Cada vez que se pronostica una tormenta u ola de calor, muchas personas reciben alertas en sus móviles o las ven por televisión. Sin embargo, enviar información no siempre significa que la población cambie su comportamiento. En teoría, los sistemas de alerta sirven para advertir del peligro con tiempo suficiente para que la población actúe y se proteja. Pero en la práctica esto no siempre sucede.
Saber que hay una advertencia no significa saber qué hacer
Concretamente en el caso de los avisos meteorológicos y los avisos de protección civil, un estudio realizado por el grupo GEOTIGMA, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, revela que muchas personas no tienen claro qué hacer cuando reciben un aviso.
Casi el 74% de los encuestados reconoció los niveles de alerta de la Agencia Estatal de Meteorología. Sin embargo, sólo el 41% pudo distinguir entre un aviso meteorológico y un aviso de protección civil. Además, más de un tercio admitió que no sabe exactamente qué hacer cuando se activa una alerta. Esto revela un problema común en la gestión de riesgos: comprender la información no siempre significa actuar en consecuencia.
La percepción del riesgo es clave
La respuesta a una advertencia depende en gran medida de cómo cada persona percibe el riesgo. Si alguien lo ignora, es probable que ignore la advertencia y continúe con su vida normal. En cambio, si percibes el peligro como real, te resultará más fácil adoptar medidas de autoprotección.
Por ejemplo, ante un aviso de fuertes lluvias, una persona consciente del riesgo puede evitar viajes innecesarios para realizar compras en las instalaciones en lugar de cruzar barrancos para comprobar el estado de los desagües o los patios de su casa. En caso de fuertes vientos, las medidas pueden incluir asegurar estructuras en balcones o techos, evitar caminar cerca de árboles o las estructuras más inestables y extremar la precaución al conducir.
Cuando se trata de olas de calor, la conciencia del riesgo debe llevarnos a evitar la actividad física a mitad del día, mantenernos hidratados, buscar zonas frescas y prestar especial atención a las personas mayores que nos rodean.
Aunque las medidas pueden parecer simples, descubrir si se implementan puede ser el mejor indicador de la percepción del riesgo por parte de los individuos.
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No todo el mundo percibe el riesgo de la misma manera.
La investigación muestra claras diferencias entre grupos de población. Las personas mayores tienden a percibir los fenómenos meteorológicos como más peligrosos. Probablemente porque han sobrevivido a episodios más extremos y tienen más experiencia.
Los jóvenes, por el contrario, tienden a percibir menos riesgo. En nuestro estudio observamos que la percepción de peligro aumenta con la edad. Los participantes más jóvenes restaron importancia a muchas amenazas. Además, los jóvenes también tienen más dudas sobre qué hacer cuando reciben un aviso. Esto demuestra algo importante: saber que existe un sistema de alerta no significa saber cómo actuar.
También encontramos diferencias en otros grupos de población. Por ejemplo, las personas con mayor nivel educativo tienden a percibir más peligro ante los fenómenos meteorológicos. Una posible explicación es que tienen mayor acceso a la información científica o están más familiarizados con los sistemas de alerta. En general, las personas que conocen los niveles de alerta comprenden mejor la situación.
Otro resultado interesante se da en el caso de las mujeres. En general, tienden a evaluar más los riesgos y adoptar medidas preventivas con mayor frecuencia. Por otro lado, la percepción del riesgo tiende a ser menor entre los grupos más jóvenes, lo que puede llevarlos a ignorar las advertencias o retrasar las medidas de autoprotección.
Cuando los mensajes causan confusión
Otro factor importante es la forma en que se comunican los avisos. Hay dos tipos de mensajes en España. Por un lado, existen avisos meteorológicos que informan sobre la probabilidad de que se produzca un fenómeno desfavorable. Por ejemplo, un aviso naranja por fuertes lluvias en el norte de Gran Canaria indica que en esa zona podrían caer 80 litros por metro cuadrado en 12 horas.
Por otro lado, existen alertas de protección civil que se emiten cuando las autoridades activan medidas de gestión de emergencias. Por ejemplo, declarar alerta por lluvia en la isla, con recomendaciones como evitar desplazamientos o no circular por barrancos.
Aunque ambos mensajes están relacionados, muchos no distinguen entre ellos, mientras que un aviso meteorológico sólo informa de lo que puede pasar, un aviso de protección civil indica que las autoridades ya están respondiendo al peligro. Esto puede generar confusión sobre la gravedad de la situación.
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La información no siempre es suficiente
Los estudios sobre comunicación de riesgos muestran que las advertencias funcionan mejor cuando incluyen instrucciones claras y acciones específicas.
Los fenómenos meteorológicos extremos han aumentado en los últimos años y, afortunadamente, las previsiones meteorológicas son cada vez más precisas. Pero su utilidad depende de cómo los interprete la población. El sistema de alerta cumple su función sólo cuando la población realmente comprende el riesgo y sabe qué hacer al respecto. Recibir advertencias es sólo el primer paso: el impacto depende de cómo respondamos.
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