¿Se puede vivir sin las redes sociales? Muchos jóvenes (el 30%, según nuestro último estudio) piensan en eliminar estas aplicaciones de sus teléfonos o incluso lo hacen, pero no suele durar mucho. Durante unos días o semanas, tal vez en época de exámenes, “resisten” sin TikTok o Instagram. Pero después de un tiempo no les queda más remedio que volver si no quieren sentirse demasiado aislados. La “culpa” no es de ellos: es el sistema el que dificulta la vida en los márgenes.
Este estudio coincide con otros realizados anteriormente en los que la depresión, la ansiedad, la confusión o la baja autoestima aparecen como patologías habituales provocadas por la inmersión de jóvenes y adolescentes en este nuevo mundo digital, que para ellos no es un “otro” mundo, sino el mismo que el mundo físico.
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Esta idea nos ayuda a comprender el enorme efecto que los medios y las redes sociales tienen en la vida de todas las personas, especialmente en los jóvenes y adolescentes, y a explicar por qué es tan difícil escapar de su influencia. Los medios digitales y el sistema de redes sociales están diseñados para vivir del consumo. Por tanto, en lugar de uso, deberíamos hablar de “consumo” de redes sociales.
La propia sociedad es ya una sociedad en red y, aparte de la marginación y la pobreza extrema, ninguna persona puede imaginarse fuera de este sistema: por lo tanto, no se trata tanto de que estemos “expuestos” a ellos sino de que vivamos “inmersos” en este ecosistema.
¿Adicción o consumo compulsivo?
Aunque muchos autores, especialmente en el campo de la psicología, hablan de “adicción” para referirse a los efectos del consumo compulsivo de las redes sociales (con sus picos y déficits de dopamina), el concepto no puede describir su complejidad.
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Porque el impacto negativo sobre el bienestar y el equilibrio personal es sólo una de las dimensiones de actuación. Señalamos muy brevemente las dimensiones cognitiva y neurológica, pero también hay que tener en cuenta las dimensiones sociológica, industrial, económica, ideológica y política, lo que significa que no sólo nos enfrentamos a los “daños colaterales” de las redes sociales entre los jóvenes, sino que tenemos ante nosotros un nuevo proceso civilizatorio. Todos nos estamos adaptando a él en una dinámica de prueba y error y gira en torno a cómo ha sido hasta ahora la construcción de la identidad personal y social.
Un nuevo paradigma social, político y económico
No podemos considerar simplemente la “adicción” como algo que ha llegado y se presenta precisamente como un entorno cultural y social natural en el que hay que vivir. No se puede ser “adicto” a un conjunto de tecnologías que la economía ha impulsado como parte esencial del sistema productivo. No se puede depender de tecnologías promovidas por los Estados como paradigma de una nueva relación entre ciudadanos y administración.
Esta nueva sociedad en red es la realidad en la que vivimos y de la que las plataformas de contenidos son parte inseparable. Todo esto crea un nuevo ecosistema social a través del cual nos matriculamos en la escuela, nos registramos, programamos citas médicas, solicitamos visas, compramos ropa o billetes de transporte, organizamos vacaciones o conocemos a otras personas. No se puede considerar dependiente del aire porque respira.
¿Cómo evitas que te atrapen?
Los niños y niñas acceden a las redes sociales a partir de los 12 años y permanecen en ellas una media de cuatro horas diarias en las que recibirán 1.750 contenidos diferentes (uno cada diez segundos) en una mezcla de información, ocio y entretenimiento, promoción comercial, crítica social, opiniones políticas: podrán ver imágenes del asesinato entre Renee Preti y Alexpoli Preti Mines en el vídeo que adoptó. gatitos y otro para promocionar el bar.
Cuesta pensar que este nivel de saturación indiscriminada no tenga relación con el bienestar emocional o la forma en que niños y adolescentes construyen su visión del mundo. Si eso es lo que ven y sólo lo que ven, es normal tomarlo como “real”.
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Porque es precisamente el pensamiento abstracto el que se desarrolla en las personas desde los 11 años hasta los 15 años aproximadamente. Los sistemas de creencias, la capacidad de análisis y la reflexión profunda (abstracta) se forman en esta fase donde las redes sociales ponen ante tus ojos una realidad algorítmica controlada y diseñada por empresas y corporaciones de derecho privado que se centran sobre todo en su resultado final.
Conciencia y legislación
Nos enfrentamos a una era cambiante donde la tecnología y la economía se están transformando. Y provoca cambios en la organización social y política, tal como lo hizo la revolución industrial en los siglos XVIII y XIX. Su alcance en todas las cuentas aún está por verse. Pero, frente a todos estos cambios, la respuesta debe ser democrática, global y coordinada: las familias y los Estados tienen un papel decisivo. Además de la regulación legal del acceso a menores, debemos crear reglas de negocio responsables en las empresas y monitorear algoritmos.
La medida de nuestro éxito colectivo vendrá a través de la educación y la concientización. En la familia, por supuesto, pero también en la preparación de nuestros jóvenes, dentro del sistema reglado de educación obligatoria, para gestionar técnica y emocionalmente este nuevo mundo.
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