¿Qué tiempo nos espera en los próximos meses? Eso es lo que dicen las predicciones.

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Los pronósticos estacionales de los principales centros internacionales, como el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Plazo Medio (ECMVF), los Centros Nacionales de Predicción Ambiental (NCEP) de EE. UU. y el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido (Met Office) proporcionan un marco básico para comprender el comportamiento de variables meteorológicas clave.

Aunque no ofrecen una certeza inmutable, estas herramientas trazan probabilidades de escenarios de precipitación y temperatura que permiten identificar tendencias y riesgos con varios meses de anticipación.

¿Qué son las predicciones estacionales?

Las predicciones estacionales se basan en la inercia térmica de los océanos (su capacidad para absorber, almacenar y liberar calor lentamente) y su acoplamiento con la atmósfera. Gracias a esta inercia, la temperatura de la superficie del mar evoluciona mucho más lentamente que la atmósfera, actuando como una señal persistente que permite evaluar las tendencias meteorológicas a largo plazo.

Sin embargo, debido a que la atmósfera es un sistema caótico, los meteorólogos necesitan realizar múltiples simulaciones con pequeñas variaciones para evaluar el grado de certeza que podemos asignar a los resultados. Este proceso muestra una variedad de escenarios posibles, lo que permite cuantificar la incertidumbre: si la mayoría de las ejecuciones coinciden, la predicción es más confiable; de lo contrario, la incertidumbre es alta.

Para visualizar este consenso, la mayoría de los centros utilizan mapas de probabilidad. En lugar de ofrecer un único punto de datos, dividen el clima en tres categorías o terciles: por debajo de lo normal, normal y por encima de lo normal. El mapa final nos dice dónde cayeron la mayoría de las simulaciones en ese rango.

Por lo tanto, el color intenso no indica necesariamente lluvias torrenciales, sino más bien una alta confianza (muchos miembros del modelo están de acuerdo) en que la temporada será más húmeda o más seca de lo habitual. Otros productos más específicos, como los del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), proporcionan mapas de anomalías medias que cuantifican la diferencia entre las condiciones previstas en relación con la climatología de referencia.

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Nos despedimos de La Niña

El final del año estuvo marcado por un enfriamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial, fenómeno conocido como La Niña. Esto es parte de un ciclo climático global conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que alterna irregularmente cada 2 a 7 años entre fases cálidas (El Niño), frías (La Niña) y neutras.

Aunque el año 2026 aún comienza bajo la influencia de La Niña, los últimos informes del Centro de Predicción Climática de la NOAA indican un cambio de ciclo: existe una alta probabilidad de que el sistema evolucione hacia una fase neutral ENOS en los próximos meses.

Esto implica que a medida que desaparece el patrón climático dominante, los pronósticos estacionales pierden confiabilidad y los factores locales ganan peso en la dinámica atmosférica. Esto conduce a un escenario meteorológico mucho más volátil y complejo de predecir. Además, si la transición a una fase positiva (El Niño) se produce rápidamente, podríamos ver una reorganización de los patrones globales de precipitación y temperatura para la segunda mitad de 2026.

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Señal de modelo única para temperatura.

Si hay una variable donde los modelos muestran una señal especialmente consistente en el primer semestre de 2026 es la temperatura, tanto oceánica como atmosférica. Lejos de ser un resultado notable, los mapas refuerzan una tendencia que ya se ha observado en los últimos años: un pulso entre la variabilidad natural asociada al Pacífico y el calentamiento global, un pulso que sigue dependiendo de este último.

Anomalías de la temperatura de la superficie del mar según el modelo ECMVF para el período marzo-abril-mayo de 2026. El mapa destaca las regiones con una probabilidad superior al 40% de estar en un tercil cálido (rojo) o frío (azul) en términos de climatología. Servicio de Cambio Climático, Copernicus, CC BI-SA

Los datos indican que la capacidad de enfriamiento de la fase fría del Pacífico (La Niña) ya no es suficiente para generar anomalías de frío persistentes a escala global. Su influencia se limita a mantener la región ecuatorial en valores cercanos a la media, mientras que la probabilidad de temperaturas superiores a lo normal domina en la mayor parte del planeta.

Los mapas también señalan otra señal distintiva del cambio climático: la presencia de temperaturas anormalmente frías al sur de Groenlandia, conocido como el agujero del calentamiento, una región donde el calentamiento se ha desacelerado en comparación con el promedio global y generalmente se asocia con cambios en la circulación oceánica en el Atlántico Norte.

Precipitación, la variable que escapa al consenso

La señal que ofrecen los distintos centros de previsión sobre el comportamiento de las precipitaciones para los próximos meses varía significativamente en función de la región de interés. No es una coincidencia: la precipitación es el principal talón de Aquiles de los modelos, especialmente en las latitudes medias, donde cualquier pequeño error en la simulación de los vientos o la temperatura se multiplica al estimar la precipitación.

En este sentido, nos enfrentamos a una clara disparidad en el grado de consenso. Si atendemos a las previsiones del sistema Copernicus C3S -que unifica y centra la visión de los modelos de distintas instituciones- la diferencia de nitidez entre el cinturón tropical y el continente europeo es palpable.

Para las regiones tropicales y americanas, hay un mayor grado de acuerdo: la inercia de La Niña continúa dominando, proyectándose precipitaciones por debajo de lo normal en el sur de Estados Unidos y anomalías húmedas en el norte de América del Sur.

Paralelamente, en el sudeste asiático los modelos también están convergiendo. Proyectan condiciones más secas en Sumatra y Borneo, un comportamiento que podría interpretarse como una consecuencia de la transición a una fase ENSO-neutral. Esta señal seca sugiere que el mecanismo de los vientos alisios, que suele potenciar las lluvias en el archipiélago malayo durante La Niña, estaría perdiendo intensidad.

Esta claridad de respuesta se desvanece cuando se mira hacia el norte. En Europa, donde no existe esa influencia oceánica directa, el consenso desaparece. Si bien algunos modelos individuales indican una primavera más húmeda en determinadas regiones, el promedio de varios modelos apenas muestra una señal clara, lo que pone de relieve la dificultad de identificar un patrón común en todo el continente.

En definitiva, y según los datos que tenemos, el inicio de 2026 muestra una señal clara de temperaturas que serán más cálidas de lo normal, pero persiste la incertidumbre en cuanto a las precipitaciones. Es importante recordar que los pronósticos estacionales no están diseñados para predecir eventos climáticos específicos –como un día o una ola de frío en particular– sino más bien para definir las condiciones de fondo que favorecen o inhiben este tipo de fenómenos. Por tanto, la estrategia más inteligente será tomar estas tendencias como guía general y complementarlas siempre con previsiones meteorológicas a corto plazo.


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