¿Puede una decisión libre convertirse en una condena permanente de la identidad en el tiempo? La cuestión no es sólo teórica. En el entorno digital, determinadas actividades -como la creación de contenidos sexuales- crean una huella persistente que puede reactivarse fácilmente incluso después de que la persona abandona esa etapa.
En los últimos años, especialmente desde la pandemia, se ha producido un aumento significativo de perfiles que, en el entorno digital, generan contenidos eróticos o sexuales con fines económicos, como demuestran diversos estudios recientes.
Plataformas como Onlyfans han contribuido a la consolidación de este modelo acorde a la lógica de la economía digital -suscripción, acceso exclusivo y consumo privado- con el apoyo de las redes sociales que funcionan como escaparate y canal de atracción de audiencias.
Se trata, en la mayoría de los casos, de actividades legales y voluntarias. Sin embargo, lo relevante no es tanto la naturaleza de la actividad sino sus efectos en el tiempo. La digitalización no sólo amplía el alcance, sino que también cambia la duración y la intensidad de la exposición: lo que antes era limitado y contextual se vuelve potencialmente permanente y global.
La exposición y sus efectos.
El entorno digital multiplica las oportunidades de expansión, pero también aumenta los riesgos. La visibilidad ya no está limitada y el contenido puede llegar a una amplia variedad de audiencias, incluidos entornos personales, profesionales o públicos no deseados.
Desde la criminología y la victimología digital se ha señalado que una mayor exposición al público aumenta la probabilidad de sufrir diversas formas de victimización en línea, especialmente en un contexto de alta autoexposición (self-revelación) y uso intensivo de las redes sociales.
Sin embargo, el problema no se limita a los riesgos durante la fase de actividad. Hay otra dimensión, más persistente, relacionada con la identidad digital que se construye a partir de esa exposición. A diferencia de otros contextos, esta identidad no se desvanece fácilmente, sino que se fija en sistemas de indexación, archivo y copia que permiten su constante resurgimiento.
Incluso cuando una persona ha abandonado esa actividad, su pasado aún puede ser accesible a través de búsquedas asociadas a su nombre o imagen, configurando lo que algunos artículos han descrito como una memoria técnica difícil de revertir.
Identidad digital y cambios vitales
El caso de la ciclista y creadora de contenidos Cecilia Sopenje ilustra este problema. Tras alcanzar notoriedad y beneficio económico en plataformas de contenidos para adultos, anunció su intención de iniciar una nueva etapa y solicitó el llamado “derecho al olvido”, con el objetivo de dejar de ser identificada públicamente por esa actividad pasada.
La reacción social fue desigual. Alguna opinión pública ha cuestionado esta afirmación, citando la idea de que la adquisición de un beneficio económico debería implicar una exposición permanente. Este tipo de respuesta pone de relieve la persistencia de juicios morales que trascienden el nivel jurídico.
Más allá del caso concreto, la cuestión de fondo es si el entorno digital debe establecer indefinidamente una identidad vinculada a una etapa ya superada o si es posible limitar esa conexión cuando ya no responda al interés actual.
En este contexto se encuentra el llamado derecho al olvido, que permite solicitar que determinados datos personales dejen de estar disponibles a través de los navegadores cuando su difusión sea inadecuada, irrelevante o desproporcionada en el tiempo.
Este derecho fue reconocido a nivel europeo a partir del conocido caso Google España y posteriormente incluido en el artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), consolidándolo como un instrumento clave para la gestión de los efectos de la memoria digital.
Esto no significa borrar el pasado ni necesariamente eliminar el contenido original, sino limitar su visibilidad mediante la desindexación. Esta es una manifestación del derecho a la protección de datos personales, en materia de honor, intimidad y propia imagen.
Como todo derecho fundamental, no es absoluto. En caso de conflicto con la libertad de información o expresión, la ponderación deberá realizarse teniendo en cuenta factores como la importancia pública de la información, el interés general y la proporcionalidad.
El papel del consentimiento
En el caso de los creadores de contenidos sexuales, el análisis presenta una peculiaridad: el contenido fue producido y distribuido de forma voluntaria y con fines económicos.
Este elemento es relevante, pero no decisivo. El consentimiento no implica una renuncia definitiva a los derechos fundamentales. El marco jurídico europeo reconoce su carácter revocable, especialmente cuando se trata de la dignidad y proyección futura de la persona.
El problema no está tanto en la existencia del contenido como en su asociación permanente con la identidad actual. Cuando una persona abandona esa actividad y el contenido sigue reapareciendo sistemáticamente en las búsquedas relacionadas con su nombre, los buscadores dejan de actuar como mediadores neutrales y se convierten en mecanismos de reactivación constante del pasado.
En la práctica, el derecho al olvido permite reducir esta visibilidad mediante la desindexación y la limitación de la vinculación automática de la identidad actual y los contenidos antiguos, aunque no garantiza la desaparición total del material en Internet.
Una pregunta más amplia
El debate finalmente va más allá del ámbito del contenido sexual. Plantea una pregunta más general: ¿puede una persona permanecer indefinidamente definida por decisiones pasadas en un entorno que tiende a preservar y reactivar toda la información?
En otras áreas jurídicas, como el derecho penal, se han desarrollado mecanismos que apuntan a evitar efectos duraderos y facilitar la reinserción social. La persistencia digital introduce una tensión similar en el ámbito de la identidad.
El derecho al olvido no busca negar el pasado ni cuestionar decisiones anteriores. Más bien, su función es garantizar que una fase vital no se convierta necesariamente en un marcador permanente cuando su mantenimiento deja de corresponder al interés público actual.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

