Durante la última década, el término NEET (jóvenes que ni estudian ni trabajan) se ha introducido en el debate público para describir una de las situaciones más preocupantes de las sociedades actuales. En 2023, más de 280 millones de jóvenes en el mundo se encontraban en esta situación, según datos de la Organización Internacional del Trabajo.
En Europa, aunque las cifras varían mucho de un país a otro, este fenómeno afecta a millones de jóvenes, con especial intensidad en aquellos territorios que combinan mercados laborales frágiles y sistemas educativos débilmente vinculados al empleo.
Muchas veces el debate público presenta a estos jóvenes como desmotivados, sin esfuerzo o como responsables de su propia exclusión. Sin embargo, la evidencia obtenida de nuestro estudio muestra una realidad mucho más compleja. Lejos de ser una decisión puramente individual, el fenómeno NEET es el resultado de una combinación de factores estructurales, familiares e individuales, profundamente condicionados por el territorio en el que se vive. Esta perspectiva permite comprender por qué las políticas destinadas únicamente a “activar” a los jóvenes, sin tener en cuenta su contexto, muchas veces fracasan.
Determinantes de los jóvenes ninis. Un fenómeno diverso, no un grupo homogéneo
Uno de los principales errores que cometemos cuando hablamos de jóvenes ninis es asumir que son un grupo homogéneo. Los resultados que hemos llegado a demostrar que bajo esta etiqueta conviven realidades muy diferentes. Algunos jóvenes están desempleados y buscan trabajo activamente. Otros están fuera del mercado laboral porque cuidan a familiares, han perdido la esperanza de encontrar trabajo o tienen problemas de salud. Y también hay un grupo minoritario que voluntaria y temporalmente queda fuera del sistema.
Esta heterogeneidad es crucial porque implica necesidades, trayectorias y riesgos muy diferentes. No es lo mismo un joven que lleva meses buscando trabajo sin éxito, que una mujer joven que abandona el mercado laboral por responsabilidades de cuidado o alguien que se retira temporalmente del sistema educativo por falta de fondos.
Esta diversidad es clave para entender por qué muchas políticas públicas no logran los resultados esperados. Tratar a todos los ninis como si tuvieran los mismos problemas conduce a intervenciones ineficaces y, en algunos casos, injustas, haciendo invisibles situaciones de vulnerabilidad muy diferentes bajo la misma etiqueta estadística.
Factores estructurales: cuando el mercado laboral expulsa
El primer nivel de explicación se encuentra en los factores estructurales (o de nivel macro). Los países y regiones con altas tasas de desempleo juvenil, mercados laborales inseguros y transiciones más débiles de la educación al empleo tienen tasas más altas de jóvenes ninis.
Las crisis económicas empeoran esta situación. Después de la crisis financiera de 2008 y, más recientemente, durante la pandemia de Covid-19, muchos jóvenes quedaron atrapados en trayectorias laborales inestables, atados a contratos temporales o directamente excluidos del empleo. En este contexto, el problema no es sólo la falta de trabajo sino también la inseguridad: empleos mal remunerados e inseguros con pocas oportunidades de aprendizaje que no facilitan la integración permanente.
Además, la ubicación es importante. Las regiones rurales o periféricas, con economías poco diversificadas y menor acceso a los servicios públicos, concentran mayores riesgos de exclusión juvenil que las áreas metropolitanas, con mercados laborales más dinámicos. Las diferencias territoriales no sólo afectan la disponibilidad de empleo, sino también la calidad de las instituciones, el acceso al transporte, las ofertas educativas y los servicios de apoyo a los jóvenes.
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El papel de la familia, el sistema educativo y el entorno inmediato
El segundo nivel de factores se refiere al entorno familiar, social y educativo. El nivel educativo de los padres, la estabilidad económica del hogar y el acceso a redes de apoyo influyen decisivamente en los caminos de los jóvenes.
El sistema educativo también juega un papel central. El abandono temprano de la escuela, un vínculo deficiente entre la formación y el mercado laboral o una formación profesional deficiente aumentan significativamente el riesgo de convertirse en ninis. Por el contrario, los países y regiones con sólidos sistemas de formación profesional y buenas políticas de transición al empleo logran reducir este riesgo. En particular, se destaca la importancia de programas que combinen formación y experiencia laboral, permitiendo una transición menos abrupta entre el estudio y el trabajo.
La reconciliación es otro elemento clave. Muchos jóvenes, especialmente las mujeres, abandonan el trabajo o la formación debido a responsabilidades de cuidados. Cuando existen servicios de cuidado infantil y políticas de apoyo familiar, es mucho menos probable que estas mujeres jóvenes queden atrapadas en la inactividad. Esto explica gran parte de la brecha de género observada en las tasas de inactividad juvenil.
Factores individuales: edad, género y educación.
A nivel individual, existen características que influyen en la probabilidad de convertirse en un nini. La probabilidad de quedar atrapado en esta situación aumenta cuando el abandono del sistema educativo no va acompañado de mecanismos de empleo eficaces y los jóvenes se enfrentan a mercados caracterizados por la inestabilidad y la inseguridad. El género también es importante: en muchos países, las mujeres tienen tasas más altas de inactividad debido a sus roles tradicionales de cuidado.
Aunque el nivel educativo de cada persona generalmente protege contra la exclusión, no funciona automáticamente. Los jóvenes con baja cualificación tienen más dificultades para acceder al empleo, pero también hay jóvenes con estudios superiores que se quedan como ninis por reconversión y falta de oportunidades acordes a su formación. Este fenómeno pone en duda la idea de que una mayor educación, por sí sola, garantiza una integración exitosa al trabajo.
Por qué el territorio es clave para entender el fenómeno
Uno de los elementos menos visibles en el debate público es el papel del territorio. Nuestro estudio muestra que los factores que explican el fenómeno NEET no funcionan igual en todos los lugares. Las oportunidades educativas, el tipo de empleo disponible, la calidad de las instituciones y el acceso a los servicios públicos varían mucho de una región a otra.
Esto explica por qué dos jóvenes con perfiles similares pueden tener trayectorias muy diferentes según vivan en una gran ciudad o en una región periférica. Comprender esta dimensión territorial es esencial para crear políticas efectivas y evitar soluciones únicas que ignoren las desigualdades locales. La evidencia sugiere que las políticas más exitosas son aquellas que se adaptan a las condiciones económicas y sociales de cada territorio.
Soluciones poliédricas
Las investigaciones acumuladas apuntan a una conclusión clara: no existen soluciones simples. Las políticas más eficaces son aquellas que combinan medidas económicas, educativas y sociales, adaptadas al contexto territorial.
Los programas que integran formación, experiencia laboral remunerada, apoyo personalizado y apoyo social muestran mejores resultados que las intervenciones aisladas. También es una diferencia clave entre los jóvenes desempleados y los jóvenes inactivos, ya que sus necesidades son diferentes. Ignorar esta diferencia reduce la eficacia de las políticas y refuerza estigmas injustificados.
En resumen, lejos de ser un problema de actitud individual, el fenómeno NiNi refleja fallas estructurales en los sistemas educativos, los mercados laborales y las políticas sociales. Comprender esta complejidad es el primer paso para abandonar el estigma y avanzar hacia respuestas más justas y efectivas.
Una versión de este artículo fue publicada en la revista Telos de la Fundación Telefónica.
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