¿Por qué tenemos cada vez más alergias?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Pregunta de Alberto, 15 años. IES Miguel de Cervantes (Granada).

Asma, rinitis (que provoca estornudos, ojos llorosos, picor o secreción nasal), alergias alimentarias… Cada vez más personas padecen enfermedades alérgicas. Pero este aumento no puede explicarse por cambios en nuestros genes, ya que estos tendrían que ocurrir a lo largo de varias generaciones. Entonces, ¿qué está pasando?

Factores como los cambios en la dieta, la contaminación o los estilos de vida modernos están cambiando nuestra relación con el mundo que nos rodea… dificultando que nuestro sistema inmunológico distinga entre lo peligroso y lo inofensivo.

Vivimos en un nuevo entorno para el que nuestro cuerpo no está preparado.

A diferencia de nuestro sistema inmunológico, el medio ambiente ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Ahora pasamos mucho tiempo en espacios cerrados con menos contacto con los animales y la naturaleza. En estos ambientes altamente controlados, estamos menos expuestos a los microorganismos.

Según la llamada “hipótesis de la higiene”, un menor número de infecciones en la infancia aumentará el riesgo de alergias. Las personas que crecen en zonas rurales están más expuestas a los microbios y esto les ayuda a regular su sistema inmunológico.

No se trata de vivir sin higiene, sino de restablecer el equilibrio entre la protección frente a infecciones y el contacto con el entorno natural.

Pero el problema va más allá. Los científicos hablan del exposoma, es decir, el conjunto de exposiciones al medio ambiente durante la vida. Entre estos factores emergentes, algunos de los más estudiados en los últimos años son los contaminantes químicos y los microplásticos, como veremos más adelante.

La barrera epitelial: la clave que lo conecta todo

Nuestra piel, intestinos y vías respiratorias actúan como una barrera contra el mundo exterior. Son la primera línea de defensa del cuerpo. Cuando esta pared está intacta, impide la entrada de sustancias potencialmente nocivas.

Factores como la contaminación, ciertos químicos o la dieta pueden cambiarlo. Si la protección se debilita, los alérgenos penetran más fácilmente y el sistema inmunológico se activa en el contexto de la inflamación. Esto favorece reacciones exageradas de nuestro organismo, propias de las enfermedades alérgicas.

Nuestro sistema inmunológico también se verá afectado por la calidad del aire. Las partículas finas, los gases contaminantes y otros compuestos dañan la mucosa respiratoria.

En definitiva, la pérdida de la barrera y la entrada de alérgenos activan el sistema inmunológico exagerando su respuesta.

Más polen y más tiempo en el aire

Y por si fuera poco, el cambio climático está cambiando el calendario de las alergias.

Las altas temperaturas y el aumento de CO₂ hacen que las plantas produzcan más polen durante más tiempo, aumentando el tiempo de exposición de las personas alérgicas.

A esto se suman otros factores, como tormentas o incendios, que pueden aumentar la concentración de partículas irritantes en el aire.

Todo ello no sólo aumenta el número de pacientes, sino también la intensidad de los síntomas. El resultado es una combinación cada vez más difícil de evitar: más alérgenos y más tiempo.

El nuevo factor invisible: químicos, plásticos y la vida cotidiana

En nuestra vida diaria estamos expuestos a una gran cantidad de sustancias químicas: en el aire, en los alimentos, en la ropa, en los productos de limpieza o en los cosméticos. Algunos de estos compuestos, como los llamados disruptores endocrinos o determinados aditivos, pueden alterar el sistema inmunológico y desencadenar reacciones alérgicas. Otros, como los microplásticos, están siendo investigados por su capacidad de provocar inflamación y transportar contaminantes.

Debido a esto, muchos productos cotidianos pueden dañar las barreras naturales del cuerpo, como la piel o las membranas mucosas, facilitando la entrada de alérgenos. Aunque todavía se está investigando su impacto exacto, cada vez hay más pruebas de que estas exposiciones son parte del problema.

Los primeros años de vida: un momento crucial

También hay que tener en cuenta que el riesgo de desarrollar alergias viene determinado en gran medida durante el embarazo y los primeros años de vida. En esta etapa, el sistema inmunológico aprende a distinguir entre lo que es peligroso y lo que es inofensivo.

Factores como la microbiota, la dieta y la exposición a microbios o contaminantes dejan una “huella” que puede tener un impacto a largo plazo. Por ello, elementos como la lactancia materna, evitar el uso innecesario de antibióticos o el contacto con el medio natural son importantes para el desarrollo equilibrado de la inmunidad.

Lo que sucede en nuestros primeros años de vida puede afectar nuestra salud durante décadas.

¿Qué podemos hacer?

Aunque no podemos volver al pasado, sí podemos tomar medidas que ayuden a reducir el riesgo de sufrir alergias. A nivel individual, especialmente para niños y jóvenes, algunos hábitos pueden marcar la diferencia:

Prefiere los alimentos frescos a los ultraprocesados ​​o formulados.

Reducir el uso de recipientes de plástico (especialmente para calentar alimentos).

Ventile bien los espacios interiores y limite el uso de productos de limpieza o cosméticos con muchos compuestos químicos innecesarios.

Reemplaza la ropa hecha de materiales sintéticos por ropa hecha de materiales orgánicos como algodón o lino.

Pequeños cambios diarios, como llevar una botella de agua de vidrio reutilizable, elegir productos menos procesados ​​o pasar más tiempo al aire libre e ir al campo, pueden ayudar a reducir la exposición a contaminantes y promover un desarrollo inmunológico más equilibrado.

Aunque la prevención depende no sólo de decisiones individuales, sino también del entorno en el que vivimos. Por lo tanto, es muy importante promulgar políticas públicas que regulen la contaminación y los productos químicos y promuevan un medio ambiente más saludable.

El aumento de las alergias, entonces, no se debe a que nuestro sistema inmunológico sea más débil, sino a que vive en un entorno muy diferente al que evolucionó. Menos contacto con microorganismos beneficiosos, más contaminantes y cambios en nuestro estilo de vida han alterado su equilibrio.

Comprender estas causas no sólo ayuda a explicar el problema, sino que también nos permitirá orientar soluciones para recuperar, al menos parcialmente, la relación perdida con nuestro entorno.

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El Museo Interactivo del Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Junior.


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