Maestría en Formación Docente, contribuyó a la redacción de este artículo.
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