Prohibir las redes sociales a menores de 16 años en España: lo que necesitamos saber

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La noticia saltó el 3 de febrero y ya se habla en la calle, en los medios, en las familias, en los centros educativos: “España prohibirá el uso de las redes sociales a los menores de 16 años. Ante un tema de tanta importancia para nuestros menores, todos hemos expresado nuestra opinión al respecto. Pero aún no se conocen los detalles de la enmienda. Y los detalles, como veremos a continuación, son mucho más que detalles”.

Lo que sabemos: responsabilidad compartida

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, precisó que esta prohibición de las redes sociales obligará a las plataformas digitales a instalar sistemas eficaces de verificación de la edad. La medida otorga responsabilidad individual a los usuarios menores de edad y sus familias, pero también de manera sistémica a las propias redes sociales.

Este foco en las propias plataformas, aunque insuficiente, dado que se queda sólo en su limitación de uso según la edad, es relevante, porque va más allá de las narrativas de responsabilidad individual para que el compromiso con la regulación y la responsabilidad recaiga en los verdaderos artífices de las redes sociales con algoritmos opacos, diseño adictivo y poco control de contenidos.

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También sabemos que la medida sigue los pasos de países como Australia, cuya regulación entró en vigor en septiembre, y a la que se sumarán otros como Francia o Portugal. En este sentido, el Parlamento Europeo también ha propuesto limitar el acceso a menores de 16 años o exigir el consentimiento de los padres entre los 13 y 16 años.

Lo que queda por saber

Lo que no sabemos es casi todo lo demás. Y deberíamos empezar por definir qué define la ley como “red social”. En Australia, por ejemplo, quedan fuera de esta prohibición WhatsApp o Telegram, las aplicaciones de inteligencia artificial generativa o los sitios de apuestas online. ¿Son estas plataformas menos dañinas? ¿Qué redes sociales estarán sujetas a la normativa española? ¿Se considerarán plataformas de video y streaming? ¿Y juegos como Roblox?

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Otra gran duda que surge es cómo se implementará la herramienta “Beta Digital Wallet” para la verificación de la edad al iniciar sesión en las redes sociales, que puede afectar a toda la población española que las utiliza.

Y, junto a ello, cómo se abordará y gestionará el posible, y más que probable, uso encubierto y no supervisado de estas plataformas por parte de menores, tanto por parte de las propias corporaciones, como por las familias y la comunidad educativa.

Prueba tras medida

Es importante saber qué evidencia se tuvo en cuenta para diseñar la medida. Decir simplemente que las redes sociales son la causa de muchos problemas de salud mental en los jóvenes es simplista. Es cierto que las áreas del cerebro que regulan el autocontrol, el juicio y la atención maduran al final de la adolescencia, por lo que se debe controlar la autogestión del compromiso de tiempo y el acceso a contenidos digitales.

Pero no podemos ignorar investigaciones previas que indican que el uso responsable y equilibrado de la pantalla puede ser más positivo que no usarlo en absoluto. Por ejemplo, un uso equilibrado se correlaciona con un mayor sentimiento de pertenencia al centro educativo y un mejor rendimiento académico.

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Incluso Unicef ​​afirma que para muchos menores las redes sociales son un salvavidas que les da acceso al aprendizaje, la conexión y la autoexpresión. La soledad es otro de los mayores problemas de la adolescencia actual, especialmente en colectivos minoritarios o desfavorecidos, y las redes pueden ayudar a paliar esa desconexión con sus iguales.

No te olvides de otros factores.

En este sentido, se corre el riesgo de confundir correlación con causalidad y no tener en cuenta que las redes sociales pueden ser más un amplificador de problemas ya existentes que su causa. La calidad de la evidencia sobre el impacto del uso de Internet en la salud mental de los menores es modesta. Cuando tenemos en cuenta otras variables contextuales y personales, su efecto no es muy significativo. Cuando los problemas tienen raíces sociales, es poco probable que las limitaciones técnicas por sí solas puedan resolverlos.

En resumen, una prohibición que trate las redes sociales como el problema principal, en lugar de plantear preguntas más profundas sobre por qué ocurren ciertos comportamientos y problemas sociales que afectan en gran medida a nuestros menores (bullying, misoginia, racismo, presión académica, etc.), cambiaría el enfoque de abordar estos temas hacia un enfoque menos ponderado en su bienestar.

Evaluación de impacto

Para quienes nos dedicamos a investigar este tema, uno de los principales aspectos que queda por saber es cómo, cuándo y con qué indicadores se medirá el impacto de esta medida. En Australia, el sistema de evaluación de impacto se centra principalmente en analizar si el método de verificación de la edad funciona, con resultados poco alentadores, ya que la precisión es muy variable dependiendo de la plataforma y el perfil del usuario, y los errores ocurren cerca del umbral de los 16 años. Actualmente no se proponen mediciones más amplias (salud mental, resultados académicos).

Si la medida en España tiene como objetivo minimizar o mitigar los “efectos negativos” del uso de las redes sociales por parte de menores, se deberán establecer criterios claros, transparentes y mensurables para evaluar el impacto.

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Medidas educativas y el papel de la familia

Otras cuestiones que habrá que resolver son: ¿la prohibición irá acompañada de medidas educativas a favor de un uso responsable? ¿Qué papel jugarán las familias en esta medida y cómo apoyarlas? ¿Cómo se regulará el resto de usos digitales de los menores?

Para responder a estas preguntas, además de las prohibiciones, será necesario considerar las medidas de socialización y educación que deben acompañar esta propuesta.

Esperaremos a la publicación de la norma para poder hacer una interpretación científica.


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