La primera constitución española nació en Cádiz. Fue en 1812 y la llamaban “La Pepa”. El primer manifiesto feminista español nació también en Cádiz, en 1857. Aquí la segunda Pepa fue matrona.
Publicación de ‘Mujeres en Sociedad’ en El Pensil Gaditano. Ayuntamiento de Cádiz
Fue Josefa Zapata, fundadora, junto a Margarita Pérez de Celis, de El Pensil Gaditano, periódico responsable de la publicación de “Mujer y Sociedad”, bautizado en las redes como el primer manifiesto feminista español (con permiso del tercer Pepe: Josefa Amar y Borbones, Josefa Amar y Borbones, y su obra “Mujeres discotadas”17).
“Mujer y Sociedad” la firma Rosa Marina, un seudónimo tras el que podrían esconderse Zapata y Pérez de Celis. Como no hay acuerdo al respecto en la comunidad investigadora, dejaremos a Josefa y Margarita en el papel de “parteras” y no en el papel de madres del niño que tan relevante es para la construcción de la genealogía del pensamiento feminista español.
La imagen de ambos pensadores comenzó a renovarse casi al mismo tiempo que la democracia. En la década de 1970, la coincidencia del feminismo de la tercera ola con el proceso de transición fue el terreno fértil perfecto para que la historiografía se centrara en las mujeres socialistas de Cádiz que, como muchas de sus contemporáneas, creían que era posible construir sociedades más igualitarias a través de la educación y la búsqueda de la justicia social.
De esos años son los trabajos del historiador y ensayista Antonio Elorza sobre el socialismo utópico español en los que se enmarcaron estos dos periodistas. En los años 90 y principios de los 2000, la historiografía feminista finalmente las sacó del olvido y las convirtió en protagonistas centrales de estudios como los de Inmaculada Jiménez Morel, Mónica Bolufer y, probablemente, uno de los historiadores que más profundamente conoce a José Zapata y a Margarita Pería Torrez de Celis, profesora de la Universidad de E Celis: Cádiz.
Y con esas trenzas académicas, Josefa Zapata y Margarita Pérez de Celis llegaron a la cuarta ola feminista y difundieron en las redes sociales.
quiero poner una cara
Una búsqueda rápida en Internet ofrece multitud de entradas donde es posible conocer a los dos periodistas y pensadores gaditanos. Hay textos, podcasts y algunos vídeos. Se las presenta como lo que fueron: mujeres que desafiaron el sistema y defendieron la igualdad de género. Hay pocos detalles sobre su vida personal, aunque algunos contenidos resaltan el hecho de que ninguna de las dos se casó y mantuvo una amistad romántica, una relación muy común entre mujeres que encontraron seguridad y espacio en otros para desarrollar sus inquietudes intelectuales y, según estudios queer, sexuales.

La imagen en cuestión. SC.INAH.SINAFO.FN Número de inventario 453737
En buena parte de estas entradas y contenidos aparece una imagen que permite ponerles rostro y reforzar la idea de intimidad entre José Zapata y Margarita Pérez de Celis. Ambas posan juntas leyendo un libro que una de ellas sostiene mientras la otra apoya sus manos sobre los hombros de su pareja. ¿Pero quién es quién? Ninguna de las inscripciones explica esto. Primera bandera de la red.
Los pocos datos biográficos que los historiadores han podido documentar dicen que Josefa era 16 años mayor que Margarita. Sin embargo, la diferencia de edad no parece tan obvia en la imagen. Segunda bandera de red.
La verdad de esa foto.
De hecho, esas dos mujeres no son Josefa Zapata ni Margarita Pérez de Celis. Se trata de dos jóvenes burguesas de la Ciudad de México (entonces, Ciudad de México) fotografiadas por el estudio “Cruces y Campas” en 1868. Esta figura en el inventario número 453737 de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, cedida por Juan Carlos del Sistema Nacional Mexicano.
Según los estudios de la investigadora mexicana Patricia Massa, “Cruces y Campas” se especializaron en retratos de personajes de la burguesía local y en la elaboración de tarjetas de presentación que presentaban escenas en las que sus protagonistas aparecen en acciones que, además de sus gustos y aficiones, querían comunicar su estatus. No es casualidad que dos jóvenes eligieran ser inmortalizadas en la imagen de esta manera. Leer -en muchos casos- y escribir -en una minoría de ellos- fueron una vía de escape para las damas del siglo XIX que no estaban satisfechas con el papel doméstico que el sistema liberal pretendía asignarles.
Josefa y Margarita no aparecen juntas, hasta donde sabemos. Pero seguramente, como editores de Pensiles, compartieron muchas veces el mismo escenario, leyendo y comentando los textos que llegaban a su redacción. Entonces, si bien la difusión de imágenes no es real, puede que no sea tan imposible.
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