Plumas de calamar y caparazones de cangrejo para mejorar la salud de las mujeres

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Durante mucho tiempo no se ha prestado suficiente atención a las etapas importantes de la vida de las mujeres que afectan de manera diferente a su salud. Los efectos de la menstruación o la menopausia a menudo se pasan por alto por razones culturales o sociales, a pesar de que afectan a la mitad de la población mundial. Afortunadamente, existe un interés creciente en paliar esta carencia y en invertir en recursos que faciliten el bienestar de la población femenina.

Las mujeres suelen experimentar la menstruación aproximadamente a los cuarenta años de su vida, observando los diversos efectos involucrados en lo que se conoce como síndrome premenstrual. Además de los cambios de humor y los trastornos emocionales, existen una serie de síntomas físicos, como hinchazón abdominal, aumento temporal de peso, sensibilidad en los senos (mastalgia), dolores de cabeza, dolores articulares o musculares y acné, que pueden aliviarse hasta cierto punto si se tratan adecuadamente.

Asimismo, la perimenopausia (la transición natural a la menopausia) y la menopausia provocan sofocos, sudores nocturnos, irregularidades menstruales, insomnio, sequedad vaginal, cambios de humor y/o disminución de la libido. Si nos centramos en los efectos sobre la piel, la caída drástica de estrógenos y colágeno asociada a la menopausia provoca un aumento de la sequedad, la flacidez, las arrugas y un adelgazamiento de la epidermis.

Sustancias bioactivas para la salud de la mujer.

Existen sustancias bioactivas en la naturaleza que han demostrado ser efectivas en la formulación de productos para combatir algunos de estos efectos.

Así, el ácido g-linolénico, un ácido omega-6 presente principalmente en aceites concentrados de semillas como el de borraja, tiene propiedades antiinflamatorias y estrogénicas, contribuyendo al alivio de los sofocos, los trastornos del sueño, la irritabilidad y la sequedad vaginal.

Por su parte, el bacuchiol es un compuesto que se extrae principalmente de las semillas y hojas de la planta asiática Psoralea corilifolia. Se le conoce como una “alternativa vegana” al retinol y tiene efectos similares a los del estrógeno, además de propiedades antifúngicas, antibacterianas, antioxidantes, antiinflamatorias, antienvejecimiento, despigmentantes y anticancerígenas.

Otro candidato es la clorofilina, un derivado de la clorofila vegetal con actividad antioxidante, antiinflamatoria, desodorante, acelerador de la cicatrización de heridas, antimutagénica y anticancerígena.

Asimismo, hongos como el reishi (Ganoderma Lucidum) ayudan al organismo a gestionar el estrés físico, mental y emocional. Además, mejora los síntomas asociados a la fibromialgia, como la depresión y el dolor.

El problema de la bioactividad.

Muchas de estas sustancias bioactivas tienen una estabilidad limitada, es decir, pierden sus propiedades por una mala conservación. Por ello, el desarrollo de productos que permitan su encapsulación y protección es fundamental para garantizar su uso, tanto en cosmética como en complementos nutricionales.

En la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) estamos trabajando precisamente en eso. Proponemos el uso de subproductos de la industria alimentaria para extraer polímeros que sirvan como portadores de estos compuestos bioactivos y ayuden a conservarlos.

Conchas de cangrejo y plumas de calamar

En concreto, sugerimos utilizar caparazones de cangrejo de los pantanos del Guadalquivir (Sevilla) y plumas de calamar (vasco). Actualmente, el cangrejo rojo americano es la base de una importante industria en Isla Mayor (Sevilla), con una facturación que ha alcanzado los 20 millones de euros al año. Sólo una pequeña parte de los crustáceos es comestible (entre el 10 y el 30%); El resto se utiliza actualmente como alimento para animales por su valor nutricional. Sin embargo, su alto contenido en quitina abre la puerta a su uso en productos de mayor valor añadido.

Algo similar ocurre con el calamar, una de las especies comerciales de cefalópodos más importantes y con un alto valor de mercado. Las llamadas plumas de calamar (la estructura nasal, en forma de pluma, situada en el interior de la línea media dorsal del calamar), subproducto de la industria procesadora de este cefalópodo, está compuesta principalmente por proteínas y quitina.

Los investigadores de la EHU analizaron previamente el uso de esta quitina para promover la cicatrización de heridas crónicas. Además, la transformación de quitina en quitosano mediante modificación química controlada permite mejorar propiedades como la actividad antimicrobiana, la biocompatibilidad y la biodegradabilidad. Esto lo convierte en un candidato muy interesante para la encapsulación y protección de las sustancias bioactivas descritas anteriormente.

Podemos utilizar el quitosano en la formulación de emulsiones, tanto alimentarias como cosméticas, diseñadas para preservar la bioactividad de interés. En este sentido, hemos demostrado que el control del proceso de conversión de quitina a quitosano permite modular su papel en la estabilización.

Este avance supone el primer paso no sólo para el desarrollo de emulsiones, sino también de productos destinados a promover la salud de la mujer -como parches transdérmicos o snacks saludables- que utilizan el quitosano para encapsular ingredientes bioactivos como el ácido g-linolénico, el bacuchiol, la clorofilina o el reishi adaptógeno.


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