¿Puede una bebida deportiva casera ser tan efectiva como una comercial?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Un escenario común se puede ver en carreras populares, prácticas de ciclismo y partidos de cualquier deporte bajo el sol. Alguien abre una botella fluorescente y bebe de ella para hidratarse mientras se recupera del esfuerzo. Sin embargo, cada vez más personas sugieren una alternativa a estas bebidas deportivas comerciales: prepararlas en casa con agua, zumo de frutas y una pizca de sal.

Ante esta situación surge la pregunta: ¿realmente necesitamos una bebida deportiva comercial para un mejor rendimiento, o es posible obtener beneficios similares con una preparación casera? Ni el primero es mágico, ni el zumo con sal que preparamos siempre es suficiente. La clave es un pequeño transportador que funciona en nuestro intestino.

La ciencia de la hidratación deportiva demuestra que lo que importa no es tanto la marca, sino la fisiología detrás de la formulación.

¿Qué hace realmente una bebida deportiva?

Una bebida deportiva no es sólo agua aromatizada. Está diseñado para cumplir tres funciones clave durante el ejercicio prolongado o intenso:

Rehidratarse reponiendo el líquido perdido a través del sudor.

Reponer electrolitos, especialmente sodio.

Aportan energía, mayoritariamente en forma de hidratos de carbono.

Las recomendaciones fisiológicas más citadas para una actividad prolongada sugieren que una bebida eficaz debe contener aproximadamente:

• Entre 5 y 10% de carbohidratos.

• Entre 20 y 30 mmol/L de sodio.

• Entre 2 y 5 mmol/L de potasio.

Estas proporciones no son arbitrarias. Están diseñados para favorecer la absorción intestinal de agua y nutrientes y evitar tanto la deshidratación como la saciedad digestiva.

¿Qué sucede en el cuerpo durante el ejercicio?

Cuando realizamos ejercicio físico intenso o prolongado se producen tres procesos importantes. Por un lado, perdemos agua a través del sudor, pero también perdemos electrolitos, especialmente sodio. También consumimos glucógeno muscular, una de las principales reservas de energía rápida.

Si estas pérdidas no se compensan, puede aparecer fatiga prematura, disminuir el rendimiento, producirse calambres o aumentar el estrés cardiovascular.

Por eso las bebidas deportivas combinan líquidos, electrolitos y carbohidratos. De esta forma intentan restaurar estos tres componentes al mismo tiempo.

El secreto está en los intestinos.

Una parte clave de la efectividad de estas bebidas tiene que ver con algo que sucede en el intestino delgado. Existe un mecanismo llamado cotransportador de sodio-glucosa (SGLT1), que transporta simultáneamente sodio y glucosa al cuerpo. Mientras hacen esto, arrastran agua consigo. En otras palabras, la presencia conjunta de sodio y glucosa facilita una absorción de líquido más rápida y eficiente.

Este principio fisiológico explica por qué muchas bebidas deportivas contienen tanto carbohidratos como sodio. La combinación favorece la rehidratación y ayuda a mantener el equilibrio de líquidos durante el ejercicio físico intenso o prolongado.

Sin embargo, la absorción de carbohidratos en el intestino no depende únicamente de este mecanismo. En el intestino existen otros transportadores, como el GLUT5, que permite la absorción de fructosa, y el GLUT2, que participa en el transporte de diversos azúcares a la sangre.

Gracias a la participación de varios transportadores, el intestino puede absorber cantidades relativamente grandes de carbohidratos cuando se combinan diferentes tipos de azúcar. Por este motivo, en muchas bebidas deportivas modernas se utilizan mezclas de glucosa, fructosa o maltodextrina.

Muchas bebidas comerciales se formulan según este principio fisiológico. En la práctica, las bebidas diseñadas para el ejercicio físico intenso o prolongado suelen contener entre 30 y 80 g de hidratos de carbono por litro (entre un 3 y un 8%) y alrededor de 0,5 a 0,7 g de sodio por litro. Se trata de concentraciones que favorecen la absorción intestinal sin provocar molestias digestivas.

¿Qué dice la evidencia sobre las bebidas caseras?

Desde hace décadas, deportistas, entrenadores y dietistas-nutricionistas preparan bebidas caseras para intentar acercarse a estas recomendaciones. Una receta típica es aquella que incluye 1 litro de agua, 60 gramos de azúcar o miel, ¼ de cucharadita de sal y jugo de frutas, para mejorar el sabor. Es decir, una combinación de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, algunos estudios sugieren que la precisión de la fórmula es importante. En un estudio que comparó una bebida deportiva comercial y una popular bebida casera alemana llamada Apfelschorle (compuesta de agua con gas mezclada con jugo de manzana), la bebida casera tuvo un desempeño similar al agua en términos de rehidratación. Pero fue menos eficaz que una bebida deportiva comercial.

Esto se explica porque el Apfelschorle contiene principalmente fructosa (un azúcar que no activa el cotransportador SGLT1) y muy poco sodio. Esto demuestra que simplemente agregar jugo no es suficiente: la proporción exacta de carbohidratos y sodio afecta la absorción y el rendimiento.

Más allá de la fórmula básica

Las bebidas comerciales modernas suelen contener elementos adicionales que pueden afectar a su eficacia, como aminoácidos y electrolitos, cafeína y otros estimulantes que mejoran el rendimiento. Además, su eficacia depende del tipo de hidratos de carbono (glucosa, fructosa, maltodextrina) y de su sabor, porque determinan la cantidad que se bebe voluntariamente.

Además, hay que tener en cuenta que las bebidas industriales se elaboran siguiendo normas de seguridad alimentaria. Por otro lado, las bebidas dulces caseras pueden fomentar el crecimiento microbiano si se almacenan durante horas en ambientes calientes o sin refrigeración.

El contexto lo cambia todo

No todos los tipos de ejercicio y entrenamiento requieren la misma estrategia de hidratación. De forma muy concisa y centrada en la duración de la actividad, podríamos establecer lo siguiente:

• En menos de 60 minutos, el agua suele ser suficiente.

• Entre los 60 y 120 minutos, los carbohidratos empiezan a ser beneficiosos.

• Si excede las 2 horas, la reposición precisa de carbohidratos y sodio se vuelve crítica.

También influyen otros factores como la temperatura ambiente, la tasa de sudoración individual, la aclimatación al calor o el estado de hidratación previo.

De ahí la importancia de personalizar la hidratación deportiva.

Entonces, ¿merece la pena hacer una bebida casera o debo utilizar una bebida comercial?

La evidencia sugiere que una bebida casera bien formulada puede ofrecer beneficios similares a una bebida comercial, siempre que contenga proporciones adecuadas de agua, carbohidratos y sodio.

Sin embargo, las bebidas comerciales tienen algunas ventajas: mayor precisión en la composición, pruebas experimentales más extensas y mayor estabilidad microbiológica.

Cómo hacer una poción casera eficaz (si decides hacerlo)

Para que nuestra preparación casera sea realmente útil debemos considerar los siguientes puntos:

Las proporciones son importantes. La fórmula inicial contrastada es: 1 litro de agua, entre 30 y 60 g de azúcar (dependiendo de la duración del ejercicio) y entre 1 y 2 g de sal (aproximadamente ⅓ de cucharadita de postre). Esto da una concentración de carbohidratos de entre el 3 y el 6% y alrededor de 400 a 800 mg de sodio por litro. Se trata de una gama similar a la de muchas bebidas comerciales.

Cuidado con el jugo. Agregar jugo de frutas mejora el sabor, pero también aporta azúcares adicionales (principalmente fructosa). Si lo utilizamos debemos ajustar la cantidad de azúcar añadido para que no supere el 8% del total de hidratos de carbono. Concentraciones más altas pueden retardar la absorción de agua.

La seguridad también cuenta. Las bebidas azucaradas son un caldo de cultivo para las bacterias. Es importante consumirlos dentro de las 2 a 3 horas posteriores a su preparación o conservarlos en el frigorífico. En competiciones largas y con altas temperaturas, es necesario evaluar si la conveniencia y seguridad de una bebida comercial puede ser una ventaja.

También debemos practicar la hidratación. Mientras preparamos el cuerpo para la competición, prueba alguna bebida casera en entrenamientos previos. El intestino también debe adaptarse, y lo que funciona en reposo puede no funcionar bien durante el ejercicio intenso o prolongado.

Cuando entendemos cómo funciona el cuerpo podemos idear estrategias inteligentes, ya sea con una bebida comercial o con un brebaje casero bien calculado.

La fisiología no entiende de marcas. Una bebida casera bien formulada puede ser tan eficaz como una comercial. Pero mientras lo comercial ofrece precisión y comodidad, lo casero requiere entender nuestro cuerpo, medir ingredientes y, sobre todo, practicar una estrategia de hidratación.


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