‘Paleodicción’: un misterioso organismo que dibujó patrones en las profundidades del mar durante millones de años

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La vida en la Tierra ha evolucionado durante al menos 3.500 millones de años, la mayor parte de los cuales ha transcurrido en los océanos. Hasta ahora, una de las mejores herramientas para reconstruir quiénes vivieron y cómo vivían han sido los fósiles: restos de organismos del pasado que quedaron atrapados en rocas sedimentarias.

Sin embargo, los organismos biológicos no son sólo el cuerpo o la anatomía, sino también lo que hacemos con ellos. Los organismos construyen (y nosotros construimos) casas, nidos, trampas, galerías y nosotros dejamos huellas de nuestras acciones en el medio ambiente.

Cuando lo que se conserva en una roca no es el cuerpo de un animal, sino un rastro fosilizado de su actividad, hablamos de icnofósiles o rastros fósiles. La disciplina encargada de descifrarlos, la paleoicnología, intenta leer estos comportamientos congelados en el tiempo.

El catálogo de icnofósiles es enorme. En muchos de ellos conocemos con certeza al “autor”, pero en otros casos el organismo productor sigue siendo un misterio. Y, entre esos misterios sin resolver, uno destaca por encima de todos.

La paleodikción encontrada en el río Savio, Italia, pertenece al Mioceno. Wikimedia Commons., CC BI Patrones regulares en las profundidades del mar.

Pocos restos de fósiles son tan reconocibles como Paleodiktion. A primera vista parece un panal fosilizado; una cuadrícula perfecta de celdas hexagonales. Sin embargo, no se trata de una huella dejada en la superficie por un organismo, sino de un sistema de túneles horizontales, regulares e interconectados, que en ocasiones conectan con la superficie a través de pequeños pozos verticales. Lo que es visible en la superficie es sólo un patrón de agujeros en el sedimento que esconde un sistema oculto mucho más complejo.

Su patrón es tan llamativo que el primer registro visual de este “organismo” se atribuye a Leonardo da Vinci. En sus observaciones de los fósiles de los Apeninos, Da Vinci dibujó una serie de patrones hexagonales que corresponden a las redes de Paleodiktion. Sin embargo, el reconocimiento oficial no llegó hasta más de 300 años después, en 1850, cuando el naturalista italiano Giuseppe Meneghini describió formalmente el género en depósitos de flysch –rocas de origen sedimentario– en Italia.

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Esquema de Da Vinci (izquierda) y fósil real (derecha) de Paleodicción. Alberto González, modificado de Baucon (2010) y Rona et al. (2009).

Durante el siglo XIX reinó la confusión sobre su naturaleza. A menudo se clasifican como “fucoides”, que se cree que son restos de algas primitivas.

Sin embargo, a medida que los hallazgos se multiplicaron, surgió una sorpresa más grande que su propia identidad: su asombrosa estabilidad temporal. La paleodicción aparece en el registro fósil desde el Cámbrico temprano (hace más de 500 millones de años) hasta el Eoceno (hace unos 35 millones de años). A diferencia de otros fósiles que van y vienen, este patrón se ha mantenido estable durante eones.

Descubrimiento de un fósil viviente

El fósil en sí ya era un misterio, pero la historia dio un giro inesperado. En 1976, el oceanógrafo estadounidense Peter Rona, de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos), estaba analizando imágenes del fondo del océano en el Rift de Galápagos y del Atlántico profundo cuando algo llamó su atención: cientos de agujeros impresos en el sedimento, con un patrón hexagonal.

Al principio, Rona pensó que sus compañeros le estaban gastando una broma, pero tras desestimar el bulo se puso en contacto con los mejores biólogos marinos del momento y les consultó sobre las extrañas pistas. La respuesta fue unánime; nadie ha visto un patrón similar. En 1978, publicó sus inquietantes resultados y calificó las huellas como obra de “un invertebrado de identidad desconocida”.

La identificación se produjo poco después, y no provino de la biología, sino de la paleontología. Adolf Seilacher, un famoso paleontólogo alemán, vio las fotografías de Rona e inmediatamente reconoció lo que tenía delante. Se puso en contacto con el oceanógrafo con un mensaje revelador: lo que las fotografías mostraban “vivo” a miles de metros de profundidad era idéntico al Paleodiction nodosum, un fósil del Eoceno que él mismo había estudiado.

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Esquema de varios tipos de grafoglíptidos, grupo de icnofósiles al que pertenece Paleodiktion. Alberto González, modificado de Ron et al. (2009).

La conclusión fue sorprendente: un organismo desconocido que dejó su huella en los sedimentos hace 500 millones de años todavía estaba vivo hoy, dejando su huella en los sedimentos abisales. La huella estaba fresca; Ahora sólo queda atrapar al arquitecto.

En busca de un arquitecto desconocido

A pesar de la magnitud del descubrimiento, Seilaher y Rona se toparon con un muro común en la ciencia: la financiación. La investigación en las profundidades del océano es compleja y costosa, y en ese momento parecía imposible financiar una expedición para encontrar al autor de los rastros fósiles.

La suerte cambió en 1985, cuando el propio Rona y sus colegas descubrieron respiraderos hidrotermales en la Cordillera del Atlántico Medio. Este descubrimiento multiplicó el interés y la financiación, permitiendo realizar hasta cuatro expediciones entre 1990 y 2003, incluido el rodaje de un documental para IMAX (Deep Sea Volcanoes).

Aprovechando estas campañas, Rona y Seilacher pudieron estudiar las misteriosas marcas, que se encontraban a varios kilómetros de los respiraderos hidrotermales.

Los investigadores tomaron muchas fotografías, recolectaron numerosos núcleos de sedimentos para analizar su química y microbiología e incluso crearon reconstrucciones 3D de la red.

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Sumergible Alvin en 1978, un año después de la primera exploración de fuentes hidrotermales. Una rejilla que aparece en la proa contiene los contenedores de muestras. Johlman / Wikimedia Commons., CC BI Cara a cara en un submarino

El clímax llegó con un experimento in situ, gracias al famoso aparato submarino DSV Alvin, rociaron un suave chorro de agua sobre un ejemplar de Paleodicción para “barrer” la capa superficial, con el objetivo de encontrar el organismo responsable escondido en el sedimento.

Cuando la nube de barro se disipó, apareció lo que Seilaher había predicho: escondido debajo de los simples agujeros había una red hexagonal de túneles idénticos a los fósiles de hace millones de años.

En 2009, los autores publicaron un artículo completo con todos sus resultados. Sin embargo, la victoria fue incompleta. Ni la observación submarina, ni el análisis de muestras de la superficie, ni la secuenciación genética posterior lograron encontrar el organismo. Tenían una estructura conservada, pero no había autor.

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Fotografía actual de Paleodicción y reconstrucción 3D. Alberto González, modificado de Durden et al., 2020 y Rona et al., 2009. Distribución actual

Actualmente, la Paleodicción se encuentra en el registro fósil en sedimentos marinos de todos los continentes. Es una herramienta esencial para que los paleontólogos fechen estratos geológicos y reconstruyan océanos antiguos. Aunque su origen evolutivo se remonta a aguas menos profundas del Cámbrico, con el tiempo migró hacia las profundidades marinas, donde parece haberse asentado.

En cuanto al organismo “vivo”, su presencia actual no se queda atrás. Se ha documentado en tres grandes océanos, siempre a profundidades abismales: desde la Dorsal Mesoatlántica hasta la vasta Zona de Fractura Clarion-Clipperton en el Océano Pacífico, pasando por las Dorsales del Océano Índico.

Está en todas partes y no parece estar en ninguno de sus ‘agujeros’.

Un enigma global: teorías sobre sus orígenes

Aunque se han realizado numerosos estudios, desde análisis de imágenes hasta modelos teóricos, nadie ha podido descubrir todavía al autor de estas marcas. Hoy, la comunidad científica considera tres hipótesis principales:

• Yaga de invertebrados: propuesta por Seilacher, sugiere que el sendero es un agujero excavado por un crustáceo o animal vermiforme, que lo habría utilizado para “cultivar” y recolectar alimento microbiano.

• Protozoos macroscópicos: en las profundidades marinas son comunes los organismos unicelulares de tamaño considerable llamados xenofióforos (Xenophiophorea). Algunos de ellos tienen formas tubulares y viven enterrados en el sedimento. Esta teoría propone que la red no es una excavación, sino una impresión del cuerpo de uno de estos organismos.

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Una esponja de hexantinelida fotografiada durante la expedición MANGAN 26 (SO317). Alberto González et al.

• Esponja de vidrio: Las esponjas hexantinelidos son comunes en las profundidades del mar y se han descubierto especies que tienen una arquitectura esquelética interna con patrones hexagonales. Esta teoría sugiere que Paleodiktion es el esqueleto de una esponja adaptada a la vida infaunal, organismos que viven entre partículas de sedimentos en un ambiente acuático.

un misterio por resolver

Todas las teorías tienen puntos fuertes y debilidades. No se sabe de ningún animal que haga madrigueras hexagonales regulares, y nunca se ha visto que ningún crustáceo o animal vermiforme habite u ocupe estos tubos. Tampoco se encontraron espículas de sílice características de las esponjas y no parece la mejor estrategia para que un organismo que se alimenta por filtración viva bajo el sedimento.

La sugerencia más razonable parece ser la de un protista desconocido, quizás relacionado con xenofióforos (organismos unicelulares gigantes), pero la ausencia total de filamentos citoplasmáticos dentro del tubo impide la confirmación. En resumen, todas las sugerencias son sólo especulaciones.

El autor de estas marcas aún hoy se desconoce. Y no estamos hablando de una rareza biológica limitada a un rincón perdido. El océano profundo es el ecosistema más grande de la Tierra, cubre aproximadamente el 60% de la superficie del planeta y representa más del 90% del espacio habitable.

No sabemos qué es Paleodiktion en sí, pero sabemos lo que significa para nosotros: un hermoso y simétrico recordatorio de los muchos misterios que siguen sin resolver en las profundidades del mar.


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